Agaete
La exposición callejera ‘Canarios con la Rama’
Fernando Álamo convocó en 1989 a los más reconocidos artistas plásticos de las Islas en una muestra en la calle por la fiesta de la Rama

Fernando Álamo pinta una farola en una calle de Agaete. / La Provincia
José Antonio Godoy Rodríguez
El título viene a colación de la exposición Agaete, del pintor Fernando Álamo, inaugurada en julio de 1988 en el Centro Cultural de la Villa Marinera y del encuentro de pintores que bajo el epígrafe Canarios con la Rama, se celebró por primera vez en las calles de Agaete en el año 1989; su convocatoria por aquello de la profesión, camaradería y amistad, se la debemos también a Fernando Álamo, a quien le dedicamos estos afectos, llegadas las fiestas de las Nieves con su Rama en Agaete.
Llegó mi generación a la juventud, curtida desde la adolescencia en acciones participativas surgidas desde la sociedad civil agaetense allá por los años sesenta y setenta del siglo pasado, como fueron el famoso entierro de la sardina, el belén viviente y el haber formado parte activa de la comisión de fiestas municipal en honor a la Virgen de las Nieves. Nuestro logro principal, después de cuatro años de intenso trabajo, fue la declaración de Fiesta de Interés Turístico en el año 1972.
Después crecimos y progresamos en acciones propias del voluntariado, bajo el manto social de las dos grandes fortalezas que, en mi opinión, definen de manera genérica al municipio de Agaete: su paisaje y su paisanaje. La primera como fortaleza medioambiental por su situación estratégica de tierra adentro y mar afuera, su geografía física, los microclimas que se derivan de ella y que facilitan cultivos como el del café y otros frutos tropicales, la cuenca hidráulica, la flora y la fauna básicamente. Y la segunda como fortaleza cultural destacando la idiosincrasia de nuestra gente y su capacidad para ajustarse a los vaivenes históricos de la economía, adaptarse a las circunstancias, reinventarse y en no pocas ocasiones emigrar.
Llegada la década de los años ochenta y junto con el grupo de amistades de Agaete, nos embarcamos no sólo en la Comisión municipal de fiestas de las Nieves, sino además en una nueva experiencia creativa de gran trascendencia como fue el ciclo Canarias Hoy y las acciones concurrentes que se desarrollaron al amparo de la programación de los Veranos de la Villa, en un momento en el que se debatía la modificación del régimen de integración de Canarias en la Unión Europea; mientras, Agaete (un territorio apetecible para la inversión), buscaba redefinir su situación económica y social en el contexto de Gran Canaria, como consecuencia del cambio de modelo económico que había convertido en terrenos baldíos los que, hasta entonces, habían sido productivos para la agricultura de exportación.

Una de las obras incluidas en la exposición ‘Agaete’. / La Provincia
Quiso el destino que coincidieran en aquellos Veranos de la Villa Marinera personalidades del ámbito político, económico, social, mediático y cultural, entre los que se encontraba el pintor Fernando Álamo con su familia. Lo conocía de vista y sabía de su colaboración artística con Lorenzo Godoy, un agaetense centrado en el mundo de la danza. Ambos compartían, tanto por parte de la prensa como del ámbito cultural capitalino, el calificativo de enfants terribles, por sus actividades arrolladoras que aportaban savia nueva e ideas modernas y vanguardistas. No me fue difícil entrar en ese círculo y la carta de presentación de Fernando en Agaete fue tan sencilla como contundente: su bisabuelo paterno era Álamo y procedía de Agaete.
Con los vientos alisios a favor, el Ayuntamiento de la Villa Marinera asumiendo la organización y con el patrocinio de la viceconsejería de Cultura y Deportes del Gobierno de Canarias y de Toyota, echó a andar una aventura con Fernando Álamo y su pintura como protagonistas en la que dejaba entrever sin ambages, su formación neoexpresionista propia de la generación de los años setenta y ochenta del siglo pasado, con sus naturalezas muertas, motivos vegetales y florales que transpiraban vida.
