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Ayuda divina contra el volcán

En enero de 1731 la Iglesia recurrió a la Virgen del Pino para acabar con las erupciones de Lanzarote, que se veían desde Gran Canaria

Dos turistas contemplan las coladas de Timanfaya.

Dos turistas contemplan las coladas de Timanfaya. A. PERDOMO

El 11 de enero de 1731 los miembros del Cabildo Catedral de Canarias mantenían una reunión extraordinaria para reclamar la milagrosa intervención de la Virgen del Pino para aplacar el fuego de los volcanes que estaba asolando la isla de Lanzarote. Y es que a pesar de las muchas rogativas y súplicas que los vecinos de Lanzarote y Gran Canaria habían realizado a la "Majestad Divina", las erupciones volcánicas que habían comenzado varios meses antes, concretamente el 30 de septiembre de 1730, seguían sembrando el pánico entre los habitantes de las islas.

El objetivo de la reunión del Cabildo Catedral no era otro que aprobar la petición formulada por la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria para que la Virgen del Pino bajase, una vez más, desde la Basílica de Teror hasta la capital para que diese "consuelo y alivio" ante la ira de los volcanes.

Las erupciones durante los primeros meses fueron de tal magnitud que incluso acrecentó el miedo entre los grancanarios. "La continuación de los volcanes en Lanzarote ha llegado a extremos de verse desde estos parajes el fuego de ellos y por muchos días espantosos golpes o vuelcos que tienen atemorizados estos pueblos", se recoge en el acta de la reunión del Cabildo Catedral que, tras una votación secreta de todos sus miembros, acordaron sin ningún tipo de oposición que la imagen de la patrona de Canarias bajase seis días después, el 17 de enero.

Eso sí, para aprovechar la nueva visita de la Virgen, se le pidió también que trajera un poco de lluvia para los cultivos y pastos de los animales de Gran Canaria.

Una Bajada que, sin embargo, a punto estuvo de suspenderse un días antes, por las copiosas lluvias que cayeron sobre Gran Canaria la noche anterior. Otra reunión del Cabildo Catedral convocada de forma urgente, el 16 de enero, decidió que la Virgen saliera desde Teror hacia Las Palmas de Gran Canaria tal y como estaba programado días atrás.

El libro Crónicas Documentales sobre las Erupciones de Lanzarote, escrito por la vulcanóloga Carmen Romero Ruiz, recoge una transcripción de los manuscritos que se conservan en las bibliotecas y archivos insulares. Unos documentos que relatan casi en primera persona cómo vivieron los habitantes de las islas unos sucesos que marcaron para siempre la historia del Archipiélago.

De hecho, la mayor erupción de la que se tiene constancia en la isla de Lanzarote figura en archivos como el de Simancas, en Valladolid, donde se encuentra recogido el expediente promovido por la Real Audiencia de Canarias que relata los episodios volcánicos desde septiembre de los año 1730 y abril de 1731.

Sin embargo, la versión más conocida de las erupciones de 1730 es la del famoso cura de Yaiza, Andrés Lorenzo Curbelo, reproducido en el capítulo que el geólogo alemán Leopold von Buch dedica en uno de sus libros en 1836. "Entre las 9 y las 10 de la noche la tierra se entreabrió de pronto cerca de Chimanfaya, a dos leguas de Yaiza...", escribía el sacerdote en la que está considerada como la primera crónica periodística de lo que aconteció en la isla. Las actas capitulares son también una importante fuente para conocer el sufrimiento de una isla. De hecho, se dio órdenes precisas para evacuar a los lanzaroteños hacia Fuerteventura e incluso para salvaguardar los granos de la cosecha del fuego de los volcanes.

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