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El plan que protege el futuro de La Graciosa

El proyecto europeo LIFE INSULAR impulsa la recuperación de dunas y hábitats únicos

La playa de Las Conchas, una joya natural de La Graciosa, dibuja un extenso arenal con aguas turquesas.

La playa de Las Conchas, una joya natural de La Graciosa, dibuja un extenso arenal con aguas turquesas. / La Provincia

La Provincia

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En un momento en el que la crisis climática redefine paisajes, desafía políticas ambientales y exige respuestas urgentes, Europa redobla su compromiso con la conservación a través del programa LIFE, el instrumento financiero comunitario destinado a proteger el medio ambiente y a impulsar soluciones sostenibles frente a los retos ecológicos actuales. Dentro de este marco, el proyecto LIFE INSULAR (LIFE20 NAT/ES/001007) emerge como una de las iniciativas más ambiciosas dedicadas a la recuperación y gestión integral de los ecosistemas dunares del Atlántico.

Las islas del Océano Atlántico, distribuidas entre las regiones biogeográficas Atlántica y Macaronésica, albergan una de las mayores concentraciones de biodiversidad de la Unión Europea. Su aislamiento geográfico, sus condiciones climáticas singulares y la presencia de hábitats únicos han permitido la evolución de especies endémicas de enorme valor ecológico. Sin embargo, esta excepcional riqueza biológica está sometida a una presión cada vez mayor: el aumento de temperaturas, la subida del nivel del mar, la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos y los impactos derivados de la actividad humana, que están poniendo en jaque a sistemas cuya fragilidad es, a la vez, su mayor singularidad.

Conscientes de esta realidad, diversas entidades públicas de Irlanda y España han unido esfuerzos para impulsar LIFE INSULAR, cuyo objetivo principal es desarrollar una estrategia de restauración integral para los ecosistemas dunares y sus hábitats asociados. La meta no es solo recuperar estos espacios, sino garantizar su conservación futura, aumentar su resiliencia y preparar estos enclaves para adaptarse a un contexto climático cambiante.

El proyecto despliega sus actuaciones en dos escenarios geográficos clave: la costa irlandesa -en los condados de Donegal y Wexford- y los archipiélagos españoles de Galicia (Cíes, Ons y Sálvora) y Canarias (La Graciosa). Todos ellos comparten problemáticas comunes, como la proliferación de especies exóticas invasoras, la degradación de las dunas, la presión turística y la pérdida progresiva de hábitats esenciales para aves, reptiles, invertebrados y flora endémica.

Con un presupuesto de 5.274.922 euros, financiado en un 75% por la Unión Europea, LIFE INSULAR se desarrolla a lo largo de cinco años -desde el 1 de septiembre de 2021 hasta el 31 de diciembre de 2026-, un periodo crucial para demostrar cómo la cooperación transnacional puede traducirse en resultados tangibles en la conservación del patrimonio natural europeo.

Entre las acciones principales del proyecto destaca, en primer lugar, la eliminación de especies exóticas invasoras, consideradas una de las mayores amenazas para la biodiversidad insular al desplazar a las especies nativas y alterar profundamente el equilibrio ecológico. A esta labor se suman diversas medidas de protección frente a las presiones antrópicas, especialmente relevantes en islas que soportan un uso recreativo intenso y que, por tanto, requieren una regulación y una gestión más cuidadosa para evitar impactos irreversibles. Paralelamente, el proyecto impulsa una restauración integral de los hábitats dunares mediante la siembra y plantación de especies autóctonas, cuidadosamente recolectadas y cultivadas por el propio equipo de LIFE INSULAR para garantizar su adaptación y éxito a largo plazo. Todo este conjunto de actuaciones se refuerza con un monitoreo científico continuo, esencial para evaluar el progreso real de las intervenciones, medir su eficacia y permitir ajustes estratégicos en tiempo real que aseguren la recuperación efectiva de estos ecosistemas tan frágiles como valiosos.

LIFE INSULAR es un ejemplo paradigmático de cooperación internacional. En el caso de España, el proyecto se despliega gracias a una estructura de colaboración entre administraciones autonómicas, organismos estatales y entidades académicas.

La Graciosa

En La Graciosa -el enclave canario que forma parte del Parque Nacional del Archipiélago de Chinijo-, la responsabilidad de ejecución recae en el Organismo Autónomo de Parques Nacionales, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico. Esta participación es especialmente relevante, ya que el organismo es propietario de los terrenos donde se actúa, lo que facilita una gestión integral del espacio y asegura que las actuaciones se integren en las estrategias de conservación del propio Parque Nacional.

En Galicia, por su parte, la Xunta de Galicia lidera los trabajos en las islas Cíes, Ons y Sálvora, en estrecha colaboración con el Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural (IBADER) de la Universidad de Santiago de Compostela, coordinador global del proyecto. Su experiencia en la gestión de espacios protegidos y en investigación aplicada permite un enfoque altamente técnico y científicamente riguroso.

En Irlanda, las acciones de mejora recaen en el National Parks and Wildlife Service (NPWS), organismo encargado de la gestión de los espacios naturales protegidos del país. Su papel es clave para entender cómo las distintas metodologías de restauración pueden adaptarse a realidades climáticas y socioambientales tan diferentes como las del norte europeo.

La restauración de dunas y ecosistemas insulares no es un capricho paisajístico. Las dunas actúan como barreras naturales frente a temporales, son reservorios de biodiversidad extraordinaria y desempeñan funciones ecológicas esenciales como la regulación hídrica y la fijación de carbono. Sin ellas, las islas quedarían expuestas a procesos irreversibles de erosión y pérdida de suelo.

Cuando el proyecto concluya, las islas del Atlántico que forman parte de LIFE INSULAR deberían presentar dunas más estables, hábitats mejor conservados, una mayor presencia de flora autóctona y una reducción significativa de factores de degradación.

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