En tiempos fue un dromedario el que le dio nombre, que permaneció en el tiempo. Luego ocupó su lugar la basura. Los terrenos donde en un futuro, si se culmina el proceso y llega el dinero, se levantará el Palacio de Congreso de Arrecife no eran otra cosa que el histórico vertedero de la capital lanzaroteña, donde todo se arrojaba de cualquier manera y se enterraba hasta bien entrados los años cincuenta. De hecho, se dice que basta con escarbar algunos metros en estos terrenos para que afloren las inmundicias del ayer.

Si el proyecto ve la luz, lo cual no siempre es fácil en Lanzarote, la Baja del Camello pasará a convertirse en un lugar emblemático. Pero bajo los cimientos del edificio seguirán reposando los restos enterrados de una isla pasada.