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Meteorología

Entre caravanas y chapuzones para soportar el calor del sur en Montaña Arena

Los visitantes acuden en sus vehículos al litoral de San Bartolomé de Tirajana pertrechados con ventiladores, hielo y duchas portátiles

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Las Palmas de Gran Canaria

Caravanas, autocaravanas, furgones, furgonetas camperizadas y tiendas de campaña. El área del litoral de San Bartolomé de Tirajana que comprende el tramo entre Pasito Blanco y la Playa de Santa Águeda se ha llenado de visitantes que disfrutan del verano en plena ola de calor, refugiados, en su mayoría, en el interior de sus vehículos. En los laterales de la carretera GC-500, por la zona de Montaña Arena, varios grupos de personas se reúnen para conformar una vecindad improvisada. Los bañadores, las gafas de sol, los sombreros y las gorras son las prendas imprescindibles para los ciudadanos que buscan pasar las largas jornadas del estío junto al mar de un municipio que se caracteriza por sus altas temperaturas.

Un furgón frigorífico reconvertido en hogar

Frente a varios de los vehículos están colocadas sillas, tumbonas, mesas e incluso, pequeños toldos que permiten a los usuarios tomar el aire cobijados bajo su sombra. Son las 10.00 de la mañana y Alfonso Umpiérrez se encuentra disfrutando de un programa de televisión en el interior de un furgón frigorífico que adaptó para convertirlo en una "casa portátil". El natural de Valsequillo explica que está jubilado y casi todos los fines de semana acude a Montaña Arena desde hace tres meses. "A mí el calor no me afecta" afirma, porque las características de su vehículo lo mantienen fresco aunque fuera "haya fuego". Un pequeño ventilador expele un aire "más que suficiente" para que Alfonso esté "a gusto". "Tengo una nevera llena de agua fría y cerveza, así que estoy bien equipado para estos días", concluye el valsequillero.

Alfonso Umpiérrez descansando en su furgón frigorífico camperizado.

Alfonso Umpiérrez descansando en su furgón frigorífico camperizado. / José Pérez Curbelo

Duchas y chapuzones

El calor comienza a apretar e Iván Santana lo aplaca con una ducha. El natural de Telde viene "muy bien preparado" con varios bidones de agua y un motor al que conecta su manguera para poder mantenerse fresco y aseado. Llegó el jueves al mediodía en su furgoneta y tiene pensado quedarse hasta el domingo, aunque confiesa que "hace bastante calor y hay que estar yendo a darse un chapuzón constantemente". El primer día lo pasó junto a su perro, al que recalca que "hay que mantener hidratado y mojarlo a menudo para que no lo pase mal". Iván señala que es "imprescindible darse una ducha con agua fría antes de acostarse para no dormir empegostado y, sobre todo, ensalitrado".

El panadero salvador

Son las 10.20 horas y los visitantes se reúnen en torno a la furgoneta de José Sánchez, quien llega al rescate para surtirlos de pan y dulces para el desayuno y lo más importante: hielo y helados. José lleva años haciendo el mismo recorrido por el litoral del sur de la isla y todos los campistas esperan su llegada para abastecerse y refrescarse. José explica que el bochorno hace que el trabajo resulte "más pesado", pero mantener su ruta durante tanto tiempo ha hecho que ya "esté más que acostumbrado".

José Sánchez sacando de su furgoneta el hielo que vende a los visitantes.

José Sánchez sacando de su furgoneta el hielo que vende a los visitantes. / José Pérez Curbelo

"No hace tanto calor"

Una pareja sentada en sillas de playa frente a su furgoneta disfruta de un café preparado en una cocina de gas mientras contemplan el vaivén de las olas que arriban a la costa tirajanera. Ana Núñez y Carlos Ocaña cuentan que el jueves pernoctaron por primera vez en un vehículo que no está camperizado, aunque, según aclara ella, no pasaron "tanto calor como esperaban". "Lo más importante es darse baños frecuentes, que para eso tenemos la playa al lado", explica Ana al ser preguntada por su método para luchar contra las altas temperaturas. Carlos es oriundo de Cádiz y afirma que el calor de Canarias "no se puede comparar" con el de su tierra natal, donde es habitual que en verano alcancen los 40 grados. "Allí el bochorno es pegajoso y, sobre todo, el tiempo es mucho más seco y no corre esta brisa", apunta.

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