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Entrevista. Estibador

Julio Quintana: "Los portuarios dieron a La Isleta esa fuerza inusitada que tiene el barrio"

"Los primeros obreros de La Luz viven hacicanados y en chabolas, las casas vinieron a posteriori", apunta el vecino del barrio capitalino

Julio Quintana, ayer, en el Centro Cultural Pepe Dámaso.

Julio Quintana, ayer, en el Centro Cultural Pepe Dámaso. SABRINA CEBALLOS

¿ Qué papel han tenido los estibadores en el origen del barrio de La Isleta?

Hablaría de portuarios, en general; entre los que se encuentran los estibadores, porque cuando se comienza a construir el Puerto de La Luz (1883) llegan a La Isleta carpinteros, mecánicos, fogoneros, una cantidad ingente de trabajadores que fueron los que en realidad crearon el barrio. En 1878 había unas 110 personas censadas, la mayoría de ellos pescadores que atracaban en el muelle del Refugio y algunos almacenes dispersos del Sargento Llagas, que era el alcaide del castillo de La Luz, y la fonda Rosarito, hija de Llagas. En 1920 ya había 20.000 personas viviendo en el barrio. Un incremento de población brutal que, sin duda, se debió a la creación del puerto de La Luz en sustitución del antiguo muelle que había en San Telmo y que incomunicaba a la ciudad y a la Isla cada vez que había un temporal de viento o en el mar.

¿Cuál es el callejero más antiguo del barrio?

Esa es una parte oculta de La Isleta porque los primeros trabajadores que se instalan viven en chabolas construidas con material volcánico en condiciones bastantes pésimas de salubridad, las casas llegarían a posteriori. Cuando se construye La Luz hay una gran crisis económica en la Isla debido al desplome de la cochinilla. El Puerto necesita mucha mano de obra, que viene del interior de la Isla, apenas hay carreteras y los trabajadores se instalan en el lugar más cercano a La Luz. Ese hacinamiento, unido a las malas condiciones de vida, al duro trabajo, provocaba numerosas muertes en el barrio. Aquí se hacían eco de lo ocurrido en la prensa cuando en Tenerife se hablaba de ello. Hablamos de principios de siglo XX. El Ayuntamiento pone remedio a esa situación de miseria y hacinamiento cuando llega el médico de Sanidad Pública Gabriel Ferrer, visita el barrio y dice que hay que quemarlo todo para acabar con esta situación. Entonces el Consistorio llega a un acuerdo con los vecinos y compra los terrenos para que estos construyan sus casas por 500 pesetas (3 euros) a cambio de los planos, la llegada de la luz y el agua. La casa que yo habito, por ejemplo, es de 1933. Por eso, en La Isleta no hay zonas verdes, ni parques, se construyó en todo el espacio libre que había.

¿Qué mejoras se hicieron en él gracias a los trabajadores portuarios?

No hubo, el barrio creció muy rápido como consecuencia de las necesidades de mano de obra del Puerto de La Luz y de la especulación pura y dura. A mediados de los años 40 vivían ya 40.000 personas, la mayoría inmigrantes procedentes de los pueblos del interior de Gran Canaria. La propia plaza del Pueblo, que es el único espacio libre que hay hoy, fue donde se ubicó la antigua sede de los estibadores de carga negra, los que se dedicaban a cargar el carbón para los barcos, quienes compraron los 3.000 metros cuadrados con la ayuda del abogado Franchy Roca, que posteriormente fue ministro, y que fue un luchador de los derechos de los trabajadores del Puerto.

De esa relación con los trabajadores viene también esa fama de ser un barrio muy reivindicativo.

Por supuesto. La mayoría de los portuarios se instalan en La Isleta por cercanía. Hay que pensar que en los años 40,50 y 60 del siglo pasado en el Puerto se trabajaba muy duro y se cobraba una miseria de jornal. Es en los años 70 cuando el nivel económico y laboral comienza a cambiar por esa reivindicación laboral, aunque ésta siempre ha existido. La primera huelga que se conoce en el Puerto es una de los estibadores en 1891, que es bestial. Entonces, no había organización sindical alguna en el Puerto y las casas inglesas que trabajaban en La Luz ejercían bastantes abusos contra los trabajadores. Otro de los conflictos que protagonizan es 1911 en la repetición de unas elecciones municipales, en las que se enfrentan el partido de los leonistas de Fernando León y Castillo y el partido Republicano Federal, capitaneado por Franchy Roca, y en la que mueren seis estibadores en Arenales cuando habían ido a comprobar si habían detenido a Roca.

Y de ahí al conflicto en el que murió la joven Belén María.

Hay muchísimos cosas entremedias, aunque durante el régimen de Franco el comité de empresa de los estibadores desapareció. Hubo también una huelga importante en 1968 pero sí, el barrio se implicó de manera bestial con los estibadores en 1980. Pero no solo con los estibadores, hay que pensar que en los años 70 hubo muchos conflictos laborales dentro de las empresas que había en el Puerto. Las propias iglesias - San Pío y el Carmen- eran un lugar de refugio para los trabajadores cuando venían los antidisturbios. El que hubiera esa masa laboral en el barrio le dio a éste una fuerza inusitada para tener voz, para que no le choteasen.

¿Esa estrecha relación continúa existiendo ahora?

Hay una estrecha unión del barrio con todo el colectivo de trabajadores portuarios. Han vivido conjuntamente una transformación. La Isleta ya no es un barrio tan marginal ni proletario como antes; como le ha ocurrido a los trabajadores. El barrio ha mejorado bastante en comparación con aquellos años de los que hablamos.

Pero el barrio no parece haberse aprovechado de los beneficios económicos que ha tenido el Puerto.

Es verdad. La Isleta ha sido uno de los barrios más importantes de la capital pero siempre ha estado descuidado. Hasta hace poco meses había calles que parece que no las habían asfaltado desde los años 40. Siempre ha sido igual.

¿El barrio sigue contando con una mayoría de trabajadores portuarios como vecinos o eso ha cambiado?

Hay un porcentaje entre 25 y 30% de estibadores que siguen viviendo aquí. La burbuja inmobiliaria también afectó a La Isleta, y como no hay mucho espacio, hubo casas que se pusieron caras y, por tanto, muchos trabajadores que se fueron a vivir fuera. También se han ido para mejorar de situación, como ha ocurrido en otros barrios. Pero el nexo entre La Isleta y los trabajadores portuarios continúa. La razón no es otra que es el lugar más cercano al sitio de trabajo.

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