Medio Ambiente
El calor veraniego provoca la pérdida de un 10% de agua en los embalses
Las reservas públicas se mantienen al 66% de su capacidad tres meses después de que estuvieran casi al máximo gracias a la borrasca Therese

Presa de Los Pérez, en Artenara. / JOSÉ CARLOS GUERRA

Cuatro meses después de las imágenes de una treintena de presas rebosando agua tras el paso de la borrasca Therese, las existencias de las reservas públicas han descendido en cerca de un millón de metros cúbicos, apenas un 10%. Después de años de sequía extrema que había llevado a las reservas públicas a mínimos históricos, la isla recogía casi 40 millones de metros cúbicos entre los embalses públicos y privados repartidos por la isla, el equivalente a unas 15.600 piscinas olímpicas, lo que permite al sector agrícola afrontar el futuro con mayor optimismo.
Los datos del Consejo Insular de Aguas reflejan que las siete presas públicas almacenaban a finales de marzo 7,92 millones de metros cúbicos, el 74,8% de su capacidad (sin contabilizar Soria, por las obras de la central hidroeléctrica). Desde entonces el volumen ha disminuido hasta situarse en 7,01 millones de metros cúbicos al cierre de junio, el 66,2% de la capacidad disponible. La reducción ronda los 911.000 metros cúbicos en apenas tres meses, una evolución esperada por el riego y las elevadas temperaturas propias del verano.
Pese a esa disminución, el escenario dista mucho del vivido años atrás. Las consecuencias más visibles acaecieron en octubre de 2025, cuando las reservas de las presas públicas apenas alcanzaban el 3,9% de su capacidad y cinco de los siete embalses gestionados por el Cabildo estaban prácticamente vacíos. La sucesión de borrascas registradas a partir del invierno alivió la situación, pero fue Therese, entre el 18 y el 25 de marzo, la que acabó revirtiendo el escenario de sequía, al dejar hasta 426 litros por metro cuadrado en la cumbre de la isla.
La evolución de los siete embalses públicos en funcionamiento muestra cómo se ha ido consumiendo parte de ese colchón hídrico en distintas partes de la Isla. En las zonas altas de San Bartolome de Tirajana, la presa de Chira, el mayor embalse público en servicio, nunca llegó a llenarse completamente: pasó del 52,7% de su capacidad en marzo al 49,3% en junio, hasta los 2,7 hectómetros.
En el mismo municipio sureño, Gambuesa apenas han variado y continúa prácticamente lleno, con un 99,4% de su capacidad; pero el embalse inferior que recoge su excedente, la presa de Ayagaures, ha descendido al 78,8%, mientras que la presa de Fataga ha bajado de 327.894 m³ a 256.922 m³, es decir, un 21,6% y en Mogán, el volumen de agua de la presa de El Mulato bajó hasta un 93,3%.
Entre La Aldea de San Nicolás y Agaete, la presa de El Vaquero ha reducido su volmen hasta un 88,2% y en Artenara, el embalse de Candelaria ha registrado uno de los mayores descensos, al reducir sus reservas desde el llenado completo hasta el 57% de su capacidad, dado que es una de las más utilizadas para el riego en el área cumbrera.
Ese comportamiento responde al uso normal del agua almacenada y a la evaporación. Juan Leonardo Suárez, presidente de la Comunidad de Regantes de la presa Salto del Perro de Barranquillo Andrés y agricultor con cultivos de naranjos, mangos o aguacates, reconoce que la presente campaña habría sido muy distinta de no haberse producido las precipitaciones. «Hubiéramos tenido que abandonar cultivos si no llega a llover este año. Aquí no hay otra solución, solo las presas, porque estamos a 600 metros de altitud», explica.
Antes del episodio de lluvias, los agricultores debían elevar agua desde la presa de El Mulato durante más de tres kilómetros de desnivel, lo que disparaba los costes del riego. «Ahora sí tenemos agua para regar; otros años solo teníamos para mojar», resume. Suárez considera que la situación actual permite afrontar con tranquilidad la campaña prevista para septiembre y octubre, aunque advierte de que el resultado dependerá del comportamiento meteorológico durante el verano. «Ahora está empezando a salir el fruto. Solo falta que no lleguen olas de calor muy fuertes que tiren la mitad», vaticina.
Daños en cultivos
No todos los cultivos, sin embargo, han vivido el mismo escenario. José Lorenzo, agricultor e ingeniero industrial que gestiona unas 35 hectáreas dedicadas principalmente al plátano en el noroeste de la isla, recuerda que las lluvias también dejaron importantes daños en determinadas producciones. En este punto, Suárez también agrega que «lo que ha faltado es la limpieza de lo que dejó y generó la lluvia»,
Según Lorenzo, las mayores pérdidas se concentraron en las explotaciones de papas y hortalizas de las medianías y del norte de Gran Canaria, donde el exceso de humedad impidió plantar parte de la papa de verano y provocó la pudrición de cultivos ya establecidos, reduciendo incluso el consumo de agua para riego en esas zonas. «Se espera que el consumo empiece a recuperarse entre agosto y septiembre», señala.
En el caso del plátano, Lorenzo explica que las temperaturas frías registradas meses atrás han ralentizado el desarrollo de las plantas, aunque sin provocar daños importantes. «El calor no ha sido excesivo en las principales zonas productoras. Incluso ha habido bastante nubosidad y lloviznas en el norte y el noroeste. Ahora, el cultivo empieza a recuperar su ritmo», explica.
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