Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Agaete

La Virgen de las Nieves regresa al casco de Agaete tras su travesía desde el puerto

La imagen de la Virgen de las Nieves emprende su viaje acompañada por cientos de fieles, bandas de música y vecinos ataviados con indumentaria marinera, antes de permanecer dos semanas en la iglesia de la Inmaculada Concepción

La Virgen de las Nieves en procesión para encontrarse con San José.

La Virgen de las Nieves en procesión para encontrarse con San José. / MIGUEL ANGEL PADRON MARTIN

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Agaete

No quedaba rastro de la jarana. La resaca de la Diana, La Rama y la Retreta se había marchado disimuladamente del lugar. Este miércoles, en Agaete, todo era ardor devoto. No solo las calles habían recuperado su pulcritud; todos andaban embutidos en sus mejores galas para acompañar a la Virgen de las Nieves en su travesía desde el puerto hasta el casco del pueblo, donde residirá durante dos semanas en la iglesia de la Inmaculada Concepción.

Desde bien temprano, los peregrinos cruzaban el puente del Juncal a buen paso para llegar puntuales a la misa, antes de que sus lomos comenzaran a lamentar las inclemencias del sol de agosto. A las 10.30 horas comenzó una eucaristía en la ermita del muelle y otra en la iglesia del pueblo. Una vez concluidas, San José emprendió su camino desde el casco de Agaete hasta el Puente Viejo para inclinarse ante la Virgen de las Nieves, cuyo trono, empujado desde el puerto por los feligreses, resplandecía cubierto de flores blancas.

«¡Viva la Virgen de las Nieves!», gritaba con ímpetu un culeto, a lo que todos respondían: «¡Viva!». Entre aplausos, las imágenes avanzaron en procesión acompañadas por devotos y visitantes llegados desde todos los rincones de la isla. Algunos asistentes, como el elegante Eduardo de la Vega, llegaron desde tierras lejanas, concretamente desde Artenara. «A mí me gusta ir como Dios manda», comentaba el caballero en referencia a su atuendo. El paso del tiempo ha hecho que ahora acuda solo, pero recuerda con nostalgia aquellos años en los que asistía a la procesión con sus hermanos y con sus padres, ya fallecidos.

La Virgen de las Nieves residirá durante dos semanas en la iglesia de la Inmaculada Concepción

Un pueblo de fe

También acompañaba a las imágenes un ejército de reyunos vestidos con la indumentaria tradicional marinera. Entre ellos se encontraban Rosi Medina y Rita Sánchez. Para ambas mujeres, la fiesta de Las Nieves es «de lo más grande». Desde su infancia acuden a esta cita por promesa y porque Agaete es un pueblo de «mucha, mucha fe». Vestidas de blanco y azul, llevaban colgada del cuello una medalla de la Virgen de las Nieves que aferraban contra su pecho. La representación de esta copatrona de la villa norteña es un retablo flamenco pintado por Joos van Cleve entre 1530 y 1532, que Antón Cerezo mandó traer desde Flandes.

El monaguillo zarandeaba el turíbulo mientras los fieles se apelmazaban a medida que la procesión se acercaba a la plaza. Muchos aprovechaban la lentitud del paso para saludar a los vecinos con besos y abrazos. «¿Cómo estás? ¿Todo bien?», preguntaban algunos todavía con ronquera. Cuando las imágenes llegaron a la plaza de la Constitución, acompañadas por las autoridades civiles y eclesiásticas, se escuchó el himno compuesto por Tomás Martín Trujillo, cariñosamente conocido como Tomasito. «Dios te salve, Madre de Las Nieves, llena tú de la gracia de Dios, vida, dulzura, esperanza nuestra, Madre del Divino Redentor», expresan las primeras líneas que tantas generaciones han cantado cada 5 de agosto.

La reyunas con su atuendo marinero acompañan a Nuestra Señora de Las Nieves.

La reyunas con su atuendo marinero acompañan a Nuestra Señora de Las Nieves. / Yeremi Almeida González

Iraya Molina lleva acudiendo a esta celebración toda la vida, porque así lo hicieron también su madre y su abuela. Está segura de que es una fecha en la que todos los vecinos del pueblo salen a la calle, a diferencia de lo que ocurre durante La Rama, cuando a veces encontrar a un culeto es como buscar una aguja en un pajar, explicaba. Ella, sin embargo, nunca se pierde la cita. Este año, desde las diez de la mañana, ya se encontraba en la calle junto a su amiga Margot Medina.

El estruendo de la traca

Cuando cesó la música solemne, un estruendo robó de golpe la atención de los asistentes, que rápidamente se llevaron las manos a las orejas. Era la tradicional traca que, además de dejar tras de sí una gran humacera, provocó que a Ana se le atascara algo en la garganta. «Abrí la boca para que no se me taponaran los oídos y, con el viento, se me llenó de papeles», explicaba la mujer mientras se le saltaban las lágrimas de tanto reírse del incidente junto a sus amigos Bentejuí, Marcos y Joel.

La tradicional traca, además de dejar tras de sí una gran humacera, provocó que a Ana se le atascara algo en la garganta

Tras el susto ensordecedor, las imágenes continuaron su recorrido en procesión por los alrededores de la plaza. Mientras tanto, en el interior del templo de la Inmaculada Concepción, reestrenado en 1892 después de un incendio devastador, todo estaba impoluto para recibirlas. A ambas imágenes las aguardaba un vals de abanicos de lunares coloridos mientras que los devotos entraban corriendo por los laterales del edificio para grabar con sus teléfonos móviles la entrada de la Virgen.

Muchos se sorprendieron cuando una lluvia de pétalos blancos cayó sobre la imagen de la Virgen. Tras su paso quedó un manto blanco que recordaba a la nieve ligera, lo que aumentaba la emoción de la llegada al templo. La Virgen de las Nieves completó así el camino desde el puerto hasta el casco de Agaete, donde permanecerá las próximas dos semanas.

Música para cerrar la jornada

Agaete vivió, además, una tarde pensada para los vecinos, con varias horas de música y una gran verbena al son de New Sabrosa Band y Armonía Show. Después de la solemnidad de la mañana, la celebración continuó en el pueblo en una jornada marcada por la tradición, el encuentro y la devoción.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents