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San Bartolomé de Tirajana

Una novela de José Yánez rememora el 150 aniversario del Paso de la Plata que conecta Tunte con San Mateo

El escritor Tirajanero José Yánez publica 'Villa de Tunte: 1848 - 1894 San Bartolomé de Tirajana', una novela historiada que cuenta la situación del pueblo en la segunda mitad del siglo XIX

José Yánez con posando con un ejemplar de su libro.

José Yánez con posando con un ejemplar de su libro. / LP/DLP

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Las Palmas de Gran Canaria

A finales del siglo XIX, los vecinos de Tunte experimentaron la que sería una de las mayores transformaciones del pueblo hasta la fecha: la construcción del Paso de la Plata. El escritor tirajanero Carlos José Martín Yánez ha querido reflejar en su libro Villa de Tunte: 1848 - 1894 San Bartolomé de Tirajana, la situación de la localidad en aquella época a través de una novela historiada. Su obra tiene como ejes centrales a sus antepasados Antonio y José Yánez, a los pobladores de aquel entonces y al camino de herradura que conecta Tunte con San Mateo y que marcó un antes y un después en la zona.

El libro nace después de que el escritor impulsara una iniciativa en el CEO Tunte para que los alumnos conocieran la historia del Paseo de la Plata, aprovechando el 150 aniversario de su inauguración. José fue la punta de lanza de una experiencia educativa en la que participaron responsables de la Reserva de la Biosfera, monitores de ecoescuelas, especialistas universitarios y vecinos del pueblo. Los conocimientos extraídos de esta iniciativa fueron recopilados por el escritor en un cuaderno itinerario didáctico que recoge la historia y particularidades de la Caldera de Tirajana.

Los comerciantes transportaban en burro quintales cargados de almendras hasta la cumbre de la Isla

Imagen que refleja el empedrado del Paso de la Plata.

Imagen que refleja el empedrado del Paso de la Plata. / LP/DLP

Según cuenta José, el camino se construyó en el año 1876 y supuso una revolución para el comercio en Tunte, debido a que conectaba directamente con San Mateo y permitía que los pobladores transportaran fácilmente sus mercancías hasta allí y luego hasta la capital. El empedrado del paso permitía que lo transitaran las bestias, por lo que los comerciantes podían cargar con una cantidad de material sin precedentes en aquel momento. El producto local por excelencia en Tunte a finales del siglo XIX eran las almendras y, según narra el escritor, se transportaban en burro mediante quintales, que eran sacos de 46 kilos.

El nacimiento del paso

El Paso de la Plata comenzó a construirse en el año 1872, promovido por el antepasado del escritor, Antonio Yánez, quien fue asesorado por el afamado ingeniero Juan León y Castillo. Al momento de su llegada a Tunte en 1868, Antonio se encontró con un pueblo aislado y sin empedrar, donde sus escasos habitantes se desplazaban por estrechos caminos de tierra y apenas existían viviendas construidas. El recién llegado no tardó demasiado en convertirse en una figura indispensable para el Ayuntamiento gracias a sus contactos políticos y su voluntad por implementar mejoras en el pueblo.

Imagen que muestra las curvas del Paso de la Plata.

Imagen que muestra las curvas del Paso de la Plata. / LP/DLP

Antonio convenció al Consistorio de que era necesario materializar una idea que llevaba años rondando entre las instituciones y la vecindad: construir un camino que conectara Tunte con la cumbre. Esta misión se convirtió en la mayor obra de ingeniería realizada en el valle hasta aquel momento. Los primeros trabajos comenzaron desde la zona de El Sequero en 1873 y continuaron ascendiendo por detrás hasta llegar a las zonas más altas de la cumbre. Las obras entrañaron una enorme dificultad, debido a que se realizaron en terrenos escarpados y muy pronunciados.

Los vecinos del pueblo contribuyeron a la construcción del camino durante la última fase de la obra

El Paso de la Plata se caracteriza por sus numerosas curvas y descansos. Este diseño se debe a que los ingenieros se enfrentaron a un desnivel de 800 metros entre la parte más baja y el punto más elevado de la cumbre, por lo que tuvieron que ejecutar una compleja estructura que se adaptara al tránsito de los animales de carga. En 1875, el camino dejó de ser una actuación exclusiva del Consistorio y se convirtió en un proyecto colectivo en el que los vecinos del pueblo se implicaron al máximo, pues significaba un avance para el desarrollo económico y social de la localidad.

Localización de un tramo de el Paso de la Plata.

A mediados del siglo XIX, Tunte era un lugar incomunicado que comenzó a ganar notoriedad con la visita del Padre Claret en 1848. En 1867, José Yánez, antepasado del escritor, llegó al pueblo como sacerdote y se convirtió en una figura indispensable para ordenar la vida religiosa en la localidad. El cura contribuyó a que una población que se encontraba dispersa a causa de la propia distribución de las viviendas del pueblo, se uniera a través de la parroquia, que se convirtió en el eje central de Tunte.

La importancia de las mujeres

José eligió este periodo histórico porque se trata de una época tan olvidada e importante como el papel que ejercían las mujeres en aquel momento. Su contribución al crecimiento de la economía del pueblo fue mayúsculo, pues antes de la creación del Paso de la Plata se dedicaban a labores comunales no remuneradas como la trilla del trigo y las mazorcas. Sin embargo, a raíz de la construcción del camino, se conformaron las primeras juntas de almendras, que era como se llamaba a los grupos de mujeres que se dedicaban a despipar el fruto que luego sería transportado a la capital y exportado posteriormente, en su mayoría, a Inglaterra. Este trabajo se convirtió en la primera fuente de ingresos de muchas de las habitantes de la localidad.

Imagen del Paso de la Plata en un día soleado.

Imagen del Paso de la Plata en un día soleado. / LP/DLP

El paso en la actualidad

A día de hoy, las carreteras han sustituido al Paso de la Plata como lugar de tránsito para el comercio, pero aún sigue siendo un lugar muy frecuentado por los senderistas que recorren el interior de la Caldera de Tirajana. José manifiesta que aún se celebran carreras que mantienen vivo este «legendario» paso de herradura y denuncia que se debería incrementar la seguridad para que cese el tránsito de ciclistas en la zona, ya que no está diseñado para que pasen bicicletas y produce que se desprendan las piedras que lo integran.

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