¿Qué fue lo que les llamó la atención del proyecto Barrios Orquestados para que sean beneficiarios de este VII Torneo de Golf de la Fundación?

Por un lado, que tiene que ver con los niños; porque uno de nuestros objetivos es apoyar asociaciones o proyectos en donde los menores son protagonistas. Tanto por dificultades económicas de la familia o por motivos de enfermedad grave. Y, por otro lado, porque el proyecto da una oportunidad a los niños de barrios desfavorecidos de la ciudad como Jinámar, El Lasso, Tamaraceite, a que toquen un instrumento. En este caso, de cuerda. Se trata además de una alternativa de ocio para que los niños de estos barrios, que quizás estén faltos de ocio cultural, no estén en la calle. Es un proyecto en el que participan además los padres; se tienen que comprometer a que asistan a clase, con la tarea que están haciendo, por lo que ayuda a los hogares. Creemos que es un proyecto muy completo porque, aparte de pedagógico, se educa en valores, en trabajar en equipo, en hábitos, con las familias, el barrio.

¿Es la primera vez que co- laboran con Barrios Orques- tados?

Sí, es la primera vez. Lo conocimos el pasado año.

¿Cómo llegan los proyectos a la mesa de la Fundación?

En este caso concreto, una compañera que es de La Aldea conocía el proyecto porque el director de Barrios Orquestados, José Brito, es de allí. En otras ocasiones, los proyectos nos llegan porque leemos en la prensa que una asociación pasa por dificultades económicas por la falta de subvenciones. Luego hay gente que ya sabe cómo trabajamos y que directamente contacta con la Fundación. En cualquier caso, siempre contactamos con las asociaciones y acudimos a los centros para ver cómo trabajan. Nos gusta conocerlos de primera mano y seguir teniendo comunicación con ellos después de colaborar. Se crean vínculos muy fuertes con las entidades a las que ayudamos.

¿Hacen seguimiento de las cuantías que se otorgan?

Sí, aunque, en ocasiones, no se trata de partidas económicas por que si la asociación necesita, por ejemplo, algún tipo de edificación; como ocurrió con San Juan de Dios que solicitaba un piso con un aula didáctica pues, como la casa se dedica a la construcción, lo que hacemos es encargarnos nosotros de ello para que los costes son más baratos. No damos el dinero pero hacemos la obra. Pero sí, las entidades nos envían las facturas si compraron material o los contratos y nóminas, en caso, de que la ayuda sea para contratar a un psicoterapeuta.

Según está la situación económica y la falta de subvenciones de la Administración, ¿será difícil elegir a qué asociación o entidad van destinadas las ayudas de la Fundación?

Sí. Para el Torneo de Golf anual siempre elegimos a una asociación que tenga que ver con niños. Y en cuanto acabe éste ya empezamos a investigar o a pensar a qué asociaciones o proyectos que estén necesitados de una ayuda le podemos entregar la recaudación. El patrocinio que hacemos también sirve para dar a conocer este trabajo porque, a veces, se hace una labor increíble pero no es conocida. Tratamos de dar cabida a todos los proyectos que se nos presentan sobre la mesa. Si no es con el torneo con otro tipo de colaboración.

¿Todavía se pueden hacer inscripciones para participar en el Torneo?

Los equipos para jugar ya están hechos pero para aportar dinero o para anunciarse durante el Torneo todavía estamos abiertos. Se lo haremos llegar a Barrios Orquestados incluso si lo aportan después del Torneo.

¿Cuánto esperan recaudar en el Torneo con la participación de empresas y personas particulares?

Esperamos sobrepasar los 30.000 euros que, para como están los tiempos, es una cantidad muy buena. Hemos puesto cantidades orientativas que van desde los 500 a los 1.000 euros, pero las empresas y las personas pueden colaborar con lo que quieran. No se trata de un torneo elitista sino muy familiar; en el que muchas perso-nas ya se conocen por haber participado otros años. De momento, ya hay más de 30 empresas que van a colaborar.

