Redes eléctricas: tan desconocidas como necesarias para la industria y el futuro del país
Impulsar las inversiones en la red es la clave para atraer a multitud de proyectos que quieren nuestra energía renovable para garantizar una economía fuerte y sostenible en el tiempo.
Redes eléctricas: tan desconocidas como necesarias para la industria y el futuro del país
Impulsar las inversiones en la red es la clave para atraer a multitud de proyectos que quieren nuestra energía renovable para garantizar una economía fuerte y sostenible en el tiempo.
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Las redes eléctricas están detrás de todo. Hacen posible que suene el despertador del móvil, que haya duchas de agua caliente y maratones de series cada viernes. De ellas depende también el funcionamiento de los hospitales, el comercio online, el metro, el tranvía, la movilidad sostenible o el alumbrado de las calles.
En las últimas décadas se ha hecho patente la necesidad de alcanzar un acuerdo global para frenar el cambio climático. Este pacto se sustenta en tres grandes palancas que implican tanto a las administraciones públicas como a las empresas y la ciudadanía: un consumo eficiente, la apuesta por fuentes de energía renovables y la electrificación en todos los ámbitos.
¿Y qué tienen en común estos tres ejes de actuación? La red de distribución. Una pieza esencial para abandonar el uso de combustibles fósiles (que España no tiene y debe pagar por ellos) como el carbón o el petróleo, y avanzar hacia la descarbonización de la industria y la economía. Durante décadas, España ha centrado sus esfuerzos en producir energías más limpias y fomentar el autoconsumo, y se ha posicionado a la cabeza en generación de renovables.
Sin embargo, las redes de distribución (y las de transporte) han permanecido en un segundo plano, a pesar de su papel crucial. Son las encargadas de canalizar esa producción energética, que no ha dejado de crecer, para que llegue a donde se necesita: viviendas, transporte público y desarrollos industriales de todo tipo. De manera resumida, son las infraestructuras que transportan la electricidad hasta el usuario final.
Adaptarse a una demanda nueva e intensiva
En los últimos años, la transición energética se ha visto acompañada por un fuerte crecimiento de la demanda eléctrica. Según la consultora EY, en su estudio “Modelo de previsión de Demanda y estimación de necesidades de inversión 2025-2035”, elaborado para aelēc (Asociación de Empresas de Energía Eléctrica) junto al Instituto de Investigación Tecnológica y la Universidad Pontificia Comillas, “las compañías se enfrentan a un volumen creciente de solicitudes de acceso y conexión, impulsadas principalmente por la electrificación industrial y nuevos usos. En este escenario, resulta imprescindible desarrollar las infraestructuras necesarias que permitan dar una respuesta ágil y eficaz a dichas solicitudes, identificando con precisión las necesidades de conexión y las soluciones técnicas que permitan electrificar esta demanda de forma eficiente sin olvidar la calidad y seguridad de suministro”.
Desde aelēc subrayan que España necesita un modelo capaz de desarrollar unas redes eléctricas que respondan a esta nueva demanda, al tiempo que impulsen la descarbonización y fortalezcan la industria. En este contexto, destacan ejemplos como los grandes centros logísticos o los centros de datos. Estos últimos requieren energía segura, competitiva y renovable, alineada con la planificación de las redes de transporte y distribución.
Begoña Villacís, directora ejecutiva de SpainDC, Asociación Española de Centros de Datos, explica que en el caso de los Centros de Datos estos generan una demanda “más continua y predecible que la de otras industrias”, lo que beneficia al sistema. Además, continúa, “es una demanda que evoluciona ya que la inteligencia artificial y cómputo de alto rendimiento concentran más potencia por sala y exigen baja latencia, lo que se consigue con avances tecnológicos constantes, entre ellos, de refrigeración muy avanzados y eficientes”.
Digitalización y desarrollo
Por ello, Marta Sánchez, Socia responsable del sector Energía en EY, y coautora del citado estudio insiste en que “la electrificación necesita de políticas que permitan reforzar, desarrollar y digitalizar la red eléctrica, lo que se traduce en inversión. Inversión que permita equilibrar una alta producción con una demanda cada vez mayor. La capacidad para responder de forma eficiente a ese crecimiento será determinante para atraer nueva actividad industrial y fortalecer la competitividad del tejido productivo”.
