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Ana María Wägner, primera licenciada en Medicina por la ULPGC que alcanza la cátedra en esta disciplina: “La diabetes tipo 1 ha vivido una auténtica revolución gracias a la tecnología”

La endocrinóloga del Hospital Insular, investigadora y directora del Instituto Universitario de Investigaciones Biomédicas y Sanitarias (Iuibs) de la ULPGC ha desarrollado buena parte de su trayectoria en el ámbito de la diabetes, combinando la asistencia clínica con la docencia y la investigación

La catedrática de Medicina de la ULPGC Ana María Wägner.

La catedrática de Medicina de la ULPGC Ana María Wägner. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

La semana pasada defendió el proyecto con el que obtuvo la cátedra de Medicina. ¿Cuáles han sido sus principales líneas de trabajo?

El trabajo que defendí es la continuación de un proyecto europeo en el que hemos participado desarrollando una aplicación basada en inteligencia artificial y en el uso de datos procedentes de diferentes fuentes. El objetivo era, por un lado, predecir el riesgo de desarrollar distintas enfermedades crónicas y, por otro, ofrecer recomendaciones sobre estilos de vida para disminuir ese riesgo. La aplicación utiliza información introducida por los propios usuarios, datos obtenidos a través de sensores -como los de glucosa en personas con diabetes-, monitores de actividad física y también bases de datos públicas. El proyecto que presenté, que obtuvo una calificación de 92,75 sobre 100, amplía las funcionalidades de esa aplicación. Lo hemos presentado a los fondos europeos y su resolución está pendiente. En esta nueva fase la enfocamos en jóvenes de entre 12 y 25 años, con el mismo objetivo de promover estilos de vida saludables para prevenir enfermedades crónicas y, al mismo tiempo, ayudar a gestionar la glucosa en personas con diabetes tipo 1.

Se ha convertido en la primera licenciada en Medicina por la ULPGC que alcanza la cátedra en esta disciplina. ¿Qué significado tiene este logro para usted y qué mensaje cree que puede transmitir a las nuevas generaciones?

La verdad es que yo misma no era consciente de que era la primera. Fue uno de los miembros del tribunal quien lo comentó y me sorprendió. Cuando caí en la cuenta, me hizo muchísima ilusión. Además del significado personal que tiene para mí, creo que también puede servir de referencia para otras personas. Doy clase a estudiantes de Medicina y resulta bonito pensar que un día se puede estar sentado al otro lado del pupitre y, unos años después, seguir formando parte de la comunidad universitaria como profesora y, en este caso, como catedrática, que representa el máximo nivel dentro de la docencia universitaria. Espero que pueda servir de inspiración para la gente joven.

Su trayectoria combina la asistencia clínica, la docencia y la investigación. ¿Cuál ha sido el principal desafío para compaginar estas tres facetas?

El principal desafío ha sido, precisamente, poder combinar las tres. La investigación todavía no está contemplada de forma estructural dentro de la actividad asistencial de los hospitales, de manera que una parte importante del trabajo investigador suele realizarse en el tiempo libre, y eso no debería ser así. En ese sentido he tenido mucha suerte. Cuando me incorporé al Hospital Universitario Insular de Gran Canaria, el entonces jefe del servicio de Endocrinología, Javier Nóvoa, entendió la importancia de desarrollar la investigación y me dio la flexibilidad necesaria para combinar la asistencia clínica y la investigación en la proporción que considerara más adecuada. Gracias también al esfuerzo de mis compañeros, que asumían una mayor carga asistencial, he podido dedicar parte de mi jornada laboral a investigar desde el principio. Aun así, el reto continúa siendo estar en varios sitios al mismo tiempo. Ahora bien, creo que la parte más enriquecedora es esa combinación. La investigación nace de los problemas que detectamos en la consulta y nos permite buscar soluciones, evaluar los resultados y mejorar la atención que ofrecemos a los pacientes, mientras que la docencia consiste en transmitir ese conocimiento para formar a los médicos del futuro.

"Una parte importante del trabajo investigador suele realizarse en el tiempo libre, y eso no debería ser así"

Como directora del Iuibs, conoce de primera mano las fortalezas y las limitaciones de la investigación que se realiza en Canarias. ¿Cuáles son los principales desafíos que debe afrontar el Archipiélago para competir con los grandes centros europeos?

