Ingenio
"Banana no; plátano de Canarias": María Jesús pone sus fogones al servicio de la gastronomía de Bulgaria
Con motivo de la 31ª edición del Festival Internacional de Folclore de Ingenio, María Jesús Rivero abre las puertas de su cocina para preparar junto a representantes de Bulgaria un tikvenik, un dulce de calabaza que une culturas a través de la gastronomía

De izquierda a derecha Theodora Ivanova, Polina Koleva, María Jesús Rivero, Mari Carmen Ruano y Veska Valeva. / Yeremi Almeida González

No hay receta que se le resista a María Jesús Rivero Romero. Ya sea un queque de limón o un postre búlgaro, para esta vecina de Ingenio cocinar es, como quien dice, pan comido. La fama de sus recetas tradicionales canarias es incuestionable entre las calles de la villa. Sin embargo, este viernes en su cocina se respiraban aromas de otro país, porque María Jesús puso los fogones al servicio de la gastronomía de Bulgaria. Ella, junto con varios vecinos de Ingenio, ha abierto las puertas de su casa para cocinar platos tradicionales junto a los representantes de las agrupaciones de Armenia, Bulgaria, Costa Rica, Costa de Marfil, Grecia, Málaga y Taiwán, que participan en la 31ª edición del Festival Internacional de Folclore ‘Muestra Solidaria de los Pueblos’.
Ante estas jornadas, María Jesús confiesa que al principio siente “desesperación” por que llegue el momento. Sin embargo, se ilusiona en cuanto ve cómo el pueblo se llena de “colorido” gracias a este intercambio cultural. Con esa misma alegría, y antes de que llegaran sus invitadas búlgaras, recibió en la cocina a su amiga Mari Carmen Ruano González o, como a ella le gusta llamarse, “su pinche”. Las dos amigas viven unidas por el folclore: María Jesús es miembro de la Asociación Coros y Danzas y Mari Carmen de la Agrupación Los Artesanos de Ingenio.
Juntas llevan años atendiendo esta cita culinaria internacional, así que ya se conocen los pasos de memoria. Este año tocó Bulgaria. María Jesús y Mari Carmen recibieron con los brazos abiertos a Polina Koleva y Veska Valeva, miembros del conjunto folclórico Razvitie. Desde las diez de la mañana, con los ingredientes sobre la mesa y el horno precalentado, las mujeres se pusieron manos a la masa para cocinar los tradicionales tikveniks búlgaros, obligatorios en la cena de Nochebuena, allí conocida como Budni Vecher. Esta celebración guarda una peculiaridad: es completamente vegetariana, ya que marca el final del estricto ayuno de Adviento de la Iglesia Ortodoxa.

María Jesús y sus invitadas búlgaras preparan un tikvenik. / Yeremi Almeida González
Un dulce con historia
El nombre del postre viene de la palabra búlgara tikva, que significa calabaza, la gran protagonista del dulce. Además de esta, los ingredientes que lleva son pasta filo, nueces, canela y azúcar glas. Al menos esa es la receta que le habían enviado a María Jesús de antemano. Pero sus 17 años de experiencia en esta cita gastronómica le decían que faltaba algo más, algo tan fundamental como la mantequilla.
“Una vez que nos metemos en la cocina, todas nos entendemos”, explica entre risas la vecina de Ingenio.
Menos mal que hizo caso a su instinto culinario, porque cuando Polina Koleva y Veska Valeva llegaron a su casa le confirmaron, con alguna que otra dificultad por el idioma, que en efecto hacía falta mantequilla. La sencillez de estos ingredientes se debe, explican las invitadas búlgaras, a la pobreza que atravesó el país hace muchos años, cuando la gente comía lo que encontraba en su propio jardín.
Las mujeres se pusieron manos a la obra sin que la diferencia de idiomas supusiera un obstáculo. “Una vez que nos metemos en la cocina, todas nos entendemos”, explica entre risas la vecina de Ingenio. Y así, en menos de una hora, el postre estaba listo.
La receta que une culturas
Su elaboración, además, es más sencilla de lo que parece. Primero se ralla la calabaza y se escurre bien para retirar el exceso de agua. Después se mezcla con nueces picadas, azúcar y canela y se añade un poco de sal hasta conseguir una textura uniforme. A partir de ahí, la masa filo se extiende sobre la encimera y se pincela con mantequilla derretida antes de colocar encima una capa de la mezcla de calabaza.
Polina Koleva revela su secreto para que queden bien dorados y crujientes: una última capa de mantequilla por encima
Así se van superponiendo varias láminas de masa y de relleno, se corta la preparación en cuadrados individuales y se colocan en la bandeja del horno. Pero antes de ponerlos a calentar, Polina Koleva revela su secreto para que queden bien dorados y crujientes: una última capa de mantequilla por encima. ¡Cuánta razón tenía María Jesús! Tras unos 35 o 45 minutos a 180 grados, los trozos de tikvenik ya están listos para espolvorearles el azúcar glas por encima y servirlos.
Durante todo el proceso, la música folclórica tampoco faltó a la cita. Mientras el horno hacía su trabajo, Polina Koleva y Veska Valeva cantaron a todos los presentes en la cocina una canción tradicional búlgara como agradecimiento. La letra cuenta la historia de un chico que se enamora de una joven hermosa, pero que ella le rompe el corazón al rechazar casarse con él.