Anticiparse en la transformación del sistema eléctrico es, por tanto, esencial para no perder oportunidades que impulsen el crecimiento del país. Es una condición indispensable si España quiere avanzar hacia la reindustrialización, la independencia energética y la competitividad económica. Lo que es lo mismo, no invertir lo suficiente en fortalecer las redes eléctricas supondría perder las oportunidades que ofrece la electrificación industrial y la digitalización, así como el desarrollo urbano, logístico y de movilidad. Incluso el progreso socioeconómico de las zonas rurales de la llamada “España vaciada” dependerá de estas inversiones en infraestructuras, que facilitarán la llegada de nuevas industrias y la creación de puestos de trabajo.
Sobre la digitalización, Sánchez va más allá y destaca “que es clave para optimizar el uso de la red y la planificación de su desarrollo futuro. La planificación se convierte en una función clave en el momento en que nos encontramos donde las compañías deberían anticipar ciertas inversiones para no poner en riesgo esas inversiones del sector industrial o de nuevos sectores económicos. Debe permitir poner en marcha servicios de flexibilidad que ayuden a las compañías distribuidoras de electricidad a optimizar tanto las inversiones en refuerzo como en la gestión de los accesos y la demanda de los clientes”, comenta la experta.
La revolución detrás del enchufe
No hay que olvidar que las redes de distribución eléctrica están reguladas por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), que, junto a la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), define el marco de inversión y en el que se desarrollan estas infraestructuras esenciales. Al MITECO le corresponde decidir la estrategia general de política energética, y ésta claramente apuesta por la electrificación. Por su parte, la CNMC está a punto de hacer públicas las señales que determinarán las inversiones del sector eléctrico en los próximos seis años. Y sus propuestas no convencen al sector ni a los segmentos industriales que necesitan de las redes para electrificarse.
Aquí la especialista de EY asegura que “España se encuentra en un momento crucial para consolidar el avance de la transición energética como una oportunidad para desarrollar y generar riqueza para el país”. Y en este contexto, en el que el tejido económico e industrial se encuentra en la antesala de una decisión clave para su futuro, explica José Manuel Revuelta, director general de Redes de Endesa: “La transformación energética, tecnológica e industrial vendrá marcada por si somos o no capaces de aprovechar las posibilidades que nos ofrece la electrificación. Y eso pasa por invertir en fortalecer la red eléctrica”.
Los beneficios de una red moderna, potente y resiliente
Priorizar las inversiones en la red eléctrica —desde el transporte hasta el consumo final— para reforzar la existente y desarrollar nueva, es esencial por su efecto multiplicador. Para ello, se precisa un marco predecible y competitivo (con reconocimiento de inversiones, límites adecuados y una tasa de retribución comparable a la europea) que incentive invertir ahora, no más adelante. “De lo contrario, el capital se irá a otros países”, advierte el responsable de Redes de Endesa.
Precisamente, según Sánchez “el reto principal para mantener la atracción de inversiones tanto para la nueva demanda como para el crecimiento de la demanda existente es el desarrollo de las redes. Disponer de capacidad de acceso a la red es clave para llevar a cabo los proyectos y ejecutar las inversiones”.
Lo contrario —no contar con un acceso suficiente y flexible a la electrificación— supondría un freno para la economía española. Tal y como apunta Villacís, “menos productividad y menos soberanía tecnológica”, a lo que añade: “Perderíamos inversión y empleo cualificado y, sobre todo, competitividad digital pues subiría la latencia[LP1.1] de servicios críticos como sanidad digital, banca o administración”. Es decir, aumentaría el tiempo que tardan los paquetes de datos en viajar. Y una latencia baja (corto tiempo de respuesta) es crucial.
Según el director de Redes de Endesa, además de más kilómetros y capacidad, hace falta una digitalización masiva —redes sensorizadas y automatizadas, gestión de datos, inteligencia artificial— para operar un sistema con generación distribuida, autoconsumo, vehículos eléctricos y nuevos modelos como la flexibilidad y el almacenamiento. Todo ello solo es posible si se garantiza un retorno adecuado de la inversión, apunta, tras señalar que más inversión no tiene porqué traducirse en un encarecimiento de la factura eléctrica ya que los peajes que abonará la nueva demanda compensará sobradamente la inversión realizada para darles acceso a la red.