Nos apoyamos en un catálogo desencorsetado, acorde con su estilo, con textos firmados por José Luis Gallardo, ensayista y crítico de arte vinculado a los periódicos La Provincia y Diario de Las Palmas, y por Guillermo García Alcalde, musicólogo, compositor y exdirector del periódico La Provincia y por aquel entonces directivo de Editorial Prensa Canaria. Fue una excelente y divertida experiencia, particularmente el colaborar con Fernando en el montaje de su exposición en el centro cultural de la Villa, ocupado en aquellos años por la asociación cultural Antigafo. Inolvidables algunas pausas para cruzar al bar de don Juan Viera Medina (Juan D’iorca, entre la gente de Agaete), frente al centro cultural, cuyo olor a ropa vieja y garbanzas nos reclamaba mientras esperábamos que Juan Trujillo Rosario (Bani para la gente del pueblo), de la finca de la Fuente Santa, en el Puerto de las Nieves, nos trajera las hojas de papayos que sustituirían el arreglo floral clásico de las exposiciones.
A la exposición, realizada a finales del mes de julio del 88, le siguió un ciclo de conferencias en agosto con un magnífico plantel de ponentes entre los que se encontraban: el científico Roberto Moreno Díaz; Jerónimo Saavedra Acevedo, expresidente del Gobierno de Canarias; José Medina Jiménez, exconsejero del gobierno de Canarias entonces y actual presidente de la fundación Juan Negrín; Guillermo García Alcalde, director general de Editorial Prensa Canaria; y Rafael Molina Petit, exconsejero del Gobierno de Canarias.
Los intervinientes centraron sus disertaciones en temas relacionados con sus respectivos ámbitos de especialización: la universidad, Canarias en el contexto europeo, suelo y agua, (dos recursos de vital importancia para Canarias), cultura canaria como una tipología subjetiva y el comercio exterior en Canarias.
Pasados los años, aún recuerdo que aquellos temas, entonces de actualidad, atrajeron a la población residente y foránea, especialmente a la colonia de veraneantes de Santa María de Guía en el Puerto de las Nieves, que cada noche acudía, fiel a la cita en el centro cultural de la Villa. Y si atractivos fueron los asuntos tratados, por su cercanía e inmediatez en el contexto de los años de transición democrática, no menos lo fue el interés mostrado por la audiencia en la formulación de preguntas a los ponentes. Imborrable el recuerdo del ambiente veraniego de las noches de Agaete con los paseos de ida y vuelta por la calle Larga (La Concepción), la copa y el tapeo en los bares y cafetines y las guitarras apostadas en las esquinas de la plaza de la Constitución, esperando la medianoche para dar la serenata correspondiente. Agaete y su facilidad para, en un santiamén, pasar del momento cultura al del ocio.
Arte y modernidad
Al año siguiente, para la edición del Canarias Hoy-Agaete 89, contábamos con la presencia de una treintena de participantes entre ponentes y moderadores de nivel para las mesas redondas, centradas en la relación de Canarias con la Comunidad Económica Europea y sus alternativas. Los retos para la cultura y el deporte en Canarias y poder y Medios de Comunicación, cerrando el ciclo con la presentación de la Fundación Libre de Arte y Modernidad de Agaete, FLAMA’90, un proyecto cultural para la Villa , con carácter privado e independiente al que se sumó la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria con la presencia del entonces rector Francisco Rubio Royo, quien subrayó que la Fundación «bien podría ser el germen de una futura universidad de verano». El Cabildo de Gran Canaria, representado por Francisco Ramos Camejo, consejero de Cultura, apostillando que FLAMA’90 era «un hito en la historia de Agaete, que acompañará una década llena de expectativas por la época en la que nos ha tocado vivir». Y, la intervención de nuestra indudable gran figura, influyente en el ámbito cultural internacional, el escultor grancanario Martín Chirino, a la sazón director del Centro Atlántico de Arte Moderno (CAAM), quien apostó porque el proyecto fuera una extensión de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, asegurando además, que su compromiso sería real y apasionado. Las funciones de moderador las desempeñó Ildefonso Ramírez y a mí, como agaetense y miembro de la sociedad civil del grupo gestor de las acciones, la lectura inicial de la declaración de intenciones entre las que destacaban las razones para elegir Agaete, y no otro municipio, por sus condiciones infraestructurales y ambientales, añadidas a un perfil tradicional en arte y pensamiento que impregnan la intensa personalidad de su territorio, su paisaje, su arquitectura y, fundamentalmente, su población abierta y hospitalaria, dirigida primordialmente a la sociedad civil, sin vínculos orgánicos ni políticos sea cual fuere su ámbito.
