La última fechoría delictiva de Jacomar C. M. y Claudio H. V. quedó ayer vista para sentencia en el Juzgado de lo Penal número 6 de Las Palmas de Gran Canaria. Los dos vecinos de Jinámar, de 23 y 18 años, se sentaron en el banquillo de los acusados por arrancar, el pasado 25 de mayo, una cadena de oro del cuello de una señora de 68 años que paseaba por el barrio capitalino de La Milagrosa.

Y es que esa tarde de viernes, coca-cola y algún que otro tranquimazín, tanto Jacomar como Claudio eligieron el barrio equivocado para perpetrar el robo, pues se encontraron con la movilización del vecindario para detener a los asaltantes.

El primero en actuar fue Roque, que pasaba por allí y vio el empujón que uno de los acusados propinó a la víctima, por lo que cruzó su coche en la vía para impedir la huida en ciclomotor de los presuntos ladrones. Pudo retener al conductor, pero el otro saltó del scooter y escapó a pie por un solar. Fue entonces cuando entró en escena otro vecino, el yerno de la víctima, que no estaba de servicio pero es policía nacional. El agente se encargó de coordinar y movilizar a los residentes para dar con el fugado, que finalmente fue localizado por otro habitante de La Milagrosa.

De esta manera, según testificaron ayer ante la juez, los vecinos lograron arrestar a los imputados tras frustrar el robo. Uno de ellos, Jacomar, el mayor, declaró que no se acordaba de nada porque esa tarde se había comido 23 tranquimazines. El otro, Claudio, sí tenía la memoria más fresca. "Íbamos en la moto, paré y le dije a Jacomar que se bajara para que le quitara la cadena. No tocamos a la señora", aseguró el acusado. El joven, que acaba de salir del centro de menores, negó el uso de la fuerza para tratar de librarse de una condena mayor por la aplicación de esa agravante. Esa tarde había quedado en Las Terrazas con su compinche para tomar una coca-cola e intercambiar tranquimazines.

La víctima, Inmaculada, que acababa de salir de misa y hablaba con otra señora cuando fue atracada, sí se acordaba "perfectamente" de lo ocurrido.

"El mayor me pegó una trompada en el oído y una patada. Luego me dio un empujón y me quitó la cadena que llevaba con la placa de mi marido", testificó la perjudicada. "Iban tapados con cascos y pasamontañas. Gracias a que mis vecinos me ayudaron", añadió.

Pena máxima

Tras la testifical de la afectada y del resto de vecinos, la fiscal, Beatriz Sánchez, solicitó a la juez cinco años de cárcel para cada uno de los acusados, que se corresponde con la pena máxima prevista para los delitos de robo con violencia o intimidación. "No se puede aplicar ninguna atenuante porque han empleado la fuerza para asaltar a una persona mayor, frágil y vulnerable", explicó. El ministerio público tampoco considera que los imputados actuaran afectados por el consumo de pastillas, pues no existe ninguna prueba objetiva que así lo acredite.

Sin embargo, el abogado de Claudio solicitó la absolución para su defendido, al considerar que "no puede recibir el mismo castigo porque no se bajó de la moto, no le pegó a la víctima y no dio ningún tirón", según expuso en su informe final. El otro letrado pidió para Jacomar una pena inferior a los dos años, entre otros motivos porque las heridas causadas son de menor gravedad y tampoco procede aplicar la agravante de uso de disfraz.