Hará historia en la Semana Santa de la capital al salir como capataz de la cofradía de los Dolores de Triana el Miércoles Santo, ¿cómo se siente?

Con una gran responsabilidad. Espero estar a la altura y no defraudar a nadie. La gente que va debajo del paso tiene mucho corazón y con eso no me hace falta nada más. Estoy de capataz por circunstancias. Yo he sido cargadora y el pasado mes de octubre sufrí un accidente de tráfico donde me fastidié las lumbares. Sabía que este año no podía salir y pensé: pues voy con la garrafita de agua. Pero el capataz que había se fue a México y la cuadrilla decidió que para que viniera uno de fuera, pues que cogiera el cargo yo. Sé que lanzaré mis lagrimitas por no estar bajo el paso, pero estoy contenta. Algunos cargadores son nuevos, llevan tres años pero otras nos conocemos de Moya. Yo he cargado con mi segundo de a bordo, José Manuel, en la Esperanza de Vegueta. Somos una piña.

¿Cómo llevan los ensayos?

Hemos tenido algún que otro problemita. Cuando fue el partido del Real Madrid y el Barcelona no me aparecieron los hombres. Son cosas que pasan. Ahora este fin de semana vienen los internos de Salto del Negro y ensayaremos con ellos. Es una ayuda que siempre se agradece, ya que gracias a ellos vamos un poco aliviados.

¿Qué le llamó la atención de la cofradía de los Dolores de Triana para cargar con ellos?

Esta cofradía está formada por gente muy mayor y necesitaba un poco de refresco, aunque nos ayudan cargadores de la Virgen del Carmen y de la Esperanza de Vegueta, además de los internos. No todo los cargadores que van debajo del paso son cofrades, aunque si lo eres nadie te va a quitar el puesto. Yo era cargadora en Moya cuando nos llamaron porque les hacía falta gente. En la Esperanza de Vegueta ya no podía entrar porque ellos cargan a costal, al cuello. Cuando vi la carita de la Virgen ya no pude decir que no. A las niñas nuevas que han venido este año les pasa lo mismo. Las ves cargando y la sonrisa les llega de oreja a oreja. Hasta que no estás debajo del palo no lo puedes explicar. Tienes que sentirlo. Pesar, pesa. No puedo decir lo contrario, mentiría. Pero es un peso que lo llevas de otro modo.

¿Qué es lo más difícil, soportar la carga, mantener el compás o estar tan cerca de los compañeros?

No perder el paso. Para eso están los ensayos y además tenemos un espejo -en el argot de la Semana Santa costalero concreto que es el guía para los demás bajo el paso- . Nosotros cargamos al hombro y nuestro caminar es más sereno que cuando se carga al cuello. No hay tanto movimiento; el paso va, por así decirlo, más señorial. Aunque los dos movimientos son señoriales. Al no llevar palio, hay menos bamboleo.

¿Qué le dice la gente cuando cuenta que es cargadora?

Primero, que estoy loca, que con lo flaquita que soy cómo puedo cargar. Poca gente lo entiende, la verdad, aunque ahora hay más personas que van entrando en esto, que se acercan a lo que es la Semana Santa. Nosotros este año llevaremos a dos niñas de aguadoras, hijas de dos cargadores. Una de ellas me va diciendo incluso en los ensayos cómo va el paso. Eso anima porque uno ve que está habiendo madera. Pero sobre todo se tienen que animar las mujeres. El paso pesa pero se puede llevar.

¿Cree que las mujeres están relegadas a un segundo plano en la Semana Santa?

Sí, aunque ya estamos entrando un poquito más. Hace unos años era imposible que hubiera mujeres bajo un paso en la Semana Santa, y ahora aquí somos 11.

Desde su punto de vista, ¿qué debería hacer el nuevo papa Francisco para que las mujeres tuvieran más papel dentro de la Iglesia?

No lo sé, la verdad. La Iglesia católica es tan estricta con las mujeres que hay muchas cosas que cambiar. Por lo menos ya se nos están abriendo algunas puertas. Le pediría que no se cerraran y que fueran ampliando poco a poco más puertas porque las mujeres también estamos aquí. En la Semana Santa hay una gran participación de mujeres y no solo estamos para llevar un farol o una vela.