La idea de la Fundación sobre generar pensamiento y compartir conocimientos en un espacio como Agaete, cuya idiosincrasia traspasaba los límites del municipio junto con unas fiestas como la de La Rama, convertida con el paso de los siglos en uno de sus símbolos identitarios, ayudó a que diéramos un enorme salto cultural y mediático, de ahí que, literalmente nos echáramos a la calle con un encuentro de pintores que titulamos, de manera certera en mi opinión, Canarios con la Rama, del que evidentemente y por cuestiones profesionales, fue una vez más Fernando Álamo el encargado de convocar a Lola Massieu, Juan José Gil, Manolo Padorno, Leopoldo Emperador, Baudilio Miró Mainou, Ana de la Puente, José Antonio García Álvarez, Rafael Monagas, Gabriel Ortuño, Alfonso Crujera, Ricardo Montesdeoca, Gregorio González, Cristóbal Guerra y Paco Sánchez, una constelación de auténtico lujo. En esta primera experiencia, para desarrollar en plena calle, se propuso a los y las artistas que pintaran las cuatro caras de un modelo de farolas como las que se bailan históricamente en la Retreta del día 4 de agosto por la noche, con la intención de conservar la tradición de un pueblo que está enamorado de sí mismo, como señalé a la prensa aquella tarde de julio de 1989. Para satisfacción de todos, el selecto grupo de artistas asumió la idea y captó de inmediato el encanto que suponía conjugar el pasado con la modernidad.

Fernando Álamo en el año 1988. / La Provincia
El pintor y sus colegas
Fernando Álamo, además de ser el pintor que tiró del carro para convocar al resto de colegas en el oficio, fue el encargado de diseñar y cuidar la estética sobria y moderna de los sencillos catálogos para los que escribí el texto Mejor morir que vivir en la miseria…, partiendo del verso de la ópera La muda de Portici, del compositor francés Auber. Quise expresar en aquel escrito la necesidad sentida por las vanguardias de permanecer como tal y descubrir una vez más que el concepto vida, es autónomo en el tiempo y en el espacio, de la misma manera que los conceptos centro y periferia (urbano-rural) son necesariamente caducos para no morir, y que Agaete ya había experimentado algo similar en la segunda década del siglo XX con las tertulias literarias, políticas y económicas en el Huerto de las Flores, aquellas que auspiciaban la familia Armas, con quien el médico del pueblo y gran poeta modernista Tomás Morales, había emparentado por motivos del enlace matrimonial con Leonor Ramos de Armas. Y en los años setenta también del siglo XX con las Jornadas Culturales del Archipiélago. Con estos precedentes y salvando la línea del tiempo no era de extrañar para la Villa Marinera que por tercera vez «la vanguardia olvidara los centros urbanos emanantes de cultura, para entregarse al ritmo estival de la periferia ( Agaete en relación con Las Palmas capital), que vive lo que FLAMA en sus ancestros y subyuga su primitivismo utópico: el fuego. Luz y sombra, presagian la propuesta cultural tomada de la tradición popular, funden la multitud en su catarsis rítmica con los hachones y farolas marineras, transgresoras de este mito».
