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¿Por qué se llama así Los Guaniles? La palabra casi olvidada que aún se conserva en la cumbre de Gran Canaria

Su historia nos lleva hasta los primeros documentos de las islas y hasta una forma tradicional de criar el ganado que se mantuvo durante siglos

Entorno de la cumbre de Gran Canaria, cercano a la zona de Los Guaniles.

Entorno de la cumbre de Gran Canaria, cercano a la zona de Los Guaniles. / Google Maps

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Héctor Rosales

Héctor Rosales

Las Palmas de Gran Canaria

Como ocurrió con la escusabaraja, hay palabras que han dejado de usarse porque otras las han sustituido o porque aquello que nombraban también desapareció. Algunas han dejado rastro en la toponimia, como ya vimos con Escusabarajas, y otras obligan a tirar de diccionarios o de textos de la época para seguirles la pista. Aun así, siempre queda alguien de la vieja guardia que las mantiene en su vocabulario diario, por costumbre o simplemente porque se resiste a perderlas.

No muy lejos de Escusabarajas encontramos otro caso: Los Guaniles. El Alto y el Lomo de los Guaniles, situados en la misma zona de la cumbre de Gran Canaria, entre los municipios de Agüimes y Santa Lucía de Tirajana, conservan en su nombre una voz que durante siglos formó parte del habla de las islas.

Maximiano Trapero, en su estudio de esta voz, recoge un acta del Cabildo de Tenerife de 1515 que resulta clave para entender la historia del término y su uso. En ella se cuenta cómo, al comenzar a poblarse la isla, los pobladores llevaron vacas, ovejas, puercos y cabras que «se criaron e crianse en alçado e cada dia se alçan a las montañas». A aquel ganado que andaba suelto por los montes se le llamaba «guanil», y una ordenanza protegía esos animales frente a quien intentara matarlos o marcarlos.

La palabra aparece desde los primeros documentos históricos de las islas, aunque su significado necesita algunos matices. Traducirla simplemente como «ganado salvaje» puede llevar a error, porque no se trataba de animales salvajes en el sentido actual, sino de domésticos que vivían sueltos sin una señal que identificara a su propietario.

Esa ausencia de identificación parece ser precisamente lo que define el término, porque en las propias actas del Cabildo de Tenerife se diferencia entre el ganado «guanil» y el marcado. Los conflictos de propiedad hicieron cada vez más necesaria la marca del ganado, y los animales sin señal fueron siendo menos habituales, aunque siguieran moviéndose libres por el monte. La palabra fue cayendo en desuso con los cambios en la ganadería tradicional, aunque todavía se conserva parcialmente en zonas de Fuerteventura y El Hierro.

Detrás del término guanil hay una forma de criar el ganado que probablemente tiene su origen en las prácticas de los indígenas canarios y que se mantuvo durante siglos en distintos puntos del Archipiélago. El ganado se criaba «a la suelta», recorriendo montes y pastos sin permanecer encerrado, y solo se reunía cuando era necesario mediante las apañadas, que permitían recoger los animales, contar las reses, separar las crías y saber a quién pertenecía cada una. En Fuerteventura, donde esta práctica se conserva con más fuerza, las apañadas se realizaban en las gambuesas, los corrales donde se concentraba el ganado antes de su reparto.

Gambuesa de Pozo Negro, en Fuerteventura.

Gambuesa de Pozo Negro, en Fuerteventura. / Patrimonio cultural de Fuerteventura

El origen de guanil

De la palabra guanil sabemos más que de muchas otras voces antiguas: es prehispánica y su significado está bastante bien definido. Su origen sigue siendo una cuestión abierta. Las primeras propuestas etimológicas partieron del significado conocido de la palabra y buscaron equivalencias en las lenguas bereberes, emparentadas con las de los antiguos canarios.

Wölfel relacionó guanil con varias voces bereberes vinculadas a la idea de animales sueltos o libres, como ahulil (ihulilen en plural), «animal doméstico salvaje», así como con hulel, «ser salvaje» aplicado a un animal, y ener, «carecer de entrenamiento». Abraham Loutf, por su parte, la analizó a partir de los elementos bereberes wa-n-il, que permitirían entender guanil como «el de la libertad» o «el que anda libre».

Trapero recoge también la interpretación de Giovanni De Luca, que se aleja de la idea de un ganado completamente salvaje. De Luca relaciona guanil con una voz bereber de Marruecos, tanila, asociada a ideas como el lado, la dirección o los alrededores, y propone la forma wa-nnil. Desde esta perspectiva, el término no haría referencia a un ganado abandonado, sino a animales que se movían por un territorio conocido y seguían vinculados a sus propietarios.

Pese a sus diferencias, todas estas propuestas resultan compatibles con una forma de vida vinculada al territorio y a la libertad de los animales, lo que encaja con la crianza «a la suelta» que durante siglos se mantuvo en Canarias. No solo en Gran Canaria quedó esta palabra en la toponimia; también aparece en la Montaña de los Guaniles, en el suroeste de Tenerife.

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