Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

"Es pura sensualidad": el secreto de una de las mejores cheesecakes de Canarias

Un antiguo panadero convierte su pasión en una experiencia sensorial única dedicada a las tartas de queso artesanales que próximamente abrirá sus puertas en Lanzarote

Nueva apertura de un local especializado en tartas de queso en Lanzarote

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Johanna Betancor Galindo

Las Palmas de Gran Canaria

Algunas historias de reinvención se hornean a fuego lento, entre giros vitales, aromas familiares y sabores que despiertan memorias en cada bocado. Así fue como Javier Fernández, antiguo peluquero y panadero, acabó dedicando sus días, y también sus madrugadas, a la creación de tartas de queso artesanales que emocionan desde el primer contacto con el paladar.

Lo que comenzó como un experimento casero durante la pandemia ha terminado por convertirse en La Cheesecakería, un obrador de culto que abrirá su primer espacio físico en junio en el centro comercial Deiland, en Lanzarote, un pequeño espacio culinario donde cada cheesecake cuenta una historia diferente.

De hobbie a vocación

“Siempre me ha gustado cocinar, hacer cosas diferentes, sorprender a mis amigos y a mi familia practicando en casa, como un hobby”, recuerda Javier. Con el paréntesis que supuso la pandemia, ese placer cotidiano empezó a transformarse en algo más.

“Era algo que me apasionaba y quería dedicarme profesionalmente a ello”, confiesa. Fue entonces cuando decidió dar un giro a su vida laboral y buscar su primer trabajo en cocina.

Comenzó como ayudante, hasta que la repostería se cruzó en su camino. “Hice una pequeña formación en pastelería, donde mi docente me vio un don. Ella me decía: ‘Tú eres especial’. Me consiguió mi primer contrato en un hotel de cinco estrellas y, a partir de ahí, me ascendieron rápidamente”. Con esfuerzo y formación constante, ha ido creciendo como profesional, siempre rodeado de personas que lo han apoyado y animado.

La disciplina como tónica

El aprendizaje no se limitó a las recetas. “Trabajar en obradores de alta cocina me enseñó mucha disciplina, respeto por el producto, la importancia de la técnica y que detrás de un buen postre hay mucho rigor y mucho cariño, eso es indiscutible”, afirma. Esa filosofía se ha convertido en la base de sus tartas: sabor preciso, textura envolvente y ese “guau” que surge sin pensarlo.

Su tránsito del pan a la repostería fue también una transición emocional. “Para mí el pan es tradición, paciencia, fermento… Sin embargo, la cheesecake lo que me aporta es pura sensualidad, cremosidad, frescura y sabores que juegan contigo". Cambiar lo rústico del pan por la intensidad emocional de las estas delicias culinarias, confiesa, fue un proceso tan bonito como revelador.

Un lienzo en blanco donde todo es posible

En ese proceso de cambio, Javier empezó a experimentar con recetas que buscaban algo más que sabor. Se dio cuenta de que lo que realmente quería era tener algo propio, un espacio donde crear sin límites. Algo que funcionara como un lienzo en blanco. Porque, aunque la cheesecake es una tarta clásica, ofrece infinitas posibilidades para reinventarse.

Así nació La Cheesecakería. Un lugar especial, "un sitio de culto donde la tarta de queso fuese la reina y el postre por excelencia”.

Una experiencia sensorial

Para Javier, la cheesecake no es solo un postre, es una forma de expresar emociones y pensamientos. “Puedes hacer todo lo que se te pase por la cabeza y jugar con sabores, texturas, presentaciones. Para mí es como un vestido clásico al que le puedes cambiar los accesorios y siempre sorprende”.

La técnica, por supuesto, no se descuida. “Busco una base firme pero no seca, que sostenga una crema suave, con personalidad, que se deshaga como un helado al contacto con el paladar”. Pero más allá de la textura perfecta, lo que guía muchas de sus creaciones es la memoria.

“Los sabores nacen muchas veces del recuerdo”, admite. “A veces, simplemente cuando me imagino un sabor, aparece un recuerdo de la infancia, un helado que me gustaba de pequeño, un postre o simplemente un color o un olor. Voy probando, fallo y ajusto. Si yo en cada elaboración diferente no me emociono con el resultado, ese postre no va a salir”.

Una cheesecake no puede esperar

En su obrador, el tiempo no se mide solo en minutos de horno, sino en instantes que merecen ser saboreados. Para Javier, una buena tarta de queso no entiende de esperas ni protocolos. Quiere que quien la pruebe lo haga sin demora, donde y como quiera: de pie, en un banco bajo el sol, camino a casa o con los pies en la arena. “Cada cheesecake debe vivirse como una experiencia fresca, inmediata y placentera”, resume.

Ese deseo de sencillez también se refleja en el envoltorio. Las tartas llegan en pequeñas cajitas de bambú que parecen pensadas para regalar. Ligeras, naturales y sostenibles, no solo protegen bien el postre, sino que elevan la experiencia estética. Horneadas directamente en su interior, las cheesecake se presentan como pequeños tesoros listos para ser descubiertos.

Una apertura con olor a horno

En junio, su primer punto de venta abrirá en el centro comercial Deiland. “Va a ser un espacio pequeñito, pero con alma. Tendremos una cristalera donde se separa la parte de venta del obrador para que nos vean trabajar, que vean que todo es fresco, natural, que huelan ese olorcito a vainilla, a queso en el horno y que con cada tarta se saque una sonrisa”.

La inauguración llegará cargada de detalles: música, degustaciones, sorteos y, sobre todo, emoción. “Invito a todo el mundo a que pase ese día, que nos conozcan, que prueben y que nos den su apoyo”.

Puedes seguir sus novedades, sabores y próxima apertura en @la_cheesecakeria_ en Instagram.

Tracking Pixel Contents