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Progreso

Un teldense lleva la electricidad a 19 comunidades indígenas de Guatemala

La Asociación Canarias Siembra construye cinco centrales hidroeléctricas que abastecen de energía a 3.000 familias de Zona Reina

La Asociación Canarias Siembra lleva la electricidad a 19 comunidades indígenas de Guatemala

Yeremi Almeida González

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Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Telde

Hace más de cien años que la luz llegó a Canarias. Fue el 31 de diciembre de 1893 cuando Santa Cruz de La Palma se convirtió en la primera ciudad del Archipiélago en contar con alumbrado público. Sin embargo, en otros rincones del mundo, como Zona Reina, en Guatemala, este privilegio es reciente. En el lugar, perteneciente al municipio de Uspantán, 19 comunidades indígenas disfrutan de la electricidad desde hace menos de diez años.

Esta victoria se debe, en parte, al ímpetu del teldense Lolo Rodríguez y de sus compañeros de la Asociación Canarias Siembra, que trabajan desde hace más de 25 años para que la dignidad y la independencia lleguen a estas comunidades. Además, junto con la colaboración del colectivo guatemalteco Madreselva, han impulsado cinco centrales hidroeléctricas que abastecen de energía a 3.000 familias, financiadas en su mayor parte por la Consejería de Solidaridad Internacional del Cabildo de Gran Canaria.

Lolo Rodríguez junto con miembros las comunidades muestran la turbina de la central hidroeléctrica.

Lolo Rodríguez junto con miembros las comunidades muestran la turbina de la central hidroeléctrica. / LP/DLP

Una tierra olvidada

En esta región recóndita de 750 kilómetros cuadrados conviven 98 comunidades indígenas mayas que se organizan en tres pueblos: los Ixiles, los Quichés y los Kekchís. Estos grupos arrastran las consecuencias de la guerra civil que vivió el país entre 1960 y 1996, un conflicto de más de 36 años entre el Estado y los grupos guerrilleros que dejó 200.000 muertos y que conllevó un genocidio contra el pueblo maya.

Ello ha provocado que el Gobierno de Guatemala esté prácticamente ausente en esta tierra, en la que sus habitantes viven aislados, sin carreteras, sin abastecimiento de agua, sin saneamiento y sin electricidad. Aunque la economía se basa en el cultivo del cardamomo, la tercera especia más cara del mundo tras el azafrán y la vainilla, las familias de Zona Reina viven en extrema pobreza. Una realidad que, afortunadamente, se está arrancando de las laderas de las montañas frondosas que veneran estas comunidades, según explica Lolo Rodríguez, miembro de Canarias Siembra, tras su último viaje a Guatemala.

Mujeres de Zona Reina replantantando árboles con vestimentas típicas.

Mujeres de Zona Reina replantando árboles con vestimentas típicas. / LP/DLP

El vínculo de la Asociación Canaria Siembra con la región se remonta a 1998, cuando Lolo saltó el charco por primera vez al país latinoamericano para colaborar en la elaboración de los listados de reparación una vez finalizado el conflicto armado, así como en la reubicación de comunidades desplazadas.

De aquel primer viaje surgió la primera tarea de la asociación: construir viviendas de madera, conocidas allí como "champas", junto con letrinas y pozos. En 2002, alrededor de 16 personas de la asociación viajaron a Guatemala y, tras tres días de asambleas para conocer las necesidades de la población, pusieron en marcha el primer proyecto de electrificación del lugar.

A partir de ahí comenzó la construcción de una central hidroeléctrica que aprovecha la fuerza del agua del río para generar electricidad. Parte del caudal de este se conduce por un canal de cuatro kilómetros. De ahí pasa por una tubería de 500 metros hasta llegar a la turbina generadora de electricidad. Así, una vez terminado el proceso, el agua se devuelve a su cauce natural.

Infraestructura del proyecto 'Luz de Héroes y Mártires de la Resistencia'.

Infraestructura del proyecto 'Luz de Héroes y Mártires de la Resistencia'. / LP/DLP

La fuerza del río como motor

La primera central se inauguró en 2012 bajo el nombre de "Luz de los Héroes y Mártires de la Resistencia". No obstante, su construcción tardó diez años en completarse, pues estuvo llena de dificultades económicas y técnicas. Estas se debieron, en buena parte, a la falta de infraestructuras para transportar los materiales.

Tanto fue así que el cemento para construir el canal llegaba tras nueve horas de viaje a lomos de una mula. A ese primer proyecto le han seguido otros, bautizados con los nombres de las zonas donde se ubican: La Taña, Unillá Pacalá, la comunidad de La Gloria y la comunidad El Lirio.

Todas estas centrales hidráulicas abastecen a 3.000 familias, además de infraestructuras como centros de salud o colegios e institutos. En las aldeas donde no llega el agua del río, además, está previsto que se instalen paneles solares.

La tubería que conduce el agua hasta la turbina durante la fase de construcción.

La tubería que conduce el agua hasta la turbina durante la fase de construcción. / LP/DLP

Electricidad para ganar autonomía

El pasado mes de abril, Lolo Rodríguez viajó de nuevo a Zona Reina, esta vez para formar a 27 electricistas de 14 comunidades distintas, con el objetivo de que la región no dependa técnicamente del exterior.

En esta última visita, Lolo comprobó que el progreso ya estaba llegando a la zona, donde ya pueden verse centros de salud, institutos, talleres de mecánica y electrodomésticos en los hogares.

Las centrales han dado a las comunidades independencia energética y son ellas mismas las que deciden el precio de la luz. Una familia humilde de Uspantán paga en torno a 348 quetzales (40 euros) por el servicio de Energuate, la gran empresa eléctrica del país. Por el contrario, las comunidades que se benefician de las centrales hidroeléctricas pagan 40 quetzales (cuatro euros).

La resistencia de las eléctricas

Pero esa diferencia ha generado tensiones. "Las empresas eléctricas veían que se les iba a comer una parte del pastel", explica Lolo Rodríguez. Según relata, las compañías eléctricas trataron de sabotear el primer proyecto: "Luz de los Héroes y Mártires de la Resistencia". Varios de los responsables de aquel boicot reconocieron que el alcalde de la zona, comprado por las grandes eléctricas, les pagaba para sembrar miedo entre la población diciendo que la energía de Energuate llegaría pronto y sería una alternativa mucho mejor. Esa promesa no se ha cumplido, pues, según explica, Energuate arrastra un déficit energético que le impide abastecer a toda la población. En la capital han llegado a estar seis horas sin electricidad. Algo que en Zona Reina no ocurrirá, pues la producción de energía ya es autosuficiente y se prevé que siga aumentando durante los próximos 20 años.

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