Para quien no conozca la Fundación Júnguel Sanjuán, explíquenos cuáles son sus ob-jetivos.

Como Fundación nacimos en el 2006. Somos, en realidad, una continuación de la labor solidaria que hacia Satocan a nivel empresa a distintas entidades canarios como Fundación Forja, San Juan de Dios. La Fundación lo que trata es de unir todas esas acciones. No somos una Fundación muy grande porque, en realidad, no tenemos un proyecto concreto sino que tratamos de ayudar a esas organizaciones que ya están trabajando en diversos ámbitos. Sobre todo, con los que tienen que ver con los niños o con enfermedades de cáncer, aunque ayudamos a otras que nada tienen que ver con esto en concreto.

¿Cuál es el balance de estos años?

Para mí ha sido una de las facetas más importantes tanto en el plano personal como profesional. Me ha dado a conocer la solidaridad de todos los trabajadores del grupo, que es una faceta que hemos promovido dentro de Satocan en campañas como la Donación de Sangre, recogida de juguetes y otras acciones. También el trabajo que se hace dentro de las asociaciones y organizaciones; con las que hemos creado vínculos muy fuertes. Te da a conocer las situaciones desfavorecidas que hay en las familias, en la sociedad, detrás de cada proyecto. Lo más satisfactorio es conocer que nuestro granito de arena está ayudando a solventar un problema.

Ayudan tanto a entidades locales como a otras nacionales.

La mayoría de nuestras ayudas van dirigidas a los proyectos de entidades canarias, aunque, en ocasiones, colaboramos con entidades nacionales o internacionales como Unicef o Médicos del Mundo en acciones puntuales como el terremoto de Haití, una crisis como el ébola. Pero es la parte más pequeña. Creemos que en Canarias, aunque sin comparar, hay muchas necesidades y la ayuda llega más directamente.

Hablaba antes del compromiso social de los trabajadores. ¿Cómo se logra el que los empleados se impliquen voluntariamente en los proyectos de la Fundación?

No es que tengamos un grupo de voluntarios pero hemos logrado que la gente responda a las campañas; aquí no juzgamos a nadie si no quiere participar, aunque le facilitamos que lo haga como, por ejemplo, trayendo una unidad de Donación de Sangre a la puerta. Tenemos una revista a nivel interno donde contamos las acciones que hace la Fundación. Porque, a veces, pecamos de no dar a conocer ese trabajo dentro de la propia empresa. Y por email enviamos, a menudo, que recogemos ropa y juguetes. Eso nos ha servido para que los propios trabajadores nos propongan iniciativas como la recogida de basura en la playa de Güi-Güi o, cuando hubo los grandes incendios, colaborásemos con Foresta en la reforestación.

Uno de los últimos proyectos puesto en marcha por la Fundación es Cucharas y Lápices

En el 2008, un colegio del Sur, ahora no recuerdo el nombre, se puso en contacto con nosotros para solicitarnos unas becas de comedor. Lo sufragamos y, al año siguiente, se sumaron otros cuantos más. En esos momentos, comenzamos a leer en la prensa los problemas que había en los centros al respecto y pensamos que sería bueno crear un proyecto para esas familias, para que la atención de los niños no se viera mermada por no tener que echarse un plato de comida a la boca. Así surgió Cucharas y Lápices, que es el primer proyecto propio de la Fundación, y que tiene como objetivo ofrecer becas de comedor, libros de textos y material escolar a quien lo necesita. La partida de becas de comedor no la hemos utilizado porque el Gobierno de Canarias comenzó a ofrecerlas pero sí las otras. El pasado año colaboramos con ocho centros de la capital y de Telde y, este año, continuamos con ellos. No damos los libros de texto y el material sin conocer los colegios y hablar con los equipos directivos. Hemos comprobado que los equipos no solo hacen una labor pedagógica sino también de implicación social y familiar muy importante.