Cosecha de grandes champiñones salvajes tras las lluvias en Lanzarote
La inusual sucesión de borrascas entre diciembre y enero ha transformado el paisaje árido de a Isla, cubriéndolo de verde y permitiendo la aparición de setas silvestres y líquenes

Tres champiñones salvajes cerca de los volcanes de Timanfaya, en Yaiza / Rosa García

Lanzarote ha vivido en los últimos meses una estampa poco frecuente. La sucesión de las borrascas Claudia, Emilia y Francis, registradas entre diciembre y enero, ha dejado precipitaciones continuadas que han transformado la habitual imagen árida de la isla en un paisaje cubierto de verde. Un cambio visible tanto en zonas rurales como en caminos y laderas volcánicas, donde la vegetación ha respondido con rapidez a cada episodio de lluvia.
Este tipo de fenómenos, aunque no inéditos, sí resultan poco habituales en una isla de marcado carácter volcánico, donde las precipitaciones suelen ser escasas y muy irregulares. Su impacto visual en Lanzarote es especialmente llamativo.
Champiñones silvestres y líquenes entre volcanes
Uno de los efectos más singulares de estas lluvias ha sido la aparición de champiñones silvestres entre plantaciones agrícolas, un fenómeno observado en el municipio de Yaiza, en zonas próximas al entorno volcánico de Timanfaya. La humedad acumulada y las temperaturas suaves han favorecido el crecimiento de estos hongos.

Tres champiñones salvajes cerca de los volcanes, en Yaiza / Rosa García
Los líquenes han vuelto a destacar sobre las piedras volcánicas, aportando tonos naranjas que contrastan con el negro característico del malpaís. Estos organismos son indicadores de la calidad ambiental y desempeñan un papel importante en la colonización de superficies volcánicas.
La mirada fotográfica sobre un paisaje cambiante
La fotógrafa Rosa García (@rosagvnocturnas) ha documentado este cambio a través de una serie de imágenes recientes, realizadas el pasado lunes, 19 de enero, por la tarde, que muestran una Lanzarote distinta. Sus fotografías recogen caminos normalmente secos, ahora cubiertos de hierba y flores, así como tunos con frutos rojos (habituales también en otras épocas del año), champiñones y líquenes que aportan color a un territorio agradecido a la lluvia.

Tunos rojos y manto verde en el municipio de Yaiza / Rosa García
Según explica la autora, “la tierra responde con fuerza cuando el agua llega”, reflejando cómo un entorno aparentemente inmóvil puede transformarse en cuestión de semanas. Su trabajo pone el foco en la fragilidad y la capacidad de regeneración del paisaje insular.
Un valor ambiental y cultural
Este reverdecer temporal también pone de relieve la importancia de preservar los ecosistemas de la isla y entender su comportamiento natural.

Líquenes y flores amarillas llegando a Femés por la zona de las Casitas, en el municipio de Yaiza. / Rosa García
Las lluvias han devuelto a Lanzarote una imagen excepcional que conecta naturaleza, clima y territorio. Un recordatorio de que, incluso en los paisajes más áridos, la vida emerge cuando las condiciones lo permiten, dejando estampas tan efímeras como valiosas.
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