Meteorología
Los grancanarios ante la ola de calor: "Prefiero pagar 300 euros de luz que una ambulancia por el calor"
El sureste y el sur son las zonas de la isla más castigadas por esta ola de calor. La zona, habitualmente golpeada por el fuerte viento, echa de menos en estos momentos los alisios. El aire caliente se hace insoportable y los habitantes tiran de aire acondicionado, ventiladores o la marea buscando el fresco.

La gente ha tirado estos días de cualquier artilugio en la calle o en casa para protegerse del intenso calor. / JOSE PÉREZ CURBELO

Las altas temperaturas registradas estos días han hecho que los grancanarios tiren de cualquier artilugio para combatirlas. Y es que los ventiladores, aires acondicionado y las bebidas frías se han convertido en los mejores amigos ante la enorme subida del mercurio. Y prueba de ello es la historia de Rubén Bordón y su familia, de Sardina del Sur, que desde el principio de la ola de calor ya lo tenían claro: «Prefiero pagar 300 euros de luz que una ambulancia por el calor». A las diez y media de la noche del domingo, el termómetro de su vehículo marcaba todavía 33 °C en la calle.
Con el aire acondicionado durante todo el día puesto el domingo, la familia se dio un baño en Arinaga por la mañana y a la vuelta al hogar se esperó a la fresca para dar un paseo. Pero la fresca no llegó. El paseo familiar nocturno planificado se acortó a apenas 35 minutos y regresaron a toda prisa a la vivienda para refugiarse del sofoco y con la casa más fresca por las máquinas repartidas por las diferentes dependencias, una medida drástica de la que Rubén no se arrepiente a pesar del impacto económico. El desafío contra el calor ha sido igualmente exigente en su faceta como ganadero. Al frente de una explotación con 50 cabras, tres caballos y tres perros de presa, Rubén extremó en su finca las precauciones para evitar que las altas temperaturas afectasen a sus animales. Gracias a una planificación previa, la instalación cuenta con cubiertas para sombra y un sistema de aljibe subterráneo que impulsa agua fresca a los bebedores mediante una bomba, evitando así que el agua se caliente al sol, un peligro mortal para su cabaña, que además, complementa su dieta con alimento verde fresco para ayudarles a superar esta ola de calor sin precedentes.

Las cabras y otros animales de Rubén Bordón disponen de sombra, agua fresca y comida verde para atajar el calor extremo de estos días. / LP/DLP
En Ingenio, para Carmen Santana el aire acondicionado y los ventiladores se volvieron imprescindibles, aunque no milagrosos. Carmen, que reside con su madre y su hija Leonor, explica que las casas de la zona van acumulando el calor con el paso de los días y, al tratarse de construcciones antiguas, al principio resisten, pero con el tiempo la climatización resulta insuficiente y las viviendas se transforman en hornos durante semanas. "El truco es no abrir las ventanas ni puertas y así te proteges un poco mejor de estas olas de calor". Frente a quienes opinan que estos episodios son los habituales del verano isleño, responde con contundencia argumentando que, aunque sea normal que a finales de julio y principios de agosto apriete el calor, la repetición en el tiempo de episodios extremos, lluvias torrenciales y fenómenos anómalos demuestra que el cambio climático es "una realidad innegable" que ya está impactando de lleno en la vida cotidiana del archipiélago.
En la frontera con el municipio de Agüimes, en El Carrión, en el barrio de El Lirón, Daniela Bravo de Laguna ha convertido el pingüino con ruedas en su mejor amigo. El interior de la casa llegó a marcar 32 grados, y la máquina pudo rebajarlo a 27, lo que le permitió conciliar un poco el sueño. Mientras su madre se refugiaba en un apartamento en el Sur, Daniela admite que el salón se ha convertido en su único refugio viable dentro de la casa.
El bochorno seca hasta el barro
La situación era casi peor en Fataga, en San Bartolomé de Tirajana, donde la ceramista Ulrike Berg asegura que lleva varios días sin poder trabajar el barro en su taller debido a que las altas temperaturas y la falta de humedad hacen que se seque antes de que pueda darle forma. Berg afirma que procura no salir de casa, mantenerse hidratada y permanecer con el aire acondicionado encendido durante todo el día, ya que, según cuenta, el calor también es insoportable por la noche. Señala que reza "cada hora, pese a no ser católica, para que a ningún idiota se le ocurra tirar una colilla encendida", porque su "miedo más grande" es que haya un incendio que se pueda propagar con facilidad a causa de la abundante vegetación y las ráfagas de viento.
Las personas que trabajan al aire libre son las más vulnerables a las altas temperaturas. Raúl Cárdenas es vendedor de cupones de la ONCE en la zona de Bellavista, en San Fernando de Maspalomas. El trabajador explica que "en lugares de sombra se puede aguantar", pero reconoce que este lunes terminó su jornada una hora antes, con la autorización de su empresa, porque el tiempo se mostró demasiado inclemente a partir de las 13.30 horas. Cárdenas señala que "lo más importante es hidratarse" y afirma que trata de refugiarse del calor entrando "en bares o sitios con aire acondicionado".
38 grados en San Mateo
En San Mateo, el termómetro de la farmacia junto a la calle Canónigo Tomás Ventura marcaba 38 grados a las once de la mañana. Irene Fernández y Claudia Marcial llegan directas de unos días de vacaciones en Tejeda, donde el calor las recibió sin piedad. "Era insoportable", resumen las amigas. Ni dos ventiladores a toda máquina pudieron con la noche, pues a las cinco de la madrugada tuvieron que abandonar la cama y refugiarse en la terraza.
Frente a la estación, Yasmina Rodríguez montó su puesto de la ONCE armada contra el calor. Con abanico en mano, resistió la jornada como pudo. Según ella, el termómetro llegó a marcar 40 grados estos días, y como "hoy se esperaba muchísimo más", se presentó con ventilador, dispensador de agua y una nevera cargada de zumos. "El tiempo nos tiene engañados, pero yo vengo preparadísima", ríe. Cerca de ella, Ángela Benítez lo tiene claro: "no nos queda de otra", porque después de un invierno empapado, tocaba que el calor pasara factura. Pero aun así ella y su marido no paran la pata. Esta semana tienen gimnasio y luego, para refrescarse, un chapuzón en la playa.
Con la misma filosofía, David Santana y sus amigos se refugian a la sombra de una terraza con unas cervezas de limón "de las que traen poco alcohol, porque todavía es temprano". Cuentan que ayer el coche les marcaba 41 grados. Aun así, algunos como Julián prefieren estas temperaturas antes que las molliznas del invierno.
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