Muestra de Cine de Lanzarote: un programa fuera de norma
La décimo quinta edición de la Muestra de Lanzarote inició el jueves su sección competitiva con algunos de los filmes más combativos, dialogantes y comprometidos del año

La inauguración de la XV edición de la Muestra de Cine de Lanzarote transcurrió en un paseo por gavias únicas de Lanzarote y en el histórico aljibe de Casa El Hacedor, en Teseguite. / Prensa Tenique Cultural

Recurrir a modo de referencia a la isla de Lanzarote desde la perspectiva cinematográfica viene siendo muy habitual desde que hace tres lustros se instalase allí lo que para muchos observadores constituye una de las citas españolas ineludibles para poder confrontar no solo la actualidad de la producción independiente internacional, sino para presenciar cómo muchos de sus filmes consiguen establecer un diálogo entre sí en función de una mayor interrelación ideológica y de la propia comprensión del cine desde una nueva y reveladora dimensión, como lleva haciéndolo la organización de este certamen prácticamente desde su ya lejano año fundacional.
Contra viento y marea, Javier Fuentes, director de la Muestra de Cine de Lanzarote desde 2018, y su equipo continúan batallando por mantener izada la bandera de este importante encuentro cultural, que viene celebrándose en diversas localizaciones de la isla desde hace quince años y que, edición tras edición, ha seguido escalando peldaños hasta alcanzar el reconocimiento general que hoy disfruta en los círculos cinematográficos más influyentes del país.
En aquel entonces, que todo parecía estar ya inventado en el ámbito de los certámenes internacionales, nacía en tierras conejeras un nuevo festival que incluiría en su hoja de ruta novedades tan sorprendes como abrir el preceptivo debate de los jurados a la curiosidad del público o incluir nuevos y enriquecedores conceptos en la programación, que inducen al debate profundo de las ideas desde el diálogo permanente, aunque mantener esa lucha innovadora entre las renqueantes condiciones financieras que arrastra la muestra no es, en modo alguno, tarea baladí, como tampoco lo es la compleja y pormenorizada elaboración de sus contenidos en un contexto internacional sembrado de continuos e insospechados pronunciamientos políticos y sociales que darían suficiente material, sin duda, para cubrir varias decenas más de festivales de este corte.
Ése ha sido, y es, en líneas generales, el ADN de esta interesante cita cultural a la que habría que apoyar, desde las instituciones públicas con mayor implicación y generosidad para ahuyentar así, de manera definitiva, el fantasma de un posible locking sin vuelta atrás. Son reflexiones que repetimos cada año cuando hacemos el balance integral de la muestra, pero es que representan el fiel reflejo de un lugar común que seguirá repitiéndose mientras persista la situación de precariedad de un presupuesto que no termina de ajustarse del todo a las medidas reales de un evento tan acreditado, dentro y fuera de las fronteras insulares.
El propio Fuentes lo explica con claridad meridiana: «Sin duda, y pese a todo, cumplir tres lustros de vida constituye todo un logro, en especial, si se piensa que la Muestra de Cine de Lanzarote está organizada por un colectivo sin ánimo de lucro. Podemos decir que estamos de celebración porque cuando empezamos, llegar hasta esta fecha es algo que nos puede resultar increíble pero cierto. Asumimos riesgos muy elevados en cada edición que intentamos pergeñar porque se trata, no lo olvidemos, de un proyecto independiente, aunque contamos con la colaboración de diferentes instituciones públicas y recibimos también apoyos a través de convocatorias de libre concurrencia».
«Sea como fuere, seguir consolidando este festival es una experiencia formidable», continúa. «Es, sin duda, mucho tiempo, una década y media para un proyecto que está concebido, organizado y gestionado económicamente por una asociación como Tenique Cultural. Y hacer esto, desde una isla tan pequeña como es Lanzarote no ha sido una tarea sencilla. Por eso seguimos sintiéndonos emocionados, y sin dejar de trabajar, porque se trata de un proyecto que empezó sin demasiadas pretensiones pero que ha logrado superar muchos momentos complicados para situarse, hoy en día, como el festival de cine mejor valorado en las ayudas que distribuye cada año el Instituto Canario de Desarrollo Cultural. Es un síntoma de que la Muestra se mantiene viva».
Pues bien, la presente edición de esta Muestra, que acogerá la llegada de numerosos invitados relacionados con las películas seleccionadas, emprendió el día 20 su Sección Oficial tras cuatro largas jornadas repletas de ofertas cinematográficas, especialmente entre los más de veinte títulos incluidos en la sección Trasfoco, el contenedor donde se agrupan más de veinte largometrajes con el agua como factor común de reflexión, al igual que lo fueron en ediciones precedentes el volcán, la pesca, el viento, o la sal como temas profundamente implicados en la vida cotidiana de la propia sociedad lanzaroteña.
Entre el material seleccionado para este apartado figuran piezas canónicas del cine social, como El pan nuestro de cada día (Our Daily Bread, 1934), de King Vidor; También la lluvia (2012), de Icíar Bollaín; Dry Summer (1964), del director turco Metin Erksan; Toula ou le génie des eaux (1974), de los cineastas nigerianos Moustapha Alassane y Ana Soehring; Watermark (2013), de la directora canadiense Jennifer Baichwai; Erin Brockovich (2000), de Steven Soderbergh; Water, Wind, Dust (1989), de Amir Naderi; Lluvia (Regen), (1929), de Mannus Franken y Joris Ivens; Panta Rhei (1951), de Bert Haanstra; La source de la Loire (1921), de la francesa Rose Lowder; Aguaespejo granadino (1955), del maestro andaluz José val del Omar; la producción india Gabhricha (The Damned Rain, 2009), de Satish Manwar o Stalker (1979), una de las grandes cumbres del desaparecido maestro ruso Andrei Tarkovski.
En cuanto a la Sección Oficial, concebida no solo como un muestrario de los mejores títulos de la temporada sino con la voluntad expresa «de construir un espacio en el que distintas cinematografías del mundo dialoguen entre sí y, al hacerlo, iluminen los dilemas y tensiones que atraviesan nuestro presente. El cine, cuando se arriesga y se toma en serio a sí mismo, no solo cuenta historias: cuestiona nuestras certezas, revela lo que preferimos no ver y ofrece formas nuevas de pensar la realidad».
De ahí que en la presente edición se den cita producciones sobre asuntos atravesados por conflictos políticos, sociales y/o medioambientales bien patentes como los que recoge la producción chilena Carta a mis padres muertos, de Ignacio Agüero; Con Hasan en Gaza, del realizador palestino Kamal Aljafari; la película alemana La conferencia de los pájaros, de Amin Motallebzadeh; la colombiana Forenses, de Federico Ateortua o la coproducción germano georgiana Oskolky (The Shards), de Masha Chemaya. Todas estas películas muestran, sin paliativos, los escenarios sobre los que se desarrollan algunos de los conflictos más latentes de la actualidad en diversos rincones del mundo, además de establecer, insisto, un profundo diálogo entre ellas acerca de asuntos que siguen generando dramas, conflictos y preocupación global en los rincones más insospechados de nuestro frágil planeta.
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