En el Instituto y en la ULPGC obtenemos muy buenos resultados si tenemos en cuenta la inversión que se realiza en investigación, desarrollo e innovación. Si nos comparamos con otras comunidades autónomas, el porcentaje del PIB que se destina a I+D es bastante inferior en Canarias. Creo que contar con una financiación estructural más sólida permitiría avanzar con mayor rapidez. También es importante favorecer la transferencia del conocimiento para que las empresas biotecnológicas locales no tengan que salir fuera para desarrollar o comercializar sus productos y servicios, sino que encuentren también ese reconocimiento aquí. Se trata, en definitiva, de crear una cultura en la que la investigación y la innovación formen parte del sistema sanitario, de la Universidad y de la sociedad en general. Está demostrado que cuando se investiga se mejora el entorno, ya sea la asistencia sanitaria o cualquier otro ámbito.

"Es importante favorecer la transferencia del conocimiento para que las empresas biotecnológicas locales no tengan que salir fuera"

Usted ha llegado a coordinar la rama europea del Consorcio de Genética de la Diabetes Tipo 1 en el Steno Diabetes Center de Copenhague. ¿Cuáles han sido los principales hallazgos?

De esto ya hace unos años. Ahora he vuelto al mismo grupo para realizar una estancia de movilidad de un año. En aquella primera etapa, el proyecto permitió identificar nuevos genes relacionados con el desarrollo de la diabetes tipo 1. La mayoría estaban vinculados al sistema inmunitario y ayudaban a explicar por qué en esta enfermedad, el propio sistema inmune ataca de forma inadecuada las células beta del páncreas, impidiendo la producción de insulina. Fue un estudio internacional en el que participaron más de 2.000 familias con al menos una pareja de hermanos con diabetes tipo 1. Analizar esa información genética a nivel internacional dio lugar a numerosas publicaciones científicas y contribuyó a mejorar el conocimiento sobre la patología. Mi papel consistió en coordinar a más de un centenar de centros distribuidos en más de 20 países europeos, dentro de un consorcio internacional que también incluía otros continentes. Al mismo tiempo combiné esa labor de coordinación con investigación en laboratorio y asistencia clínica. Ahora he regresado al mismo grupo, aunque físicamente se encuentra en otra ubicación. Me han recibido muy bien y estoy participando en proyectos que ya estaban en marcha, además de colaborar en las consultas.

¿En qué se centran estos proyectos que menciona?

Uno de ellos estudia la salud cerebral, tanto desde el punto de vista neurológico como cognitivo, en personas con diabetes. El otro es un ensayo clínico que utiliza sistemas automatizados de administración de insulina en mujeres que están planificando un embarazo o que ya están embarazadas.

Su investigación ha abarcado desde la genética de la diabetes hasta la prevención, la calidad de vida de los pacientes y la incorporación de nuevas tecnologías. Como especialista, ¿cómo cree que ha cambiado la forma de entender esta enfermedad?

La diabetes tipo 1 ha vivido una auténtica revolución gracias a la tecnología. Tradicionalmente, las personas con esta enfermedad tenían que administrarse múltiples inyecciones de insulina o utilizar una bomba de infusión, permaneciendo constantemente pendientes de sus niveles de glucosa y tomando decisiones durante todo el día. Uno de los grandes avances ha sido la incorporación de los monitores continuos de glucosa. El otro ha sido la combinación de la información de estos monitores con las bombas de infusión continua de insulina, mediante algoritmos capaces de predecir la evolución de la glucosa. Antes, todas esas decisiones recaían exclusivamente sobre la persona con diabetes. Ahora, en cambio, una buena parte de ese trabajo lo realiza el propio dispositivo.

Como endocrinóloga del Hospital Insular, ¿cuáles considera que son los principales retos que debe afrontar ahora mismo su especialidad?

En diabetes tipo 1, que es con lo que más trabajo, el principal reto es seguir mejorando la tecnología para que lograr reducir aún más la carga que supone convivir con la enfermedad y facilitar su incorporación por parte de los pacientes. Al mismo tiempo, debemos avanzar hacia un modelo asistencial más personalizado, adaptando el seguimiento a las necesidades de cada persona. Además, cada vez vemos más casos de diabetes tipo 2 en personas jóvenes, una realidad que plantea nuevos desafíos y sobre la que ya estamos trabajando para desarrollar una atención específica.

Ahora que ha obtenido la cátedra, ¿qué proyectos se plantea de cara al futuro?

La cátedra es un logro muy importante y representa un hito en mi trayectoria, pero no creo que vaya a cambiar mi trabajo diario. Voy a seguir desarrollando los proyectos que ya tenía en marcha, continuaré dando clases y trabajando en investigación y en la asistencia clínica como hasta ahora.

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