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La Graciosa y las islas europeas como laboratorios de conservación

Ocho Zonas de Especial Conservación en España e Irlanda reciben acciones integrales de protección de hábitats gracias al proyecto LIFE INSULAR

Montaña Bermeja, con sus 160 m de altura, se extiende por el malpaís que llega hasta Punta Gorda.

Montaña Bermeja, con sus 160 m de altura, se extiende por el malpaís que llega hasta Punta Gorda. / La Provincia

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El proyecto LIFE INSULAR, una de las iniciativas más ambiciosas del programa LIFE de la Unión Europea, ha centrado sus esfuerzos en la conservación y restauración de ecosistemas insulares en España e Irlanda, abordando amenazas comunes que comprometen la biodiversidad y la estabilidad de estos territorios únicos.

Para ello, el proyecto ha seleccionado ocho Zonas de Especial Conservación (ZEC) integradas en la Red Natura 2000, un entramado europeo de espacios protegidos destinado a salvaguardar hábitats y especies prioritarias. Estas áreas representan un laboratorio vivo para la aplicación de estrategias de restauración ecológica y para la promoción de buenas prácticas de conservación que puedan replicarse en otros territorios insulares europeos.

En Canarias, La Graciosa se erige como un ejemplo paradigmático de isla oceánica en la que LIFE INSULAR ha desplegado acciones de restauración. Parte del Parque Natural del Archipiélago Chinijo alberga dunas móviles, formaciones volcánicas y comunidades vegetales altamente especializadas. Su aislamiento geográfico ha propiciado la existencia de especies exclusivas que no se encuentran en ningún otro lugar del planeta. Por ello, las actuaciones del proyecto se centran en conservar la integridad de estos ecosistemas, mediante la eliminación de flora invasora, la recuperación de dunas degradadas y la restauración de hábitats con especies autóctonas cultivadas específicamente para garantizar su adaptación al entorno.

En Galicia, LIFE INSULAR centra sus actuaciones en tres archipiélagos: Cíes, Ons y Sálvora. Estos enclaves, conocidos por su riqueza natural y paisajes costeros de gran valor ecológico, presentan una combinación de dunas, brezales y vegetación halofítica que define buena parte de su singularidad biológica. La intervención del proyecto en estas islas busca mejorar la estructura y funcionalidad de los hábitats, aumentar la presencia de especies autóctonas y reducir la presión de factores que alteran el equilibrio ecológico, como las especies exóticas invasoras y la presión antrópica derivada del turismo y de usos recreativos intensivos.

Irlanda, por su parte, aporta al proyecto cuatro ZEC situadas en los condados de Donegal y Wexford, donde predominan hábitats costeros y dunas continentales. A pesar de las diferencias climáticas y geográficas con los archipiélagos españoles, los ecosistemas insulares irlandeses enfrentan retos similares, como la erosión costera, la presión de especies invasoras y la necesidad de mantener la biodiversidad autóctona frente a la alteración humana. LIFE INSULAR aplica en estos territorios estrategias adaptadas al contexto local, pero con objetivos comunes: restaurar la funcionalidad de los hábitats, aumentar su resiliencia y favorecer la presencia de especies nativas.

En todos los escenarios del proyecto, los hábitats costeros y la vegetación halofítica se erigen como componentes clave, junto con dunas marítimas y continentales que cumplen funciones ecológicas esenciales, como la fijación del suelo, la regulación hídrica y la protección frente a temporales. En determinadas áreas, los brezales costeros también adquieren relevancia, albergando diversidad biológica única y ocupando nichos ecológicos que contribuyen a la estabilidad general de los ecosistemas insulares.

LIFE INSULAR tiene el objetivo de restaurar los hábitats y fomentar la cooperación entre administraciones, científicos y ciudadanos para generar conciencia sobre la fragilidad y la importancia de los ecosistemas insulares. La experiencia adquirida en Galicia, Canarias e Irlanda se convierte así en un referente europeo, demostrando que la preservación de estas islas requiere estrategias integrales, planificación científica y participación activa de la sociedad. Al concluir el proyecto, se espera que los territorios intervenidos presenten hábitats más estables, especies autóctonas más abundantes y una gestión que sirva de modelo para la conservación insular en toda Europa.

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