Un debate en la Televisión Canaria con el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria me hizo retomar una reflexión acerca de la existencia y del contenido de las Fiestas Fundacionales laspalmeñas, sobre la que venía mascullando desde hacía ya algún tiempo, incluso diría años. Pese a ser uno de los temas estrellas puestos sobre la mesa de aquel envite, ninguno de los periodistas invitados entendió necesario afrontarlo, aunque sí se requiriera la opinión del alcalde en relación con distintos aspectos de los carnavales, tanto en su pasada edición como de cara a su reorganización en el futuro.

Entiendo, y el propio alcalde señor Cardona así lo manifestó al recapitular casi al final del programa, que dada la importancia y trascendencia de los temas puestos sobre el tapete del debate -paro, comedores escolares, fondos para emergencias sociales, entre otros-, que no se tocará ni mínimamente los eventos con los que cada mes de junio la capital grancanaria conmemora su cumpleaños, en el presente quinientos treinta y cinco, aunque no deja de ser elocuente también la actitud de los periodistas -sin negarles en absoluto su legítimo derecho a centrar sus intervenciones en lo que consideraban de más palpable actualidad e interés para sus respectivas audiencias-, mas, a mí, como a muchos con quienes lo he comentado, nos hizo reflexionar, máximo cuando sí se tocaron diversos aspectos del Carnaval con aires trascendentales, sobre cuál es el significado y el papel que juegan en el seno de la sociedad capitalina, en particular, y grancanaria en general unas fiestas que no sólo deben recordar el momento fundacional de la ciudad aquel mítico 24 de junio de 1478, los avatares históricos que ha vivido a través de cinco siglos ya largos de existencia, sino contribuir a replantearse su propio ser y sentir actual y cuáles son las perspectivas con las que los ciudadanos y sus instituciones afrontan su futuro y su porvenir.

Durante siglos, desde tiempos que se pierden en la memoria de los siglos de la historia de esta ciudad, las fiestas capitalinas, aunque el patrón lo era de toda la isla, fueron las de San Pedro Mártir, con festejos que, en distintas épocas del pasado insular, fueron de enorme rango como podemos constatar en crónicas del siglo XVIII ó en la prensa de mitad del XIX y del XX, ya en las primeras décadas o en las centrales. Luego desaparecieron, por motivos que requieren también una reflexión y una revisión -pero no es el caso ahora para ello-, y su lugar lo ocupó, en cierto modo y manera, pero no exactamente igual, las Fiestas Fundacionales de una ciudad que tenía el honor de conocer el día exacto, y casi hasta la hora, de su nacimiento.

Pero, ¿han logrado estas, en los treinta y cinco años que llevan celebrándose, desde aquel 500 Aniversario organizado con cierta premura, improvisación, algo de desgana y cierto despiste oficial en junio de 1978, instituirse las Fiestas Fundacionales de Las Palmas de Gran Canaria como el verdadero evento representativo y enaltecedor de su ser y sentir, de identidad y carácter histórico, de sus anhelos y expectativas presentes? ¿Han tomado el papel de fiestas en las que el reloj del tiempo cotidiano se detiene por unos días y nos permite reflexionar, incluso sin darnos cuenta, sobre quiénes somos, de dónde venimos, cuál es nuestra realidad actual y cuál el futuro que, en función de todo ello, queremos construir? Incluso podemos y debemos revisar si son sus contenidos, de los que el alcalde Cardona destacó el pregón y el acto institucional de honores y distinciones, junto con los fuegos de la Noche de San Juan, que indudablemente ha logrado tomar carácter propio muy actual y trascendencia que resalta esta celebración incluso fuera de la isla -pero en esta ciudad no se celebran las Fiestas Sanjuaneras, sino las Fundacionales, como se ha venido recalcando incluso a nivel popular en las últimas décadas-, los más adecuados para ese acercamiento a la identidad, al ser y sentir histórico y presente de la urbe que unas fiestas como estas deben posibilitar, o siéndolos si se quedan cortos por esta banda.

¿Son las Fiestas Fundacionales verdaderamente el evento señero y representativo en la actualidad de la capital de Gran Canaria, o ha pasado a serlo el Carnaval, que también existió de siempre y ocupó su propio lugar sin desplazar nunca el rango y significación de las Fiestas Patronales de San Pedro Mártir? ¿Interesan de verdad a una amplia mayoría de sus habitantes? ¿Entiende el vecindario en su amplísima diversidad actual, el significado de estas fiestas conmemorativas? Es el momento de dejar abierto de nuevo el debate, un debate constructivo que contribuya a redefinir o ahondar en la significación de unas Fiestas Fundacionales que tienen la oportunidad de aglutinar muchas y variadas oportunidades a través de las que todos nos adentremos en estos días un poco más en el alma y la esencia de Las Palmas de Gran Canaria en sus 535 años de vida y en sus expectativas de futuro.