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Manos al Huerto: los colegios más pequeños de Lanzarote conservan una enseñanza que ya casi no existe

El Cabildo de Lanzarote y La Graciosa licita la continuidad del proyecto 'Manos al Huerto' para el curso 2026-2027, reforzando la educación conectada con el territorio

El proyecto "Manos al Huerto", impulsado por la Reserva de la Biosfera

El proyecto "Manos al Huerto", impulsado por la Reserva de la Biosfera / La Provincia

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Mientras muchos niños apenas conocen de dónde proceden los alimentos que consumen cada día, en trece pequeñas escuelas rurales de Lanzarote los alumnos aprenden a sembrar, cuidar un huerto, fabricar compost y recoger sus propias cosechas.

El proyecto "Manos al Huerto", impulsado por la Reserva de la Biosfera, ha transformado los patios escolares en auténticas aulas al aire libre y ahora su historia queda recogida en un documental que pone en valor una forma de enseñar cada vez menos habitual.

Mucho más que un huerto: una forma diferente de aprender

El Cabildo de Lanzarote y La Graciosa, a través de la Reserva de la Biosfera, ha presentado el documental "Manos al Huerto", una pieza audiovisual de diez minutos que muestra el trabajo realizado durante el último curso en los conocidos como Colegios de la Biosfera, las escuelas rurales repartidas por distintos pueblos de la isla.

Lejos de limitarse a plantar tomates o lechugas, el proyecto convierte los huertos escolares en espacios donde los alumnos aprenden sostenibilidad, alimentación saludable, biodiversidad y agricultura tradicional mientras trabajan directamente con la tierra.

En total, la iniciativa ha llegado a los 13 colegios rurales de Lanzarote, donde estudian 284 niños y niñas, permitiendo desarrollar 96 talleres prácticos e instalar vermicomposteras en todos los centros participantes.

La idea nació con un objetivo muy claro: devolver la naturaleza al entorno escolar y hacer que el aprendizaje salga del aula. Los propios alumnos participan en todas las fases del cultivo. Preparan la tierra, siembran, riegan, mantienen los huertos, elaboran compost y finalmente recogen las cosechas, aprendiendo de primera mano el esfuerzo que requiere producir alimentos.

Esta experiencia también permite acercar a los más pequeños a la realidad agrícola de Lanzarote, una isla donde el cultivo siempre ha estado condicionado por un clima extremo y donde las técnicas tradicionales han permitido sacar adelante la agricultura durante generaciones.

Un documental para preservar la memoria de las escuelas rurales

El documental recoge el trabajo realizado en seis de los huertos escolares e incluye los testimonios de alumnado, docentes, familias y colaboradores que han participado en el proyecto.

El proyecto "Manos al Huerto", impulsado por la Reserva de la Biosfera

El proyecto "Manos al Huerto", impulsado por la Reserva de la Biosfera / La Provincia

Entre ellos aparecen el responsable del Colectivo de Escuelas Rurales de Lanzarote, Chano Acosta, y el biólogo y coordinador del proyecto, Michel Pérez, quienes explican cómo estos pequeños huertos se han convertido en una herramienta educativa capaz de fortalecer el vínculo entre la escuela, el territorio y la comunidad.

Los participantes coinciden en que el contacto diario con la naturaleza ayuda a despertar entre los chinijos una mayor conciencia ambiental, fomenta el trabajo en equipo y les permite comprender el valor del paisaje agrícola que caracteriza a la isla.

El éxito de la iniciativa ha llevado al Cabildo de Lanzarote y La Graciosa a abrir ya el proceso de licitación para que "Manos al Huerto" continúe durante el curso escolar 2026-2027.

El consejero responsable de la Reserva de la Biosfera, Samuel Martín, destacó que el proyecto refleja "el compromiso con una educación conectada con el territorio" y defendió el papel que desempeñan las escuelas rurales en la conservación de la identidad de los pueblos lanzaroteños y en la transmisión de conocimientos ligados a la agricultura, el paisaje y las tradiciones de la isla.

En una época marcada por la tecnología y las pantallas, estos pequeños colegios demuestran que todavía existen lugares donde aprender también significa ensuciarse las manos con tierra, plantar una semilla y esperar pacientemente a verla crecer.

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