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Un lugar con mucha historia

El Kiosco modernista del parque San Telmo es obra del arquitecto Rafael Massanet y Faus

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E. M. O.

Antes de ser erigido el kiosco del parque San Telmo, existió, en el mismo solar, otro más antiguo levantado en 1906 en madera. El interés por mejorar el ornato público llevó al Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria a autorizar al entonces concesionario, Pablo Castellano, la construcción del local que aún perdura hasta nuestros días, un kiosco salido del ingenio de Rafael Massanet y Faus, quien lo proyectó de un modo preciosista basándose en la estética del modernismo.

Fue el propio Castellano quien le encargó la obra al arquitecto en el año 1923, haciendo especial hincapié en el carácter comercial del inmueble. Es por esto que posee cuatro fachadas de una factura similar. Aunque la realización definitiva no logró alcanzar la línea sinuosa de los trazos originales, gran parte de la esencia modernista quedó plasmada tanto en el mosaico como en las vidrieras que completan el conjunto.

La buena acogida que tuvo el establecimiento llevó, en 1927, a Castellano a contratar de nuevo a Massanet para que proyectase el Kiosco de la música, un mueble urbano que en un principio combinaba las veladas musicales con el despacho de bebidas y refrescos.

Incluso antes de la llegada de los años 30 del siglo pasado, el parque San Telmo se había transformado en el emporio de la venta ambulante y, en cierto modo, en un hito urbano, pues en 1927 completaba el conjunto un kiosco neomodernista levantado según un proyecto del arquitecto Laforet.

Las primeras noticias que se conservan de la construcción oficial de kioscos en la ciudad datan de 1875. En concreto, del 6 de septiembre, cuando llega al registro municipal una instancia redactada por María Dolores Rodríguez en la que consta su pretensión de construir dos cuartos de madera de doce varas en el frontis de la plaza del Mercado.

El Kiosco modernista fue rehabilitado en 2005 por el empresario que se hizo con la concesión ese año, Antonio Guerrero. Un grupo de artesanos de la localidad valenciana de Manises -que formaban parte de la misma empresa que los hizo cuando se construyó en 1923, Gimeno y Ríos, y son nietos de los que los elaboraron en su día- se trasladó a la capital grancanaria con el fin de elaborar e instalar los azulejos en la cúpula y las columnas del recinto, que se encontraba bastante deteriorado, dado que no se restauraba desde hacía casi dos décadas. En 2005, el edificio había estado cerrado durante más de un año tras la rescisión del contrato de arrendamiento a su anterior concesionario. El 24 de junio abrió de nuevo sus puertas.

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