Polina Koleva dobla los tikveniks en la casa de Ingenio de María Jesús. / Yeremi Almeida González
Más que una receta
No es la primera vez que agasajan a María Jesús con cantos. Años atrás, cuando cocinó con portugueses, entonó junto a ellos unas frases que le costó memorizar, pero que al final bordó. Como con Portugal, María Jesús también ha cocinado con Francia, Marruecos e Israel, entre otros países. El que más le sorprendió fue este último, por su respeto y amabilidad.
Eso sí, María Jesús siempre se encarga de que todos sus invitados conozcan cuál es el auténtico plátano de Canarias. “Cuando vienen y ven los plátanos, algunos dicen: ‘Oh, banana’. Y yo les respondo: ‘No, plátano de Canarias. No te equivoques’”, cuenta entre risas.
Finalmente, el deseo de Polina Koleva y Veska Valeva se cumplió: los 75 trozos de tikveniks búlgaros salieron del horno dorados, crujientes y listos para que vecinos e invitados los disfrutaran en la degustación que se celebró este viernes en la plaza Adolfo Suárez de Ingenio.
Un viaje gastronómico sin fronteras
Al postre búlgaro se sumaron otras delicias del mundo: la gata armenia, las gachas de arroz dulce con cacahuetes costamarfileñas, el halva griego, los higos de la serranía de Ronda, el tembleque puertorriqueño y el Hlama Blbul taiwanés.
De estas experiencias, María Jesús no solo se lleva las recetas, que muchas veces reinterpreta a su manera, sino también el cariño de los viajeros que pasan por su cocina. Las mujeres se despidieron con un fuerte abrazo. “No hace falta hablar el mismo idioma. Esto sí se entiende”, sentenció María Jesús.
Suscríbete para seguir leyendo
- San Bartolomé de Tirajana expropia la última finca para construir el parque comercial de El Hornillo
- Nueva promoción de viviendas: Arucas da luz verde a 16 dúplex con solárium, terrazas y garajes con una inversión millonaria
- Gafas para el eclipse desde 1,50 euros: dónde comprarlas y qué mirar
- Ángel Nuez Alonso: 'Canarias se está convirtiendo en una prolongación del Sáhara
- 2 horas y 20 minutos y casi 100 paradas: la ruta de GLOBAL que tarda más que volar a Sevilla
- El mítico restaurante de Gran Canaria que se ha convertido en una parada obligatoria para quienes buscan cocina canaria tradicional y carnes a la brasa
- Muere Isidro Galván, el histórico alcalde que mandó en Moya durante 24 años consecutivos
- La ampliación del centro comercial El Tablero con 14 locales genera nuevos 50 empleos en San Bartolomé de Tirajana