El Mercado Central sorprendió a los más jóvenes de la casa, futuros consumidores, con un payaso hinchable que les dio la bienvenida además de una chocolatada. También hubo tiempo para pintarse la cara y pasarlo bien con diversos juegos de mesa. Actividades infantiles que se repetirán todos los viernes para acercar a las familias al mercado.

A María Jesús Ruiz la reapertura le vino de perlas porque ya no tendrá que levantarse pronto los sábados. "Vengo a las ocho de la mañana. Como llegue a las once ya está a tope", reconoce con el carro doblado bajo el brazo. Como ella, los escasos clientes que ayer se dieron cita en el mercado alabaron la decisión de los comerciantes, sobre todo porque beneficiará a los trabajadores.

Esa es la opinión de Concepción Carvalho y María del Carmen Ginory, las dos amas de casa que se acercaron a los talleres infantiles. Beatriz Nieves es una de las beneficiadas. Es administrativa y clienta habitual, pero se las ha tenido que ingeniar para consumir productos frescos cada día. "Suelo dejar una lista de la compra en cada puesto y cuando salgo del trabajo, a las dos, recojo la mercancía. Me pilla de paso y, por eso, puedo hacerlo. Si no, tengo que venir el sábado".

El mercado tuvo bastante clientela hasta las tres de la tarde, según señaló el gerente Francisco Espiau. Luego hubo un gran parón para comenzar a despertar de nuevo a las seis.

Cristóbal García Rodríguez, dueño de tres puestos de frutería y con más de 34 años de experiencia, reconoció que el mercado tiene que cambiar de horario. "Abrir de ocho a dos y de cinco a ocho por las tardes; quizá sólo hasta el jueves". Según él, están en pie doce horas para sólo cuatro de trabajo, ya que el grueso de la clientela a diario se concentra entre las nueve y la una y media de la tarde. Ayer apenas hicieron caja, pero coincide con otros comerciantes en que el boca a boca terminará por funcionar. "Hay que hacer cosas para mantener el negocio".