Resultan innumerables los atractivos naturales y etnográficos que alberga la Villa de Moya en sus 32 kilómetros cuadrados de superficie y que suponen una importante oportunidad para el desarrollo de un sector turístico basado en la sostenibilidad y el respeto al entorno. Con una tradición agrícola y ganadera centenaria y gracias a su riqueza hidrologica, el municipio norteño fue considerado durante siglos la capital del campo de Gran Canaria. Un reconocimiento que ha llevado a la Villa verde a ser depositaria hasta nuestros días de la más auténtica cultura rural de nuestra isla, así como de las tradiciones más ancestrales. Entre las que cabe destacar los productos gastronómicos como el queso de medianías, los bizcochos lustrados o los suspiros, que le han dado fama a Moya dentro y fuera de nuestras fronteras. Un ambiente genuinamente rural que todavía hoy se conserva y causa admiración entre los cientos de visitantes locales y foráneos que se adentran a conocer los tesoros moyenses, bien como punto de visita de sus excursiones o pernoctando varios días en cualquiera de los hoteles y casas rurales con los que cuenta el municipio.

Y que se encuentran integrados en una completa guía de alojamientos diseñada por el Ayuntamiento de la Villa de Moya y disponible tanto en versión impresa en la Oficina de Turismo como digital, a través de la página web municipal villademoya.es. Doramas, Fontanales Pelibuey, El Castañar, La burbuja de La Jurada, El Drago, La Trastienda y el pastor, El laurel, Montaña Doramas, El Majano, las cabañas Valle verde o las Casas de Lola y Rafael, forman la guía de alojamientos.

Una amplia oferta y servicios, donde los visitantes encontrarán la mejor atención y confort para disfrutar al máximo de una zona de especial belleza de la isla de Gran Canaria, de la propia idiosincrasia de Moya y de su gente, que hace atractiva cualquiera de las actividades, económicas o de ocio, que tienen lugar en el municipio. Desde la ya mencionada gastronomía y repostería, pasando por un interesante patrimonio arquitectónico y costumbrista, hasta lugares únicos para la práctica de deporte en contacto con la naturaleza y el mar. Lo cierto es que la Villa de Moya conquista desde el primer instante a todo aquel que se adentra en sus paisajes, con un continuo contraste desde la cumbre hasta la costa.

Uno de los mayores tesoros de la Villa de Moya lo forman los siete espacios naturales protegidos con los que cuenta; entre ellos, la Reserva Natural Especial de Los Tilos, emblema y orgullo de todos los moyenses y grancanarios en general. Testigo silencioso de la antigua Selva de Doramas que se extendía siglos atrás por la vertiente norte de Gran Canaria y que hoy tiene en Moya el relicto de Laurisilva más extenso y mejor conservado de la isla. Con magníficos ejemplares de tilos, laureles, barbusanos, acebiños y muchas otras especies endémicas, que constituyen una formación boscosa termófila única de la Macaronesia.

Sin olvidar la Reserva Natural Especial de Azuaje y la Reserva Natural Integral de Barranco Oscuro, dos áreas de sensibilidad ecológica con una gran riqueza de flora y fauna endémica. O el Montañón Negro, una formación geológica singular y de gran interés científico por ser representativa del más reciente vulcanismo insular, situada en la zona de cumbre. Y rumbo hacia el otro extremo del municipio, los palmerales se alzan voluminosos casi hasta el litoral, zona apreciada por la riqueza de su vida marina y por la calidad de sus olas para la práctica de deportes como el surf. Formando en su conjunto una bella y colorida instantánea que no extraña que inspirara y siga inspirando a artistas de todas las disciplinas, como plasmó en palabras que pasarían a la posteridad el ilustre y universal poeta local Tomás Morales.

Pero Moya es también historia. Antes de la conquista de Gran Canaria fue hogar del noble caudillo aborigen Doramas y yacimientos como La Montañeta o las propias Cuevas de Doramas aún conservan importantes restos arqueológicos de la época prehispánica. Del siglo XV es la talla de Nuestra Señora de Candelaria, patrona de la Villa, ubicada en la iglesia que luce el nombre de la virgen y la Parroquia creada con la lectura del Sínodo por parte del obispo Fernando Vázquez de Arce, en 1515. En este emblemático y ya icónico edificio religioso, construido en el año 1943 sobre la antigua ermita originaria, se encuentra también la talla de San Judas Tadeo, obra del famoso escultor canario José Luján Pérez, en 1803, y que forma parte del valioso arte sacro que se puede visitar también en la Villa de Moya. Además de varios museos que reflejan el interés que siempre ha despertado entre escritores, pintores y artistas como lugar de inspiración.

Los montes, senderos y terrenos agrícolas del municipio norteño han sido el sustento durante generaciones de un pueblo especialmente trabajador e infatigable, hospitalario y alegre, que ha sabido adaptarse al entorno a la perfección, sacando el mayor partido a la naturaleza que le envuelve con respeto y responsabilidad. Virtudes que en cada tiempo han permitido la diversificación de la economía local en un marco rural y que en la actualidad se han trasladado a la creciente afición por los deportes al aire libre y de montaña. Una vez más en armonía, los paisajes por los que pastan en libertad los rebaños ovinos de la amplia cabaña moyense, son compartidos por senderistas y corredores de Trail que llegan a Moya atraídos por las espectaculares condiciones que ofrece para esta practica.

Y es que los aspectos culturales y sociales moyenses están tan intrínsecamente ligados al campo, como lo está la evolución de éste a la idiosincrasia de sus habitantes. Lo que convierte a la Villa de Moya en un destino ideal para vivir experiencias en contacto con la naturaleza y disfrutar del confort y relax lejos de la rutina y de las aglomeraciones, pero a la vez muy cerca de la amplia oferta cultural y de ocio que durante todo el año ofrece tanto el propio municipio, como la comarca norte de Gran Canaria o la capital isleña, Las Palmas de Gran Canaria, de la que se encuentra a apenas veinticinco minutos en vehículo privado y con conexiones de transporte público.