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1976, el primer paso

1976, el primer paso

1976, el primer paso

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José Febles

La lucha por sacar a la calle el Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria data de 1975, cuando apenas habían transcurrido quince días de la muerte de Franco, tras cuarenta años de dictadura. Era difícil plantear en aquellos momentos el obtener el permiso para su celebración. Alguien tenía que dar el primer paso, y entra en la lucha la Asociación de Vecinos de La Isleta, con Manolo García Sánchez al frente. Transcurrida la primera quincena de enero de 1976, acuden al Gobierno Civil para solicitar el permiso. El gobernador no se lo podía creer, y se dirigió a Manolo García en tono airado, para espetarle: "Pero usted no sabe que Franco ha muerto, hombre de Dios". La respuesta fue: "Se-señor go-gobernador, por eso he-hemos ve-venido". La insistencia dio sus frutos, y al final la primera autoridad civil decidió que se celebrase de forma muy reducida, mediante un estricto control policial. Inmediatamente, la asociación de vecinos del barrio portuario se puso manos a la obra, y convocó la primera rueda de prensa del carnaval tras cuarenta años de prohibición. La fecha elegida fue el 28 de febrero de 1976, para dar a conocer la celebración de las fiestas del 1 al 6 de marzo. Al tal efecto, se montó un escenario justo al lado del Castillo de La Luz, y por allí fueron pasando algunos grupos, la comparsa Los Caribe, también fue invitado el grupo folclórico Los Gofiones y una improvisada gala de la reina, con cinco candidatas. Los vestidos hubo que hacerlos aprisa y corriendo por parte de las madres, familiares y amigas, que durante varios días cosieron hasta altas horas de la madrugada, con el sueño de ver hecho realidad la primera gala de la reina. La elegida fue Rosa Delia González, de 16 años, natural de Arucas. Pero el acto más temido para el irascible gobernador fue la cabalgata. Temía que se mostraran pancartas en contra de la dictadura por parte de los sindicatos y partidos políticos. Salió del Castillo de La Luz y recorrió las calles Juan Rejón, Albareda, Parque Santa Catalina, Sagasta. La Transición se ponía en marcha, pero el peligro a la represión seguía estando presente. De forma simbólica se había dado el primer paso para poder disfrutar de la fiesta pagana.

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