Agaete
Una Rama que raja las piedras
Miles de personas tomaron las calles de Agaete entre ramas de eucalipto, bucios, pistolas de agua y mucho humor antes de culminar la fiesta y acabar con el calor sofocante con el tradicional chapuzón en la Playa de las Nieves
Las calles alrededor de la Plaza de la Constitución en Agaete enseguida se llenaron de un rancho incesante en el que, para cualquier foráneo, no era difícil sentir el cariño fervoroso de los culetos que, como cada cuatro de agosto, se reúnen para celebrar la fiesta de La Rama. Acompañados de los silbidos de los bucios y el retumbar de los tambores, platillos y trompetas, se escuchaban los gritos de emoción mal contenidos que se escapaban de todos los pechos. Familias, amigos y parejas cargaban grandes ramas traídas desde las laderas de Tamadaba con cuyo agitar dibujaban, bajo un cielo salpicado de banderines de colores, el júbilo de esta fiesta popular.
En medio del hervir de emociones se veían carritos de bebés improvisados a partir de neveras, camisetas de manga corta con el logo de Arehucas de una pulcritud fugaz y, como no podía faltar, copas en mano para sobrellevar un calor que rajaba las piedras. “¿Tienes calor, mi niña?”, preguntaba una mujer antes de enchumbar a la gente con un pulverizador cargado de agua hasta los topes. La gente lo agradecía. Pero los había que iban más allá. Diego Viera y Yamiley Medina tenían una trifulca montada con unas pistolas de agua que compraron esa misma mañana en un bazar chino, una alternativa simpática para refrescarse mientras llegaban a la Playa de las Nieves donde, por supuesto, “un bañito siempre cae”.

La Rama baja por las calles de Agaete. / J.PEREZ CURBELO
¡Cacho rama cargaba José Minguillón! Como el gajo de eucalipto le sacaba dos cabezas, el muchacho lo usaba de sombrilla. “Somos gente de rama importante”, bromeaba. José venía desde Los Realejos: “el pueblo más fiestero de España”, aseguraba. Zarpó desde las seis de la mañana con sus amigos, con quienes, a pesar de que ya suman varios años viniendo a La Rama, siempre se asombran con esta fiesta. Debe ser que en Tenerife no se celebran suficientes juergas. Demelsa Rivero se trajo a algunas amigas del otro lado del charco. “Hoy somos todas de Agaete, porque esto es un fiestón”, explicaba Demelsa mientras buscaba entre el montón de ramas un manojo de laurel. Finalmente consiguió lo que andaba buscando: “mira qué ramo me acabo de hacer, me voy a casar”, reía.
Arriba la rama y a bailar
La familia Lorenzo Medina no paró de bailar desde que llegó. “La Loles, el conejo de la Loles…”, tarareaban sin cesar. Después de dar más vueltas que un trompo, con tanto mareo no se ponían de acuerdo para decidir qué es lo mejor de la fiesta de La Rama. Hay quienes valoran el ambiente, el cariño de la gente. “Como canarios que somos, siempre tenemos buen rollo”, explicaba el patriarca. Pero hay otros con distintas prioridades, pues defienden que lo mejor es la cerveza. A escasos metros más allá, en el vaso de Tonillo solo quedaban tres gotas. Eso no da para refrescar el buche. Por ello, ya iba a recargarlo para seguir todo el día de fiesta. “Arriba la rama y a bailar”, brindó el vecino de la villa marinera.
Al corro de cabezudos se sumó este año uno dedicado a Pepe El Perola, el dueño del mítico bar de la esquina de la Plaza de la Constitución
Mientras tanto, los papahuevos repartían cogotazos a diestro y siniestro. Al corro de cabezudos se sumó este año uno dedicado a Pepe El Perola, el dueño del mítico bar de la esquina de la Plaza de la Constitución, que durante 33 años fue punto de encuentro para tantos culetos en La Rama y donde nunca faltaba una tapa de chochos y manises.

