Los ciclos de fecundación 'in vitro' se incrementan un 57% en el Materno en menos de dos años
Los cambios sociales y el retraso de la maternidad disparan la demanda de las técnicas de reproducción asistida, mientras la preservación de la fertilidad gana cada vez más terreno

La Provincia
La reproducción humana vive una transformación constante. Los cambios sociales, el retraso de la maternidad y la mayor concienciación sobre la importancia de preservar la fertilidad han modificado el perfil de los pacientes que llegan a las consultas y también la actividad de las unidades especializadas. El Hospital Universitario Materno Infantil de Canarias no está exento de estos cambios. De hecho, en menos de dos años, los ciclos de fecundación in vitro se han incrementado un 57,5%, al pasar de los 508 registrados en 2024 a alrededor de 800 en la actualidad, una cifra que refleja el creciente peso de la reproducción asistida dentro de la sanidad pública.
Este aumento de la actividad se sustenta en el trabajo de un equipo multidisciplinar integrado por seis ginecólogos, cinco embriólogos formados vía MIR en Análisis Clínicos, cuatro enfermeras y cuatro técnicos en cuidados auxiliares de enfermería, que participan en las distintas fases del proceso, desde la valoración inicial y el seguimiento clínico hasta el trabajo embriológico y la atención a las pacientes. "La reproducción humana es una subespecialidad que está en permanente cambio, y esto tiene que ver con los cambios que está viviendo la sociedad a nivel internacional", explica María Valeria Cerisola, especialista en Ginecología y responsable de la unidad de Reproducción Humana del Materno.
Uno de los fenómenos que más está marcando la evolución de la especialidad es el retraso de la maternidad. Y es que cada vez son más las mujeres que posponen el embarazo por motivos personales, laborales o sociales, una decisión que inevitablemente repercute en las posibilidades reproductivas.
"Cada vez recibimos a más pacientes de mayor edad, con los desafíos que eso conlleva", señala la facultativa, quien recuerda que la edad continúa siendo uno de los principales factores que condicionan el éxito de los tratamientos de reproducción asistida.
Pero este no es el único cambio que está detectando la unidad. Según Cerisola, también están aumentando las consultas de mujeres jóvenes con problemas de fertilidad. "Estamos recibiendo a muchas pacientes menores de 30 años con problemas de esterilidad", afirma. Las causas son múltiples y no responden a un único factor. La especialista destaca que el estilo de vida, la alimentación y el estrés son algunos de los elementos que pueden influir en esta realidad. "Hay un montón de factores sociales que condicionan que las pacientes tengan más problemas de infertilidad", resume. Este hecho dista mucho de ser un conflicto minoritario. Tanto es así, que una de cada seis personas lo sufre, lo que, a juicio de la doctora Cerisola, se traduce en "un auténtico problema de salud pública".
La creciente demanda de tratamientos se traduce en un aumento de la actividad asistencial de la unidad, que ofrece tanto técnicas de baja como de alta complejidad. Entre las primeras se encuentra la inseminación artificial, que puede realizarse con semen de la pareja o de un donante. Dentro de las técnicas de alta complejidad, figuran la fecundación in vitro convencional y la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (ICSI), unos procedimientos que también pueden realizarse con semen de la pareja o de un donante, y que están dirigidos tanto a parejas como a mujeres que desean afrontar la maternidad en solitario.
Ahora bien, cuando el tratamiento requiere semen de donante, la unidad trabaja con un banco externo, ya que el Materno no dispone de uno propio. A pesar de que se ha alertado de un descenso del número de donantes en España, esta circunstancia no está repercutiendo, por el momento, en la actividad de la unidad. "Ahora mismo no tenemos problemas", garantiza el especialista en Análisis Clínicos y embriólogo. Héctor Manuel Cabrera.
Proceso
El proceso comienza con una estimulación ovárica controlada mediante medicación hormonal autoadministrada por la propia paciente, tras ser instruida por el equipo de enfermería. Durante aproximadamente diez días, la mujer acude periódicamente a controles ecográficos y analíticos para comprobar la evolución de los folículos y determinar el momento óptimo para la extracción de los ovocitos. Cuando estos alcanzan la madurez adecuada, se programa la punción ovárica. Así, mediante una aguja guiada por ecografía transvaginal, se aspira el líquido folicular que contiene los ovocitos, que posteriormente son identificados y seleccionados en el laboratorio.
Es entonces cuando entra en juego el equipo de Análisis Clínicos, encargado del trabajo embriológico. Allí se lleva a cabo la fecundación, que puede realizarse mediante la técnica in vitro convencional, que consiste en poner en contacto el ovocito con el espermatozoide para favorecer una reproducción más natural, o bien, mediante la ICSI, un procedimiento en el que el espermatozoide, previamente seleccionado y tratado en el laboratorio, se microinyecta directamente en el ovocito. Al día siguiente, los especialistas evalúan si la fecundación se ha producido con éxito y comienza el desarrollo embrionario.
