Las cuatro gotas que cayeron el pasado lunes provocaron que una placa del falso techo del colegio de El Zardo se viniera abajo. No es la primera placa del techo que se cae desde que hace tres años se reformó la cubierta y se dejó sin canaletas para el agua de lluvia, lo que hace que la humedad se adueñe de los techos y paredes del centro, llenas de desconchones, grietas, manchas.

"El agua camina" por el centro, explicaba ayer el director del centro, Sergio Artiles, quien recordó que estaba previsto que el problema se resolviera este verano, pero el impago a la empresa concesionaria de mantenimiento (Lem-Pérez Moreno-Fitonovo) ha impedido la terminación de las obras, que se quedaron a medias. "De vez en cuando viene un trabajador, cuando yo llamo a Educación. Se ha arreglado algo, se ha instalado alguna canaleta, pero el problema sigue sin resolver", reconoció.

No hay más que darse una vuelta por el centro para ver y sentir cómo la humedad y los desconchones se han adueñado de paredes y muros. En un pasillo, una hormigonera está abandonada desde septiembre pasado y en el patio han tenido que vallar la zona donde se derribó un baño en mal estado, para garantizar la seguridad de los alumnos. El problema empezó, explicó Artiles, con la reforma del techo, con la que inicialmente se iban a retirar los planchas de amianto, prohibidas en los centros escolares desde 2002.

Pero la entonces concejala de Vías y Obras, Nardy Barrios, propuso, en lugar de quitar las planchas de uralita, aislarlas con un panel y una impregnación que evitara el contacto con el amianto, un producto cancerígeno. "Se puso también un falso techo, pero se olvidaron las canalizaciones para el agua de lluvia", recordó Artiles, quien se queja de los problemas serios de infraestructura porque "en 40 años no se han realizado las reformas mínimas y esto se ha dejado de la mano de Dios. Ahora, soy consciente de que no hay dinero, pero que me tapen al menos las vigas que quedaron descubiertas".

El colegio sufre, como los 76 centros públicos de la ciudad, la falta de mantenimiento por el impago a la empresa concesionaria, que ha despedido ya a 39 trabajadores. Los 12 que quedan no cobran desde septiembre y amenazan con ir a la huelga.