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José Ramírez Cerdá | La biografía

El político que transformó Lanzarote

El periodista Saúl García presenta en la FCM el libro 'Pepín Ramírez. El hombre que convirtió a Manrique en César' | Fue alcalde de Arrecife y presidente del Cabildo

Aficionado a la pesca. Pepín Ramírez fue un gran aficionado a la pesca y tenía una falúa con la que salía a faenar. En la imagen superior, Antonio López, César Manrique y Pepín Ramírez firmando ante notario la constitución de la Fundación Amigos de Lanzarote (hoy Fundación César Manrique). A la izquierda, Ramírez Cerdá en Timanfaya. Son muy pocas las fotografías de Pepín en los archivos del Cabildo y Ayuntamiento por ser poco dado a aparecer en actos públicos.

Aficionado a la pesca. Pepín Ramírez fue un gran aficionado a la pesca y tenía una falúa con la que salía a faenar. En la imagen superior, Antonio López, César Manrique y Pepín Ramírez firmando ante notario la constitución de la Fundación Amigos de Lanzarote (hoy Fundación César Manrique). A la izquierda, Ramírez Cerdá en Timanfaya. Son muy pocas las fotografías de Pepín en los archivos del Cabildo y Ayuntamiento por ser poco dado a aparecer en actos públicos. / archivo fcm

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D. Rivero

Alcalde de Arrecife y presidente del Cabildo, José Ramírez Cerdá (1919-1987) es, sin lugar, a dudas, el político lanzaroteño más influyente del siglo XX y el que logró, con la ayuda de un selecto grupo de colaboradores, entre los que se encontraba el artista César Manrique (1919-1992), la transformación económica y social de Lanzarote. Coincidiendo con el centenario de su nacimiento en Arrecife (el 15 de abril de 1919, nueve días antes que Manrique) la Fundación César Manrique (FCM) ha editado el libro Pepín Ramírez. El hombre que convirtió a Manrique en César, escrito por el periodista Saúl García.

El libro es una biografía de José Ramírez Cerdá que fue alcalde de Arrecife desde 1955 hasta 1960, presidente del Cabildo de Lanzarote entre 1960 y 1974, senador por el PSOE en el período 1983 - 1987, y, sobre todo, impulsor de la transformación moderna de la Isla, junto a César Manrique, proceso en el que desempeñó un papel clave la creación de los Centros de Arte, Cultura y Turismo. El libro alterna en quince capítulos la vida y la acción política de Ramírez Cerdá, una figura imprescindible para entender la historia más reciente de Lanzarote.

El político que transformó Lanzarote

El político que transformó Lanzarote

Según el autor del libro "José Ramírez fue un político durante el franquismo pero no fue un político franquista. Si sus motivaciones para ocupar un cargo público estaban relacionadas con el poder, era con el hecho de poder transformar la Isla en que nació". De hecho, se confesaba ateo practicante y tras dejar el Cabildo se presentó a las elecciones de 1982 como candidato socialista al senado por el PSOE.

"Aunque pertenecía a la pequeña burguesía lanzaroteña de la época, tenía dos antepasados políticos, su abuelo Rafael Ramírez Vega, el segundo presidente del Cabildo de Lanzarote y Domingo Ramírez Ferrera, alcalde de Arrecife durante la República, uno de sus referentes, que le aconsejó: El mejor alcalde es el que hace más escuelas".

El político que transformó Lanzarote

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En el libro se destaca que la condición que puso al delegado del Gobierno para que le nombrara alcalde fue que le facilitaran fondos paliar los problemas de la ciudad. "Arrecife tenía 9.000 habitantes, vivía de la pesca. La situación era mala: se calculaba unos seis litros de agua por persona y día. Su labor es básica: la que ahora se considera dar carácter urbano: asfalto, luz y agua", destaca García.

Su obsesión por la planificación y el desarrollo en sus etapas como alcalde y presidente fue uno de sus grandes méritos.

El político que transformó Lanzarote

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"El mismo día que tomó posesión del cargo de alcalde presidió otro pleno a las seis de la tarde en el que se aprobaron los planes de obras de 1955 y de 1956. Se aprobó también la construcción de cien viviendas protegidas dentro de la Obra Social del Hogar y la Arquitectura, y se cedieron a este organismo ciento sesenta y cinco mil metros cuadrados de terrenos en un solar municipal que se llamaba entonces, de forma general, Maneje, pero que después se llamó Titerroygatra, y que hoy se denomina Titerroy", señala García en su libro.