La sanidad pública financia hasta tres ciclos de fecundación in vitro en mujeres de hasta 40 años. Cada uno de ellos comprende una punción ovárica y todas las transferencias embrionarias que puedan derivarse de los embriones obtenidos durante ese proceso.
Aunque este tratamiento continúa siendo el más demandado, hay otro que está creciendo con fuerza dentro de la unidad y que los especialistas consideran una de las grandes transformaciones de la medicina reproductiva: la preservación de la fertilidad. "Está en pleno auge”, resume la ginecóloga.
Tal y como indica la experta, este cambio responde, en parte, a un mayor conocimiento por parte de la población sobre las posibilidades que ofrece la medicina reproductiva. El embriólogo coincide con esta valoración. “Cada vez más personas conocen estas prestaciones y hacen uso de ellas”, apunta.
Más perfiles
A pesar de que tradicionalmente la preservación de la fertilidad se asociaba casi exclusivamente a pacientes con cáncer que debían someterse a tratamientos potencialmente perjudiciales para su capacidad reproductiva, el perfil de quienes recurren a esta técnica se ha ampliado de forma considerable, pues, a día de hoy, la sanidad pública también financia la preservación de la fertilidad en determinadas patologías benignas que, en el caso de las mujeres, pueden comprometer la reserva ovárica. Algunos ejemplos son la endometriosis, la pérdida de un ovario tras una cirugía o determinados quistes que afecten al tejido ovárico. Además, está contemplada para las personas trans antes de iniciar tratamientos hormonales, con el objetivo de conservar gametos para un posible proyecto reproductivo futuro.
La unidad trabaja actualmente en un registro específico sobre preservación de la fertilidad, por lo que todavía no dispone de una serie histórica consolidada que permita cuantificar con precisión el crecimiento de esta actividad. No obstante, el equipo observa una evolución significativa en algunos colectivos. Uno de los ejemplos es la preservación en personas trans, una prestación incorporada en los últimos años que ha pasado de no realizarse a registrar alrededor de una treintena de casos anuales.
Sin embargo, los especialistas recuerdan que existe una diferencia entre la preservación por recomendación médica o cambio de sexo y la llamada preservación electiva por edad. Esta última, motivada por el deseo de retrasar la maternidad, constituye ahora mismo la principal indicación de preservación de la fertilidad en muchos países, pero no está financiada por el Sistema Nacional de Salud (SNS) y, por tanto, no forma parte de la cartera de servicios de la unidad.
Hay que señalar que el crecimiento de la actividad ha ido acompañado de una profunda renovación de esta área asistencial, sobre todo a nivel tecnológico. Así, desde enero, la unidad cuenta con un laboratorio que incorpora equipamiento de última generación para mejorar los resultados de los tratamientos y ampliar de forma progresiva los servicios que oferta. Entre las principales novedades se encuentran unas incubadoras que cuentan con tecnología de embrioscopia, que permiten monitorizar de forma continua el desarrollo embrionario, así como un nuevo láser destinado a la realización de biopsias embrionarias. No obstante, los profesionales insisten en que todavía es pronto para medir el impacto de esta renovación sobre las tasas de éxito, ya que la evaluación de los resultados “requiere tiempo”.
Nuevos procedimientos
La renovación también permitirá que determinados procedimientos que hasta ahora deben realizarse fuera del hospital puedan incorporarse de forma progresiva a la cartera de servicios del centro. Uno de ellos es la ovodonación. “Estamos trabajando para poner en marcha un convenio con un banco externo de ovocitos que permita evitar la derivación de estas pacientes a otros centros”, informan los sanitarios. A ello se suma la implantación del diagnóstico genético preimplantacional. Gracias a la llegada del nuevo láser, el equipo podrá realizar la biopsia embrionaria en el propio hospital, mientras que el análisis genético de las muestras se llevará a cabo mediante un acuerdo con un equipo especializado. "Estamos en una etapa de expansión", asevera Héctor Manuel Cabrera.
Para acceder a la unidad de Reproducción Humana es necesario que la mujer tenga menos de 40 años. El proceso comienza con una consulta con el médico de Atención Primaria, que realiza la derivación al servicio de Ginecología. A partir de ahí, los especialistas valoran el caso y determinan si cumple los criterios para ser asistida en la unidad. En el caso de las mujeres con pareja, la derivación se realiza tras un año de búsqueda de embarazo, sin éxito, cuando la paciente es menor de 35 años. A partir de esta edad, el tiempo se reduce a seis meses.
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