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Teror

Unos sacan brillo y otros desmontan el altar: sesenta vecinos de Teror trabajan a contrarreloj para la bajada de la Virgen del Pino

Mientras los peregrinos empiezan a llegar con sus promesas, en la trasera de la basílica se libra otra batalla: la de quienes trabajan contra el reloj para que todo esté listo para este sábado, cuando la Virgen del Pino baje de su camarín

MG 2498

MG 2498 / Yeremi Almeida González

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Yeremi Almeida González

Yeremi Almeida González

Teror

Teror ya está dando la bienvenida a los grupos de peregrinos. Sin embargo, en esta ocasión, los más apurados se encontraron con la puerta de la basílica de Nuestra Señora del Pino cerrada. Al menos durante unos minutos. En su trasera, todo es un corre corre. Y no es para menos. En dos días, como cada septiembre desde 1928, la Virgen del Pino bajará desde su camarín para reunirse con los devotos que llegan para apreciar su divinidad desde cerca. Como novedad, en esta ocasión la virgen portará el bastón de mando del rey Alfonso XIII, con el que fue declarada capitana.

No es la primera vez que la imagen desciende este año, pues el pasado junio salió de su basílica y viajó a la capital, acompañada del Santo Cristo de Telde, para presidir la eucaristía que celebró el papa León XIV en el Estadio de Gran Canaria. Sin embargo, esta vez no se va lejos; se queda en casa, entre los suyos. Pero antes de que llegue el gran día, aún quedan muchos asuntos por resolver y, en este pulso contra el reloj, el segundero parece llevar las de perder.

Los preparativos de una tradición centenaria

La maquinaria de la Basílica ya se puso en marcha desde la segunda quincena de agosto. Para que todo salga como lo prometido, el trabajo se reparte entre 60 terorenses divididos en comisiones formadas por grupos de cinco a siete vecinos. Los hay que se encargan de vestir el trono de flores. Para conseguirlo, los expertos estudian la tonalidad que mejor combina con la madera policromada del rostro de la patrona o con el centelleante plateado del trono, una pieza del siglo XVIII. Pero no siempre se seleccionan los brotes más hermosos por mucho que gustaría, ya que también se tiene en cuenta la resistencia de los ejemplares, que deben perdurar a lo largo de una semana cargada de fiestas, actos religiosos y miradas atentas.

Los manteles que cubren los altares tienen también su propia comisión encargada de la selección, la reparación, el planchado y la colocación. En esta misma línea, otro equipo confecciona y frunce los distintos tramos de tela que se colocan en el montaje, siempre siguiendo las pautas que marca la tradición.

Quizás la tarea más laboriosa sea la que desempeña el equipo encargado de los metales, quienes con meticulosidad y paciencia infinita sacan brillo a los candelabros, las jarras, los tronos y todo tipo de reliquias litúrgicas. Domingo García se encuentra adecentando el frontal del altar principal, una obra de orfebrería con roleos de plata y de aproximadamente cuatro metros de longitud. También le toca limpiar los dos floreros de plata que adornan los extremos del altar. Con un paño empapado de fervor, Domingo frota y frota para "quitar un poquito la oscuridad que tiene". Lleva desde las nueve de la mañana entregado a la tarea, sin prisa pero sin pausa. Para completarla solo hace falta un "ratito" que se puede convertir en un "montón" de tiempo "si levantas la cabeza a cada rato", explica el hombre con sabiduría.

Domingo García saca brillo al altar de la Virgen del Pino.

Domingo García saca brillo al altar de la Virgen del Pino. / Yeremi Almeida González

Manos que mantienen vivo el legado

En realidad, el truco para conseguir un trabajo impoluto es sencillo. No hace falta nada del otro mundo, solo agua, jabón y un paño. Eso sí, "hay que frotar fuerte", explica Domingo, quien lleva más de quince años desempeñando esta labor. Desde su modestia, al carpintero le cuesta admitir que gran parte de las piezas de madera que adornan la basílica están hechas con sus propias manos. Él no es mucho de disfrutar las fiestas, prefiere trabajar para que todo salga perfecto. En esto sus nietos no salieron a él. "Los veo salir, pero nunca llegar", bromea Domingo.

En los últimos cinco años, asegura el párroco Venerando Novelle, las comisiones están experimentando una regeneración con la incorporación de las generaciones más jóvenes a la tradición. "Lo bonito de todo esto es que, como la mayoría de voluntarios son de aquí, de Teror, viven esto con devoción y cariño. Es una forma de prestar un servicio y de devolver ese cariño que tienen por la virgen", argumenta Novelle.

Con 25 años, Daniel Ojeda es el encargado de bajar las piezas del trono, que se compone de las andas, la parte inferior o basamento del trono; el baldaquino, la parte superior y más antigua; y los ángeles custodios. Después de este paso vienen dos más. Un grupo saca brillo a las piezas y otro vuelve a montarlas. "Desde chiquitito, poquito a poco y cada vez un poquito más", Dani lleva participando de una forma u otra en los preparativos de la bajada de la imagen de Nuestra Señora del Pino. Además, no solo desempeña tareas de fuerza, también le canta a la virgen tanto en los días del Pino como en los de Las Marías, unas fiestas que vive siempre con "intensidad", declara. Dani admite que no es habitual ver a alguien tan joven en las comisiones. "Pero bueno, romper un poco los cánones también está bien", comenta con gracia.

Teror cuenta las horas para la bajada

Desde la semana pasada, cuando el Museo de Arte Sacro empezó a abrir por las tardes, Zenaida González echa alguna horita más de las que le corresponden en la pequeña tienda. Este año le ha sorprendido la cantidad de chicharreros que han venido a los pies de la virgen. Los artículos más demandados son rosarios, pulseras y estampas. Sin embargo, para la bajada de la virgen este sábado, su tarea también será grabar contenido para alimentar al goloso monstruo de las redes sociales. Mientras tanto, Zenaida atiende llamadas telefónicas por minuto. Riiin, riin. Casi no la dejan hablar para este periódico. Hasta hace no mucho, la bajada de la virgen no era un hecho relevante en su vida. Pero la fe se le ha ido contagiando poco a poco, confiesa. Sobre todo, explica, después de presenciar tantas expresiones de este sentimiento. Ver a devotos recorriendo la basílica de rodillas se ha convertido en algo habitual en su día a día.

El párroco Novelle explica que la esencia de El Pino sigue siendo la devoción por la virgen. "El día de la bajada, para mucha gente, es una especie de efervescencia emocional que se contagia. Es el momento en el que uno piensa: ha llegado el momento de encontrarse con ella", manifiesta el párroco. Son, admite, unos días de "ajetreo" en los que casi se puede respirar el "nerviosismo" y el "cansancio". A pesar de ello, cuando todo pasa, lo que queda es la "ilusión" y la "satisfacción" de ver que todo salió redondo.

Y así, Teror cuenta ya las horas para que la virgen baje de su camarín. Este sábado, cuando por fin lo haga, sesenta pares de manos curtidas podrán por fin descansar y colarse entre la multitud de peregrinos que aguarda abajo, entre rezos, cámaras de móvil y el nerviosismo de quien lleva semanas esperando este momento. A partir de entonces, y durante los próximos 15 días, la imagen permanecerá abajo para que todos los visitantes y vecinos que lo deseen puedan acercarse a ella.

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