El primer parque municipal de Arrecife, que ahora lleva su nombre, es su principal legado en la capital. Un proyecto en el que involucró a su amigo César Manrique, que ya empezaba a repuntar en Madrid como pintor y que a la postre sería también la primera de sus colaboraciones. "En la práctica, Manrique se hizo cargo de la dirección de las obras, respetó la distribución de los espacios, pero eligió plantas autóctonas como cactus, veroles, tabaibas, tuneras o piteras, a las que se añadieron más tarde trece palmeras de Elche y otras cuatro de Haría. También cambió los materiales, sobre todo el cemento y el hormigón por piedras volcánicas, e incluyó un parque infantil con un monolito, inspirado en el de Guatiza, y un cono, ambos hechos de piedra volcánica", señala el libro.

El político que transformó Lanzarote

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"Pepín Ramírez, amigo mío desde la infancia, me entendía, a pesar de que creía que tenía una enorme fantasía, y fue el único que tuvo fe en lo que yo decía, entre los dos conseguimos la utopía en esta isla", reconocía Manrique en una entrevista.

Durante la presidencia de Ramírez Cerdá se inauguraron la Cueva de los Verdes, los Jameos del Agua, la escultura Fecundidad en el Monumento al Campesino, las Montañas del Fuego y el Mirador del Río. "Le faltó inaugurar el Museo de Arte Contemporáneo del Castillo de San José y el Jardín de Cactus, que fueron posteriores a su presidencia. Sin embargo, el jardín estaba proyectado desde el principio. En los primeros años de su presidencia, el Cabildo compró el viejo molino y las fincas colindantes, y si César lo terminó, en 1991, fue porque lo había pensado junto a Pepín", señala García.

Defensor de lo público

Uno de los grandes aciertos de Pepín fue crear la empresa de Vías y Obras del Cabildo con la finalidad de que fuera la institución la que realizara las principales infraestructuras viarias. "Pepín Ramírez fue un defensor acérrimo de la iniciativa pública. En 1963, dos tercios de las inversiones que se hicieron en la isla fueron públicas. El Cabildo se convirtió en el motor de la economía, algo que no se ha vuelto a repetir. Con esa política se consiguió modernizar, o crear, las infraestructuras de la isla y redistribuir la riqueza. En todos los sectores, no solo en el turístico, apostó por la iniciativa pública. También adquirió, gracias al consejo del abogado Emilio Sáenz, una gran cantidad de terrenos, muchos de ellos en Tahíche, donde después se han construido y se siguen construyendo dotaciones públicas", indica García.

El político que transformó Lanzarote

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Ramírez Cerdá puso en marcha en 1968 la Granja Agrícola Insular y construyó una bodega insular. Su defensa por el sector agrario le llevó también a impulsar " dos iniciativas, que se incluyeron dentro de las normas subsidiarias aprobadas en 1970, para salvar La Geria, y con ella su paisaje, como la única zona agrícola de la isla".

Pepín Ramírez fue también pionero en la defensa del paisaje insular. "En 1967 se aprobó el Reglamento de Defensa del Paisaje y de la Arquitectura Popular Lanzaroteña, que avanzaba alguna de las preocupaciones posteriores, como el color de las casas o los carteles publicitarios en el espacio público. Tiene diecisiete artículos. El artículo 9 prohíbe "la colocación de rótulos y anuncios en los márgenes de las carreteras y caminos vecinales por constituir un atentado a la contemplación del paisaje típico lanzaroteño". Otro regula que los exteriores de las edificaciones sean de color blanco y que no se permitan elementos "que desentonen con la arquitectura popular lanzaroteña", se destaca en el libro.

En la vida más personal, Ramírez Cerdá estudió Derecho en La Laguna, opositó en Madrid y volvió a Arrecife a trabajar como delegado de Hacienda. Se casó con Concha Marrero Portugués con los que tuvieron tres hijos, José Juan (actual presidente de la FCM) y Luis Carlos y Felisandro que fallecieron muy jóvenes por una insuficiencia cardiaca provocada por la hidrocefalia.

La muerte de sus dos hijos le produjo una importante depresión que le obligó a tratarse fuera de la isla Además, sufría continuos dolores de cabeza por migrañas que le obligaba a permanecer a oscuras durante horas, incluso en el despacho del Cabildo de Lanzarote.

Sin embargo, Pepín Ramírez tenía una gran habilidad para la diplomacia. Solo en 1964 llegaron a Lanzarote hasta cuatro ministros. Eran constantes sus viajes a Madrid para recorrerse las administraciones del Estado para recaudar fondos para la isla.

"La obra espacial de César es la obra de un visionario, pero también es la apuesta de una Administración pública, el Cabildo, por un cambio de modelo económico, primero, y por un modelo determinado de turismo. Es la Administración al servicio de una idea, de un proyecto, de una construcción de futuro, de un plan. Por eso, César, sin Pepín, también habría sido pintor..., pero hubiera conservado el apellido. En definitiva, César, sin Pepín, habría sido Manrique, porque fue Pepín quien hizo posible que el pueblo le borrara el apellido", destacaba Saúl García, anoche en la Fundación.

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