Y lo que sucedió es que la Plaza Tomás Morales, en el corazón del casco urbano agaetense, vibró culturalmente con la alegría desbordante del encuentro entre aquellos ilustres compañeros de profesión que compartieron una experiencia única de pintura rápida e improvisada, en la que se entremezclaron en el ámbito rural-urbano elementos propios del happening, conceptuales, arte en proceso y, arte del comportamiento en aquella mixtura del grupo de artistas con la gente que abarrotaba la plaza pública, que según el periódico LA PROVINCIA, que cubrió puntualmente el desarrollo de todos los actos, aquel momento constituía una novedad «… porque no es fácil reunir a todos los pintores en una actividad de este tipo, y sobre todo por conseguir que éstos decidan salir de su estudio para estar en contacto con el público…».
Una acción callejera de aquel tipo, novedosa, protagonizada por aquel grupo de pintoras y pintores de reconocido prestigio y en Agaete, en vísperas de La Rama, tuvo como así sucedió, la repercusión mediática esperada ocupando titulares como: Agaete, la oferta cultural del ferragosto, Canarios con la Rama en Agaete, Mil colores para una Rama de mil colores, Deporte base y falta de infraestructuras, protagonistas en Agaete, Agaete. Retos para la cultura en Canarias, o El papel de la sociedad civil marcó la mesa cultural en Agaete…, sólo por citar algunos, en aquel intento de lograr que la Villa Marinera junto con la comarca noroeste de Gran Canaria, «…se institucionalizara como territorio y paisaje veraniego de un estilo cultural plural y variado al tiempo que lúdico», según se desprende de la declaración de intenciones de FLAMA’90.
El entusiasmo caló de tal manera en aquel verano del 89, que a la acción callejera de Canarios con la Rama, en la que participaron los quince artistas mencionados, le siguió la exposición colectiva Después de la Rama, a la que se sumaron Joserromán Mora, Julio Cruz Prendes, Félix Juan Bordes y Alejandro Reino. Y allá que me veo nuevamente con Fernando Álamo llamando a los pintores para recoger los cuadros, montando la exposición y haciendo el seguimiento del catálogo con un texto arriesgado por crítico (también de José Luis Gallardo), sin que por ello dejásemos de bailar La Rama.
Nunca olvidaré la imagen de Fernando recordando la ascendencia agaetense de su bisabuelo Antonio Álamo, afincado en Tenerife donde naciera su abuelo, su padre, él y sus hermanos, bailando la Rama llevando de la mano a su hijo Rafa (entonces un crío), mientras Caty, su mujer, se las entendía con Fernando, el mayor de los hijos (otro crío), y con Claudia, su tercer retoño, recién nacida.
De aquel esfuerzo voluntario de la sociedad civil en su apuesta por Agaete y por su patrimonio histórico, queda la satisfacción de conservar en mi archivo particular la documentación de aquel proceso, y en mi memoria la evocación de los recuerdos sin nostalgias cada vez que veo las pinturas con sus respectivas firmas surgidas de aquellos encuentros, colgadas en las paredes de las dependencias municipales, para el disfrute de cualquier visitante y enriqueciendo el patrimonio municipal. Qué ambientazo callejero el que se respiraba entonces, encargándose una vez más LA PROVINCIA de apostillar lo del «…equipo de entusiastas que con su imaginación y dedicación a la Villa presionan por todos estos logros, fundamentalmente, el artista Fernando Álamo, Ildefonso Ramírez y José Antonio Godoy».
Vaya este sentido homenaje y reconocimiento a Fernando Álamo, al que doy las gracias por tanto; por el apoyo cultural a Agaete al que engrandeció con su buen hacer, por compartir tantas horas de esfuerzo, de voluntariado y también por los momentos de tapeo regados con alguna que otra cerveza y por muchas, muchas risas.
Gracias a Fernando por esas Ramas bailadas, por tu colaboración con el cartel anunciador de las Fiestas de las Nieves en el año 2007, por aquella magnífica exposición Agaete, con la que se inició la andadura de la Fundación Libre de Arte y Modernidad de Agaete (FLAMA’90).
Espero y deseo que alguna vez la municipalidad de turno tenga a bien dedicarle un merecido homenaje al grupo de artistas que iniciaron la experiencia del encuentro de pintores Canarios con la Rama.
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