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Ni Las Canteras ni El Confital: esta cala 'petfriendly' de Gran Canaria a la que podrás llevar a tu perro este verano para que se dé un chapuzón

Un creador de contenidos virales de Gran Canaria revela un rincón del sur de la isla donde el mar, la calma y la libertad se pueden disfrutar con tu amigo peludo y sus cuatro patas mojadas

Cala Pasito Bea

Cala Pasito Bea / 7 Mares

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Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Un cartel que prohíbe dejar basura. Una bajada algo empinada y al final del camino, un mar en calma, sin viento, y un perro que salta feliz en la orilla. Así comienza la última publicación del creador de contenidos @kotaritoo, que ha compartido con sus seguidores un lugar que muchos aún no conocen, pero que cada vez gana más visitantes peludos: la playa de Pasito Bea, en el sur de Gran Canaria.

“Hoy traigo a una playa de perros aquí en Gran Canaria”, comenta mientras camina por un sendero con vistas abiertas al mar. “Zona sur, el principio del camino es así, sencillo. Hay aparcamiento. Son unos ocho minutos más o menos caminando hasta la playa”.

La cala Pasito Bea, ubicada a las afueras de Maspalomas, al final del barranco del Pocillo, no es solo un espacio natural adaptado para ir con perros. Es, ante todo, un lugar apartado, donde los salientes rocosos protegen el entorno y permiten vivir una experiencia de desconexión total. Desde allí, no se ve ni una urbanización. Solo mar, arena y silencio.

Cala Pasito Bea

Cala Pasito Bea / 7 Mares

Un rincón libre para humanos y perros

El acceso no es difícil, pero hay que tener precaución. “Lo único peligroso es esta bajada, lo demás, todo bobería”, advierte, mostrando el único tramo algo escarpado del trayecto. A partir de ahí, el sendero se suaviza y, en apenas diez minutos desde el aparcamiento, se llega a la cala.

Una vez allí, el espacio sorprende por su amplitud. Hay arena fina, zonas con sombra durante la mañana y la tarde, y suficiente espacio para que los perros corran, naden y jueguen libremente.

“Mira la marea tranquila, hace buen tiempo y mi perrito feliz. Vamos para el agua”, dice el creador mientras muestra a su compañero de cuatro patas chapoteando.

No hay corrientes, el viento es prácticamente inexistente, y el ambiente, según quienes la frecuentan, es relajado y respetuoso. La mayoría de visitantes son locales, aunque cada vez más turistas se acercan tras verla en redes.

Naturaleza, respeto y comunidad

En la entrada a la playa, el cartel lo deja claro, no está permitido dejar basura al alcance de los animales. La filosofía del lugar gira en torno al cuidado del entorno y la convivencia responsable. Aquí, más que en otras playas, se cuida el detalle, porque se entiende que disfrutar de la naturaleza también implica conservarla.

Además de familias con perros, también es común ver allí bodysurfers que aprovechan las peculiares olas de la zona para practicar giros y maniobras de 360 grados. Cuando el mar está en calma, incluso hay quienes se animan a hacer submarinismo entre las formaciones rocosas del fondo. Todo, sin interferir con el espacio natural de quienes solo buscan desconectar junto a su mascota.

Un plan sin reloj

Pasito Bea no es una playa con servicios ni comodidades artificiales. No hay chiringuitos ni hamacas. Pero sí hay algo que escasea en otros lugares: calma, libertad y autenticidad. Su aislamiento, más que un obstáculo, se ha convertido en su mayor atractivo. Es una playa sin prisa, donde el tiempo se mide en ladridos, chapoteos y siestas a la sombra.

Para muchos, es el lugar perfecto para un plan de fin de semana, con agua, toalla, algo de fruta y una correa en la mochila. Para los perros, es libertad.

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