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Las Salinas recicla la goma de mascar

El instituto logra un premio regional con una investigación sobre nuevos usos para los chicles - Accesorios para lápices y bolígrafos y plantillas de gel para zapatos, entre los fines

Sentados de izq. a dcha., Aimar García, Nikolai Santana y Carlos Cañibano. De pie, de izq. a dcha., Juan Pablo Mojica, Jiten Rajesh, Denis Pallarés, Álvaro Martín, Alejandro Medina y Jesús Martín. Delante, chicles para reciclar y el recogedor.

Sentados de izq. a dcha., Aimar García, Nikolai Santana y Carlos Cañibano. De pie, de izq. a dcha., Juan Pablo Mojica, Jiten Rajesh, Denis Pallarés, Álvaro Martín, Alejandro Medina y Jesús Martín. Delante, chicles para reciclar y el recogedor. ADRIEL PERDOMO

En el Instituto de Educación Secundaria Las Salinas, situado en Arrecife, los chicles usados no acaban en las papeleras ni el suelo, en caso de que algún despistado los tire al piso dando muestras de su falta de civismo.

Las populares gomas de mascar terminan en el cubo de un carrito, que han diseñado de forma expresa para tal misión, alumnos de primer y tercer curso de la ESO de Las Salinas con el fin de recuperarlas, reciclarlas e investigar nuevos usos en objetos tan dispares como adornos infantiles para lápices, accesorios ergonómicos para bolígrafos que faciliten el aprendizaje de la escritura y plantillas de gel para zapatos, entre otras utilidades.

El proceso comienza con la recogida de los chicles durante los recreos. A continuación se introducen en un bote de cristal con alcohol para desinfectarlos y quitarles el mal olor. El tercer paso consiste en enfriarlos en la nevera antes de calentarlos en un horno eléctrico dentro de un vaso de precipitado para emblandecerlos. Después la masa que se obtiene, de color marrón, se introduce en un molde para conseguir la forma deseada del nuevo objeto que se quiera obtener y se deja enfriar para que se endurezca.

Los jóvenes investigadores han logrado materializar las fundas para los bolígrafos después de comprobar que el material obtenido es "impermeable, de alta tenacidad, tiene un bajo nivel de dureza y una alta moldeabilidad, características que permiten a los chicles reciclados tener distintos usos", aseguró el alumno Jesús Martín.

La iniciativa forma parte de un proyecto más amplio que combina ciencia y robótica y que el pasado 20 de febrero recibió en Los Cristianos (Tenerife) el Premio Museos de Tenerife a la Inspiración en la fase regional del concurso internacional First Lego League, organizado en Canarias por el Cabildo de Tenerife y TF Innova. La Universidad de La Laguna es una de las instituciones colaboradoras. A la convocatoria acudieron más de 450 escolares de las Islas pertenecientes a 42 equipos. El reconocimiento les da el pase a la cita nacional que se celebrará el próximo fin de semana en Girona.

En el certamen autonómico, que este año tenía como temática el reciclaje, participaron 18 estudiantes de Las Salinas con edades comprendidas entre los 13 y 15 años y que integran el grupo Robótica Androlanz.

Jesús admitió que no esperaban conseguir el premio porque "había mucho nivel", pero "al jurado le gustó la originalidad de nuestra idea y el hecho de que cerramos el ciclo de reciclaje, es decir, desde la obtención de un desecho hasta conseguir un nuevo producto que podíamos utilizar. También valoró la creatividad y nuestro esfuerzo", señaló el chaval, que fue el encargado de presentar al tribunal la propuesta de Las Salinas.

Los chicos acuden tres veces por semana a la clase de robótica que imparte en horario extraescolar el profesor Fermín Mochón en el citado centro de enseñanza pública.

Mochón explicó que la competición First Lego League trabaja tres apartados que van unidos entre sí y que se valoran todos por igual. Por un lado, "uno de los aspectos se centra en los valores, como el esfuerzo y el trabajo en equipo, que es algo que tenemos muy presentes y nos une como tal". Por otro lado, el proyecto científico en el que "investigamos nuevas formas de gestionar los residuos, en este caso ideamos trabajar con los desechos de los chicles" y por último, "el robot, que había que construir en base a un kit de piezas facilitadas y programar para realizar una serie de acciones. Con la ayuda de los padres trabajamos intensamente para cumplir todos los objetivos propuestos", destacó Mochón.

Los adolescentes tenían que ejecutar con el robot varias misiones: devolver a su hábitat una tortuga, un pulpo y un pollo, clasificar residuos y hacer funcionar un camión con hipotético gas metano. Todo ello en dos minutos y medio.

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