Todo comenzó con una película pornográfica. Darío -nombre falso para proteger la intimidad del menor- tenía entonces diez años. Su tío fue quien presuntamente se la puso y junto a él vio las escenas de sexo que se reproducían en la pantalla del ordenador. Cuando las imágenes terminaron, Darío quiso repetir algunas de las acciones que había visto. Fue entonces cuando comenzó una pesadilla de la que aún no ha conseguido salir, siete años después.

Los hechos narrados constituyen el punto de partida de un escrito de acusación del ministerio fiscal en el que se le imputa a un Policía Local de Las Palmas de Gran Canaria un presunto delito continuado de abuso sexual contra su sobrino. Su detención se produjo hace ya cinco años. La víctima y su madre esperan el señalamiento del juicio para olvidar.

La frustración y la rabia de A. M., la madre del menor supuestamente agredido, no tiene límite. La lentitud de un procedimiento que ha pasado por numerosas pruebas periciales psicológicas, tanto de la víctima como del acusado, han mermado la confianza de madre e hijo en la Justicia. "Mi único ruego a la Justicia, ya que es incapaz de arreglar el daño causado, es que sean capaces de demostrar que Canarias no es el edén de los pedófilos".

A su lado, Darío, próximo a cumplir la mayoría de edad, sueña con que su presunto agresor vaya a la cárcel. "Sería respirar por fin", asegura tras reconocer que cada vez que se ha cruzado con él por la calle ha sido "como ver a la muerte".

En la actualidad, Darío sufre "un trastorno mental obsesivo compulsivo", afirma el fiscal en su escrito. La propia víctima cuenta que "tenía asco al pensar en el sexo", algo que hacía a todas horas.