Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Entrevista. Candidato al premio Global Teacher

César Bona: "El día que solo abra un libro para dar clases y cobrar me cambio de profesión"

El zaragozano es uno de los 50 nominados al prestigioso premio 'mejor maestro del mundo', dotado con 883.000 euros

César Bono en la plaza del Ayuntamiento de Tías, en Lanzarote, con su libro 'El cuarto hocico', sobre la creación de una protectora de animales por escolares. D. HERNÁNDEZ

Usted ha sido nominado al que se considera el nobel de la enseñanza. ¿Qué se siente?

Desde que se supo mi nominación me han calificado como el mejor profesor de España. Y yo les digo que eso no es cierto porque hace unas semanas mi trabajo era anónimo y estoy seguro de que hay cientos y cientos de profesores en nuestro país que hacen un trabajo excepcional. En cambio este reconocimiento sirve para que familias, directores y profesores que dudaban de sus métodos, en los que se tenía en cuenta el factor humano, se animen a seguir con su labor. Yo les dijo a los niños que soy maestro pero que no lo sé todo. Puede ser el punto de partida para que ellos también puedan participar de su educación. Se trata de que se impliquen tanto dentro de la clase como fuera para cambiar el mundo en el que estamos. Uno de los objetivos por los que al parecer se me nominó fue por ese impulso de la creatividad de los niños pero sobre todo por promover la participación infantil en la sociedad. Mi gran premio es que se hable de la educación en positivo cuando llevamos años hablando de que la educación pública española no era demasiado buena.

Uno de los pilares del actual sistema educativo es la memoria. ¿Qué opinión le merece?

No podemos renunciar a la memoria porque también es interesante. Pero sí es verdad que cuando nosotros estudiábamos la única ventana al mundo que teníamos eran los libros. Ahora tenemos herramientas que son muy válidas que hay que aprovechar, sobre todo internet, para estimular su curiosidad. No hay que darles cosas que tengan que repetir, sino investigar, que se hagan preguntas y que interactúen con el maestro. Esa implicación sucede en cualquier trabajo pero la gran diferencia es que los adultos podemos intentar cambiar de trabajo pero los niños no tienen esa opción. Como mínimo van a estar diez o quince años sentados en un aula y tenemos que hacer lo posible por que estén a gusto y participen.

Algunos profesores pensarán que sus métodos no son posibles con aulas masificadas.

Yo he pasado por todo tipo de escuelas: centros privados, concertados, públicos, aulas unitarias, rurales, de los llamados de difícil desempeño. Me refiero a que siempre se pueden hacer cosas. Para mí lo más importante de un maestro es la actitud. Obviamente se nos tienen que poner las cosas más fáciles, porque donde antes había 15 maestros ahora hay diez y nos piden que hagamos maravillas. Hay que poner la educación en el lugar que se merece y ser críticos con el trabajo de cada uno.

¿No cree que a veces el maestro se siente como un quijote ante el actual sistema educativo?

Es cierto, llevo 14 años como profesor (siete en la pública) y he de decir que en ocasiones se siente una frustración brutal y te dan ganas de tirar la toalla. Lo que pasa es que a mí eso me dura un día porque siempre he dicho que el día en que me dedique a abrir el libro, dar la clase y cobrar me cambio de profesión porque eso no me alimenta ni la mente ni el alma. A veces hace falta que se apoye a la gente que realmente tiene ilusión por hacer las cosas.

Muchos padres se quejan de la multitud de deberes que se les mandan a sus hijos. ¿Usted cómo gestiona ese asunto?

A los padres y madres que vienen a mi tutoría les dijo que a los niños les dejo todos los días quince minutos en clase para hagan los deberes y después les pongo un horario en casa. Considero que hay que mandarles una cantidad de deberes que ellos puedan hacer en este tiempo porque también están los de matemáticas, lengua... Lo que les dijo a los padres es que me niego a que los niños lleguen a sus casas para hacer los deberes, cenar y dormir. Los padres tienen que disfrutar de sus hijos y los niños de la infancia. De hecho, si están tan saturados de deberes y actividades extraescolares, ¿qué hueco les queda para estimular su curiosidad?

¿Y la presión que ejercen los padres para que sus hijos saquen las mejores notas?

Nos hemos metido en una inercia de deberes y sacar buenas notas que debemos parar y volver a pensar. Lo más importante del ser humano, aunque suene a utopía, que no lo es, es en primer lugar el tema emocional. Si a un niño le presionas no rinde mejor. Tenemos la proyección del padre y la presión social. Somos más que una buena nota y eso hay que empezar a tenerlo en cuenta. Parece que tienen que salir Einstein de la escuela. El tiempo pasa muy rápido y cuando te das cuenta el niño ya no lo es.

¿Se puede decir que un profesor tiene demasiadas vacaciones y gana mucho?

Me parece ridículo. De hecho es una de las profesiones que más vocación requieren. Como es lógico hay de todo, como en cualquier profesión. Creo que tenemos que ser críticos y ser exigentes con nuestro propio trabajo. ¿Sabe cuál es para mí la diferencia entre trabajo y vacaciones? Que en mi trabajo cada día disfruto con lo que hago. Ahora bien, a los que critican les invito a que pasen un solo día delante de 25 alumnos, que no sólo intenten meterles datos en la cabeza, sino que hagan de ellos buenas personas y que sean capaces de relacionarse con los demás.

Compartir el artículo

stats