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La Aldea vuelve a mostrar su historia e identidad con los museos vivos

La ruta museística, con una treintena de visitantes, 13 de ellos de Tenerife, no es repetitiva, nostálgica, ni aburrida

La Aldea vuelve a mostrar su historia e identidad con los museos vivos

La Provincia

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Marcos Álvarez Morice

La Aldea de San Nicolás

Una nueva ruta en siete museos y en la Casa de la Memoria tuvo lugar el pasado sábado, el día 4 de julio, en el pueblo de La Aldea de San Nicolás. Aunque se lleva a cabo desde hace más de 40 años el primer sábado de cada mes, no se trata de una ruta repetitiva, nostálgica y aburrida, en absoluto, porque son siempre son los mismos museos, ya que existen 16, ni los vecinos que cuentan lo vivido en La Aldea, ni los visitantes, ni la actualidad.

Esta atractiva oferta museística, cultural y social está organizada y a cargo de la Fundación Canaria Proyecto Comunitario de La Aldea.

En esta ocasión, una treintena personas se inscribió y asistió a esta ruta de museos vivos, de los cuales 13 son del Colectivo Cultural La Escalera de La Orotava, en Tenerife. Este viaje al pasado aldeano sirve para todos entender la identidad y el pasado de este municipio del oeste de la Isla de Gran Canaria, tan desconocido por muchos grancanarios y canarios. "Unos cuantos aldeanos han fallecido sin conocer Gáldar", explicó José Pedro, quien fue maestro y fue el guía de la ruta. No sólo se trataba de la peligrosa carretera de La Aldea, de la que queda menos afortunadamente, para entender su aislamiento histórico, sino también de las montañas que rodean el barranco de La Aldea y que este territorio fue durante más de tres siglos propiedad del Marquesado Villanueva del Prado de San Cristóbal de La Laguna.

No sólo el pasado, sino también la actualidad en La Aldea de San Nicolás permite comprender su presente. Por ejemplo, los agricultores se dedican no sólo a cultivar el tomate, que introdujo el empresario alemán Ernesto Carlos Jaacks en 1897 y que se exportaba en barco a Tenerife, sino otras frutas como la papaya y el mango; no sólo trabajan ciudadanos de Marruecos en la agricultura aldeana, sino también de otras nacionalidades, como de Rumanía, quienes ya cuentan en el pueblo con una iglesia ortodoxa rumana; y otra realidad: existe un hotel en el centro del pueblo, de tres estrellas, construido e inaugurado en 2007, además de apartamentos y numerosas viviendas vacacionales.

El guía de la ruta, José Pedro, detrás, en el museo del almacén del tomate.

El guía de la ruta, José Pedro, detrás, en el museo del almacén del tomate. / M. Á. M.

El exmaestro José Pedro explica en el Museo del Almacén del Tomate, delante de la treintena de visitantes, que "desde hace mucho tiempo hemos pretendido buscar el conocimiento en nuestras personas mayores, quienes nos aportaban mucho más que los libros de texto procedentes de la Península". "La incomunicación de La Aldea ha desarrollado una solidaridad de sus gentes impresionante ", agrego el guía, quien recordó el Pleito de La Aldea, de la desamortización de las tierras, del camello como mejor medio de transporte, de la evolución del trabajo en los almacenes de empaquetado del tomate.

Seis mujeres, con ropa propia de la labor, recuerdan cómo se trabajaba desde niñas en los almacenes y cantan mientras envuelven cada tomate, como hacían antes para no dormirse. Empezaban a trabajar a las 07h00 u 08h00 y muchas veces hasta las 05h00 de la mañana, incluidos los domingos. La carga y la salida del barco del muelle aldeano se imponía en el horario laboral. Entre estas seis mujeres está Mamina, de 95 años, que canta y narra a los visitantes sin aparentar para nada su edad. Mamina también cantó una canción dedicada a la mujer Mariana de Pineda, quien fue ejecutada en Granada a sus 26 años en 1831 por bordar una bandera liberal durante el reinado de Fernando VII.

El Museo de la Medicina Rural es un impresionante viaje al pasado, a las carencias y necesidades que tuvo La Aldea. El primer médico, Juan Marrero Bravo de La Laguna, llegó en 1927, y descubrió la gran falta del medicinas que había y "la falta de higiene entre los agricultores". "Había una serie de personajes o profesiones en La Aldea desde mucho antes que tuvieron que entenderse y convivir con el médico, como la yerbera, la curandera, el barbero, la partera y el estelero", señala el guía, quien añade que "la mortalidad infantil alcanzaba en esa época entre del 33 y 35 por ciento. Había un entierro casi cada semana".

