Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Teror

"Con cada brochazo vas conociendo a la persona": Vicente Herrera, un pincel para 150 retratos de Teror

La exposición ‘Teror, Monumento y Vida’ reúne cerca de 150 cuadros de Vicente Herrera Domínguez en los que el artista terorense retrata rincones y vecinos de la villa desde una mirada fiel a su idea de pintar vivencias que cuenten algo más de lo que se ve a simple vista

Vicente Hernández pinta su cuadro titulado ‘Carmelo Trabajando arte’.

Vicente Hernández pinta su cuadro titulado ‘Carmelo Trabajando arte’. / Vicente Herrera VhDos 639 351 371

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Las Palmas de Gran Canaria

Vicente Herrera Domínguez tenía siete años cuando dibujó su primer elefante. Aquel dibujo no era un garabato propio de un niño de su edad, pues le había otorgado profundidad mediante el uso de las sombras y de las luces. Sin saberlo, aquel niño de Teror ya estaba resolviendo el enigma que hoy sigue descifrando cada vez que se sienta frente a un lienzo: cómo conseguir que una imagen tenga profundidad y cuente algo más de lo que se ve a simple vista.

Han pasado décadas entre aquel elefante y los casi 150 cuadros que ha pintado en solo cinco años. Ahora, todos ellos se pueden visitar desde el 10 de julio hasta el 7 de agosto en el Centro de Turismo de Teror, en una exposición que forma parte del programa oficial de las fiestas en honor a San Isidro Labrador. Sus pinturas recogen escenas cotidianas de la villa y son un reflejo fiel de la identidad de Teror. De ahí que haya decidido titular la muestra 'Teror, Monumento y Vida', una declaración de intenciones para quien ha hecho del municipio su principal escenario creativo.

Pero antes de los pinceles, Vicente recorrió otros caminos. Su carrera en el atletismo lo llevó a convertirse en campeón de esta disciplina en Las Palmas de Gran Canaria y a participar en distintos campeonatos nacionales. Además, fue en la pista donde conoció al compañero que lo introdujo en el mundo de la publicidad, ámbito en el que desarrolló su carrera profesional. Acababa de dejar la universidad y no tenía claro cuál sería su próximo paso, por lo que decidió trabajar para una empresa de publicidad realizando encuestas por toda la isla sobre su vespa. De ahí pasó a gestionar la publicidad de sus propios clientes. Todo lo aprendió de forma autodidacta, con constancia.

Paisaje de la Basílica del Pino.

Paisaje de la Basílica del Pino. / LP/DLP

El Camino de Santiago y el regreso a la pintura

Sin embargo, el giro de su vida llegó una vez jubilado, cuando decidió recorrer el Camino de Santiago. En ese viaje solitario de cinco semanas, tras muchas horas de reflexión y con la mente más abierta, se preguntó qué hacer a partir de entonces. "Pues voy a ponerme a pintar", decidió. Una vez aterrizó en la isla, recorrió todo el pueblo de Teror fotografiando sus siete iglesias y, cuando tuvo las imágenes sobre su mesa, las llevó al lienzo. Aquella primera serie fue también una manera de acabar con el estrés y de mirar su entorno con una nueva atención.

"Pinto vivencias, momentos robados; no hay nadie esperando a que le saque una foto"

Vicente Herrera

— Artista

Tras esto pasó a retratar a las personas sin buscar posados. "Pinto vivencias, momentos robados; no hay nadie esperando a que le saque una foto", explica. Ninguna de estas imágenes las planifica, pues mientras camina, se acerca a trillas o las fiestas con la idea de disfrutar, siguiendo siempre el instinto de lo que el cuerpo le pide. Además, aprovecha estas oportunidades para conocer a los vecinos de su municipio. Sin embargo, es cuando los pinta cuando siente que se familiariza aún más con ellos. "Cuando vas desarrollando el cuadro, cada vez que haces un brochazo conoces a la persona. Entonces, te sientes contento porque estás llegando a ella", expresa el artista.

Vicente Herrera pinta su cuadro 'Al son de las chácaras'.

Vicente Herrera pinta su cuadro 'Al son de las chácaras'. / LP/DLP

Pero, si hay una frase que resume su forma de entender el arte, es esta: "No es por la belleza del momento, sino por los valores que está comunicando". A Vicente no le interesa un rostro bonito si no transmite nada, le atrae la vida que hay detrás de la imagen. Por eso, en sus cuadros aparecen agricultores ordeñando vacas, escritores, músicos tocando las chácaras o médicos retratados con un estilo realista, alejado de la abstracción.

Además, aunque solo se sienta a pintar cuando le apetece, asegura que tarda apenas una semana en realizar uno de sus cuadros porque, como ocurre con cualquier hobby, "cuando estás contento con lo que estás elaborando, te levantas temprano porque quieres ir a pintar".

Pintar para devolver la vida al pueblo

Detrás de esa filosofía asoma también el deportista que Vicente lleva dentro. En este caso, compartir su arte es una victoria. "Mi mayor satisfacción es que los cuadros estén por ahí, en las casas de la gente, que no los tenga yo". En una exposición que organizó en Firgas vendió nueve piezas, pero la sorpresa de la gente le supo mejor que el dinero. Ahora, parte de esa colección ha regresado a Teror. Algunos cuadros permanecerán fijos, mientras que otros irán cambiando en función del cariño que despierten entre los visitantes.

"Mi mayor satisfacción es que los cuadros estén por ahí, en las casas de la gente, que no los tenga yo"

Vicente Herrera

— Artista

La muestra permite contemplar un Teror reconocible y, al mismo tiempo, íntimo. No solo aparecen sus monumentos y sus espacios más emblemáticos, sino también quienes sostienen la vida diaria del municipio. "Teror, Monumento y Vida" no se limita a señalar un lugar, propone una forma de mirarlo. Para Vicente, las calles, las iglesias y las plazas tienen sentido porque están habitadas, porque en ellas se cruzan vecinos, oficios, tradiciones y recuerdos.

Es, de alguna manera, el cierre de un círculo que empezó con un niño de Teror dibujando elefantes y que ha terminado convirtiéndose en un hombre que recorre su pueblo con una cámara al hombro, robando instantes de vida para devolvérselos a la gente en forma de color. Vicente nunca ha pretendido ser el mejor pintor de Teror, solo quiere buscar las historias de los demás para dibujarlas con un pincel. Y, en el fondo, cada cuadro colgado en una pared ajena es, para él, una manera más de llegar a la meta.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents