Juan Betancort Núñez es un hombre con los pies en la tierra pero, sobre todo, son sus manos las que cada día están más cerca del barro desde hace veinticinco años. Es el tiempo que este alfarero lleva amasando su arte entre piezas de tojios, jarrones canarios, ollas con patas, asaderas, campesinas, faroles, parejas de novios del Mojón y hueveras.

La Consejería de Industria del Cabildo de Lanzarote rindió ayer homenaje a Juan (Guatiza, 1932) dentro de la Feria de Artesanía de Mancha Blanca. Agricultor, peón en la construcción y barbero "por casualidad" en Villa Cisneros (África), encofrador en el muelle de Los Mármoles (Arrecife) y hasta empleado en la antigua fábrica de pescado La Rocar han sido algunos de los oficios que Juan ha desempeñado a lo largo de su vida, antes de entregarse al barro de la montaña de Las Nieves (en lo alto del risco de Famara) y el rofe rojo molino de la cantera de Guatiza, las materias primas con las que elabora sus obras artesanales en su horno de su casa de campo del municipio de Teguise.

Un accidente laboral en la Rocar, a sus 54 años, le impidió continuar con su labor en la conservera después de dos operaciones de columna.

Padre de dos hijos y una hija, a Juan el ánimo se le vino abajo. "Casi cogí una depresión", recordó ayer. Sin embargo, su asistencia a un curso de alfarería organizado por el Ayuntamiento de Teguise, le abrió el camino "a un nuevo hobby" en el que aún hoy, a sus 79 años, le quedan pasos por andar. "Gracias al barro seguí con mi vida y así hasta hoy", dijo Juan.

La huella guanche

Los trabajos de este maestro son únicos e irrepetibles y en ellos deja impregnada su huella con las iniciales de su nombre en lengua guanche. Con paciencia y destreza, Juan recrea y mantiene viva una artesanía de la que es "difícil vivir si no se tienen otros ingresos porque este trabajo está muy mal pagado. Pero el barro a mi me ha servido de terapia", apuntó el homenajeado.

De hecho sus piezas las vende "al mismo precio de hace veinticinco años".