Eva Vega, una de las cinco hijas del barbero José Vega.

Eva Vega, una de las cinco hijas del barbero José Vega. / M. Á. M.

Eva Vega Armas, una de las cinco hijas del babero José Vega Armas y de Evita Armas, que trabajó también como empaquetadora de tomates, describe y explica todo lo que está relacionado a lo que fue la barbería de su padre. Ella, nieta, hija y madre de barberos y de un peluquero (Iván García Vega), recuerda que "en La Aldea hubo 18 barberos. Mi padre trabajaba muchas horas, y cualquier día, atendía a ese empresario que venía a las once de la noche y se quedaba dormido; como a los difuntos; como a mujeres, o ellas mismas se pelaban, con la puerta cerrada. La barbería era el lugar donde los hombres se quedaban después hablando durante mucho tiempo".

En el Museo de la Música.

En el Museo de la Música. / M. Á. M.

Siguiendo el recorrido por los museos vivos marcado por el guía José Pedro, la treintena de visitantes descubre el Museo de la Música, donde se encuentra una impresionante y rica colección de instrumentos musicales, objetos, fotos, carteles y demás que demuestran la riqueza musical y cultural que hubo y hay en el municipio aldeano. Entre los instrumentos de madera curiosos está la matraca que "se utilizaba con su sonido seco para llamar a los fieles durante la Semana Santa, cuando enmudecen las campanas entre el Jueves y Viernes Santo", explica el que fue maestro.

La sorpresa que se llevaron muchos en el Museo de la Música fue ver la sala dedicada al Carnaval Tradicional de La Aldea, en el que los vecinos y vecinas, adultos y niños y niñas, se visten de machos cabríos y de cabras, con sus pieles, cuernos y cencerros, los cuales se pueden ver en el citado museo. "Es algo ancestral y era lo que tenían más cerca la gente de La Aldea", puntualiza José Pedro.

La Escuela Carmita Afonso.

La Escuela Carmita Afonso. / M. Á. M.

El conocido por todos como Pepito el carpintero explica a los tinerfeños y grancanarios, delante de una mesa de carpintería y juntos los instrumentos de trabajo, como fue su vida en dicha profesión, "en la que empecé a los 14 años, al salir de la escuela pública". En este museo se recuerda, con dibujos, maderas e instrumentos, que en la carpintería se construían timples. Ana González, de 21 años, vecina de Las Palmas de Gran Canaria, afirma que "me gustan todos los museos vivos, pero éste mucho más porque mi abuelo fue carpintero y todo lo que he visto allí y lo que contó ese señor me ha vuelto a vivir mi infancia". Por su parte, a Diego Álvarez, del término municipal de Telde, le ha gustado más el museo del empaquetado "por ver esas señoras trabajando y cantando canciones pícaras sobre novios, forasteros y desengaños; y esa mujer de 95 años. Me ha encantado".

El exmaestro con la matraca en la mano.

El exmaestro con la matraca en la mano. / M. Á. M.

Una joven de La Orotava, de 29 años, salió feliz del museo de la carpintería y manifestó en la calle Real "me ha encantado mucho este museo, como los otros. Mi abuela fue costurera y estos trabajos artesanales, manuales, me gustan bastante. No deben de perderse".

La siguiente protagonista es Prudencia Cubas, quien espera en el Centro Locero Adelfina Cubas (su madre). José Pedro destaca, junto a Prudencia Cubas, que ese centro "no sólo está dedicado a Adelfina, alfarera de Lugarejos, sino que es a todas las loceras y a esta profesión de la alfarería de orígenes prehipánicos. Además, resalto que todo lo que se hacía tenía uso funcional, todo sirve para algo, lo decorativo fue muy posterior".

La Casa de la Memoria.

La Casa de la Memoria. / M. Á. M.

La Escuela de Carmita Afonso fue el siguiente museo lleno de sorpresas, y en el que se recordaba cómo eran las escuelas al ver y tocar los pupitres, sus libros, sus uniformes y demás. El guía mostró a los participantes en esta ruta una serie de juguetes que habían sido creados por los propios vecinos. "Antes dominábamos al juguete y ahora es al revés. Había la creatividad y la imaginación que no encontramos ahora", afirma el que fue maestro.

Para finalizar, los visitantes conocieron la Casa de la Memoria, inaugurada en noviembre de 2025, y que antes fue Ayuntamiento, farmacia, tienda y almacén de tomate empaquetado y de carbón. Ahora, descubrimos en la entrada lo que era una tienda de aceite y vinagre, y después una gran sala. En la planta del sótano se encuentran un aula y una sala dedicada al archivo de grabaciones y de documentos, entre otros muchos.

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