Papahuevo de Pepe El Perola / J.PEREZ CURBELO
El chiquitín Diego Hernández también estrenaba papahuevo. Ya llevaba muchos años cargando a “La Negra”. Sin embargo, esta vez se emperretó en sacar a bailar a un nuevo personaje, por lo que, con la ayuda de su padre y mucho esfuerzo e ilusión, “El Chino” lució su túnica encarnada por las calles. Para Diego, La Rama es mucho más que una fiesta: es el día que espera con tantas ansias durante todo el año para brincar al son de la Banda de Agaete. A pesar de su corta edad, tiene un objetivo muy claro y lo expresa con una gran sonrisa: “mi sueño es llevar un papahuevo grande”.
No obstante, en esta familia la afición no termina con Diego, pues su hermana pequeña, María, ha heredado a “La Negra” que, aunque tuerta, todavía ve un futuro prometedor como romera. Entre esta pandilla de culetos también se encuentra la hija de Ayoze Pereza que, a pesar del intenso calor, con tan solo un año y cuatro meses, vivió por primera vez esta tradición que sus padres ya consideran parte de su identidad. Además, lo hizo luciendo una camiseta de lo más coqueta que decía “mi primera Rama”. Para Ayoze, La Rama es imposible de explicar con palabras. "Es un sentimiento que solo puede entender quien la vive desde dentro”, expresó.

Diego y María con "El Chino" y "La Negra". / J.PEREZ CURBELO
Una fiesta que se lleva dentro
Esta también es una fecha que muchos aprovechan para reencontrarse y disfrutar juntos de un día inolvidable. Es el caso de Irene Herrera y Thais Alarcón, quienes partieron desde Las Palmas de Gran Canaria hasta Agaete para bailar con una rama en una mano y una copa en la otra sin coger resuello. Así, el resultado era una coreografía improvisada llena de brincos y risas que solo lograban coordinar cuando llegaba el momento de agacharse para después rozar el cielo levantando los brazos. Ambas amigas coincidían en que el “buen rollo” es el verdadero protagonista de La Rama y ya estaban deseando cambiar la rama por un chapuzón para refrescar el cuerpo, como manda la tradición. A la misma hora llegaron desde Arucas Valeria y Laura para vivir su primera Rama. Para atajar el calor, habían traído frutos secos y agua, previendo que la jornada sería larga y que el sol de agosto no perdonaría a nadie.
Julia y Ana venían desde Ucrania. Se enteraron de La Rama gracias a un chismoso de lo más innovador: Chatgpt.
Julia y Ana venían desde Ucrania. Nunca antes habían visto algo similar. Ambas amigas están de vacaciones en la isla y se enteraron de La Rama gracias a las recomendaciones de un chismoso de lo más innovador: Chatgpt. "Vamos a bailar, pero quién sabe como se va a acabar el día", explicó Julia.
Sin embargo, no todos tienen un buen recuerdo de La Rama. Hace 58 años, una tragedia cambió para siempre la vida de Antonio, conocido por todos como “El Caminero”. Cuando tenía tan solo 14 años, un cuatro de agosto, su padre falleció ahogado por el oleaje del mar, y desde entonces huye de esta celebración. El vecino recuerda cada detalle de aquel día como si hubiera ocurrido ayer. Primero acompañó a su hermano pequeño por el pueblo para que disfrutara de la celebración, pero poco después empezó a preocuparse al no encontrar a su padre. Lo buscaron durante horas sin obtener respuesta, hasta que finalmente llegó la peor de las noticias. Aquella tragedia marcó para siempre a la familia y provocó que, casi seis décadas después, El Caminero siga siendo incapaz de acercarse a celebrar La Rama.

La Banda de Agaete en La Rama / J.PEREZ CURBELO
Finalmente, entre bucios, tambores y ramas de laurel y eucalipto, los romeros fueron recorriendo las calles de Agaete camino a su cita con la Virgen de las Nieves. El mismo cielo que por la mañana lucía salpicado de banderines de colores se abrió, al fin, sobre el azul de la playa que da nombre a la patrona. Allí, donde Diego y Yamiley habían prometido su bañito y donde Irene y Thais soñaban con cambiar la rama por un chapuzón, el mar recibió a un pueblo entero que, como cada cuatro de agosto, cerró la fiesta agitando ramas con fervor.

Romero toca el bucio. / J.PEREZ CURBELO
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