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La vida bajo el volcán

La investigación de José de León reconstruye el territorio de aldeas sepultadas por las erupciones en Lanzarote

Lugar donde estaban la aldea y e cortijo de La Geria.

Lugar donde estaban la aldea y e cortijo de La Geria. / LP/DLP

Aránzazu Fernández

El 1º de septiembre [del año 1730] entre las nueve y diez de la mañana la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca...". Es el comienzo del relato manuscrito en el que el entonces cura párroco de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, describió el comienzo de las erupciones que tuvieron lugar en Lanzarote en el siglo XVIII y que transformaron una cuarta parte de la superficie de la Isla, cerca de 200 kilómetros cuadrados, casi equivalentes a las dimensiones de El Hierro.

La lava arrasó todo lo que encontró a su paso y sepultó varias aldeas como Chimanfaya, Los Rodeos, Mancha Blanca, Santa Catalina, Tingafa, Peña Palomas, Testeina, y Masintafe, entre otras poblaciones. A su vez, el fuego arrasó con campos de cereales, base de la economía insular por aquella época.

La vida bajo el volcán

La vida bajo el volcán

La Casa de los Volcanes, el centro científico dependiente del Cabildo de Lanzarote, presentará a comienzos del próximo mes de mayo la publicación que recoge la tesis doctoral del doctor en Historia y arqueólogo conejero José de León, quien tras catorce años de investigación, ha realizado una "reconstrucción" de todo el territorio que quedó bajo la extensión volcánica en los seis años casi ininterrumpidos de erupciones. Hubo algunos periodos de aparente calma que duraron varios meses. El trabajo lleva por título Lanzarote bajo el volcán. Los pueblos y el patrimonio edificado sepultados por las erupciones del siglo XVIII e incluye un mapa desplegable con unos 300 topónimos para facilitar al lector la ubicación de los lugares a los que se hace referencia en la publicación.

Hasta el momento en el que De León inició su trabajo el conocimiento sobre la actividad volcánica de la Isla de hace dos siglos "no era mucho, más bien recurrente", destacó el historiador. "Salvo el testimonio del diario del cura de Yaiza, que describió algo más de un año de lo ocurrido, el manuscrito encontrado en el Archivo de Simancas que dio a conocer la profesora Carmen Romero sobre lo acontecido, una descripción del Obispo De Ávila y Cárdenas, algún mapa sencillo de Pedro Agustín del Castillo o Torriani de la Isla antes de las erupciones así como diversos trabajos sobre el desastre pero sin precisar qué había en ese territorio antes del fuego, no existe una información detallada de lo que hubo debajo del manto lávico ni se fijó dónde estaban esos pueblos", afirmó el investigador.

Por eso, el interés del trabajo realizado por De León está en que en el mismo se concreta por primera vez el espacio "físico" cubierto por los volcanes con sus montañas, hoyas, barrancos, fincas, zonas de costa, lomos, topónimos y la infraestructura construida como maretas, ermitas, pajeros, casas, aljibes y tahonas, entre otras edificaciones.

EL ÉXODO. La configuración de la Isla, explicó De León, "era muy distinta a la actual, pero no era homogénea, pues toda el área costera entre Tinajo y Yaiza eran más bien terrenos pedregosos, seguramente con muchos tabaibales, como se puede ver hoy en los islotes. El volcán se cargó una de las zonas más fértiles de Lanzarote".

En la zona central de Lanzarote estaban pueblos como Santa Catalina, Chimanfaya, El Chupadero o Mancha Blanca con vegas agrícolas destacadas. Era el caso de Esmeralda, Agua Clara y el Boyajo, una de las más ricas de la Isla, con una dehesa para el pasto de las vacas.

Se calcula que en los seis años que duró la catástrofe, unas 2.000 personas, algo menos de la mitad de la población insular de aquel entonces, que era de unos 5.000 habitantes, tuvieron que dejar sus casas y huir delante del fuego. Muchos de los desplazados emigraron a "Fuerteventura, otros a Tenerife, Buenos Aires, Caracas, Maracaibo y hasta Filipinas", recordó De León.

Otra de las novedades surgidas del trabajo, es que la ermita de Nuestra Señora de la Candelaria, que ha sido asociada desde siempre al pueblo de Tías, donde actualmente se ubica, no tuvo ahí su emplazamiento original sino en el centro de la geografía insular, en las inmediaciones del Peñón y Tisalaya. El material lávico la cubrió a finales de 1734.

El uno de abril de 1734 varios vecinos de Tinajo se reunieron para pedir la mediación de la Virgen de Los Dolores, patrona de Lanzarote, con el fin de que parase el avance de la lava, encuentro que quedó registrado en un documento manuscrito que De León halló en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas durante su trabajo.

La erupción más reciente tuvo lugar en 1824 y creó los volcanes de Tao, Nuevo del Fuego y Tinguatón.

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