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Entrevista. Hijo predilecto

Hani Mhaidli: "Si nuestra sanidad incluyera más investigación, estaría en otra liga"

"Hemos creado un comité para lograr en Bruselas que la de columna vertebral sea una especialidad", afirma el jefe de la Unidad de Raquis del Hospital Doctor Negrín

El doctor Hani Mhaidli, en su despacho.

El doctor Hani Mhaidli, en su despacho. JUAN CARLOS CASTRO

¿Qué significa para usted este reconocimiento?

Es un gran honor. Este es un sitio que me gusta y en el que me he pasado gran parte de mi carrera profesional. Es un estímulo en todos los sentidos, y me siento muy orgulloso y contento.

¿Se lo esperaba?

No estaba en mis cálculos, ni era un objetivo en sí. Pero viene de esta forma y me encanta.

En comparación con otros reconocimientos, ¿cómo lo valora?

Es uno distinto. Lleva una parte más sentimental, de corazón. Los otros premios y reconocimientos que he recibido son más técnicos, mientras que este es más auténtico en el aspecto sentimental, y toca la fibra sensible.

¿Cómo y cuándo decide dedicarse a la medicina y a su especialidad en concreto?

Hace muchos años; ya desde pequeño me gustaba la medicina. Luego empecé la carrera y cada vez profundizas más. En Madrid tuve un profesor que dedicaba gran parte de su actividad a la columna vertebral, y algo se me quedó de aquello. Luego conseguí una beca para complementar mi formación y fui a Baltimore, donde maduré mi visión desde el punto más alto del mundo en el terreno de la columna, y donde me asenté y decidí que quería dedicarme al raquis el resto de mi carrera profesional.

Pero la idea de especializarse en la columna vertebral ya la traía de atrás.

Sí. El 50% de lo que hacíamos era de columna, pero esto se maduró aquí en Las Palmas de Gran Canaria, en el Hospital de El Pino, donde en su momento se tenían que mandar a muchos pacientes a Sevilla, a Madrid, a Barcelona... Por eso se creó la unidad aquí y ahora no dependemos de nadie. Somos autosuficientes, que es como tiene que ser. Ahora nos llegan incluso peticiones de médicos para venir a la unidad.

¿Qué aprendió de su estancia en Baltimore acerca de la visión respecto a la medicina que existe en Estados Unidos y en qué se diferencia de la nuestra?

Es muy diferente. Desde el punto de vista técnico, nos guste o no nos guste, es la fuente de todo lo que se hace en el mundo en el terreno de la medicina. ¿Por qué? Porque tienen una maquinaria de investigación impresionante, hay una maquinaria de estudios y de control, tienen dinero... Mandan, en ese sentido. Sin meternos en el meollo de lo público y privado, desde el punto de vista algo egoísta, del sistema de ellos, tal y como funciona ahora mismo, el mundo entero saca provecho. Todo lo que se investiga allí, hoy en día, no se esconde.

Porque la investigación es imprescindible en medicina.

Exactamente. Cuando volví aquí, me di cuenta de que, a nivel médico, lo que hacían ellos también lo podía hacer yo. Ningún médico debería sentirse inferior a la capacidad individual de los americanos. Lo que nos falta a nosotros es el último eslabón, el de la investigación, que no es complicado conseguirlo tampoco. En lo demás estamos igual que ellos, o incluso mejor. Aquí en la ciudad, sin ir más lejos, hay cirujanos que tienen la capacidad de operar igual o mejor que muchos, lo que pasa es que la tecnología y la técnica de una aplicación determinada muchas veces viene de fuera. Nuestro sistema es asistencialista, que es muy bueno desde el punto de vista social, pero si aportara más investigación médica saltaría a otra liga. Si la carga asistencial no fuera tanta, se podría dedicar más a investigar.

¿Diría entonces que en Estados Unidos se investiga más gracias a que el sistema sanitario es privado?

Gracias a que tienen los medios. Ellos investigan, analizan... Y porque no tienen la misma carga asistencial que nosotros, claro. Nuestro sistema nos hace depender de ellos en todo.

¿Qué considera que habría que hacer entonces?

Yo creo que habría que darle algo más de importancia a este último eslabón, que es la investigación, dentro de la estructura hospitalaria, donde en cada servicio tengamos a alguien que recoja los datos. En Estados Unidos tienen tres o cuatro personas en cada equipo que hacen ese trabajo, porque si yo hiciera esa labor no podría hacer otras de las que ya desempeño. Por ejemplo, la del data manager, que quien se encarga de recopilar los datos, es una figura que aquí no está asentada. Es una pena, porque solo nos falta esto para decirle a los americanos "esto no nos gusta" o "esto no es válido"; podríamos hasta exportar, e incluso sería beneficioso desde el punto de vista económico.

¿Pero estamos más cerca de lo que debería ser?

Nosotros estamos a caballo. Tenemos una cobertura sanitaria pública, lo cual está muy bien, pero genera mucha carga de trabajo y es costoso. Ellos, a costa de algunas injusticias, investigan más y encuentran más soluciones. Soluciones de las que luego tiramos nosotros pero que han encontrado ellos.

¿Qué lo lleva a crear la Unidad del Raquis en 1989?

Porque había necesidad, y porque empezó a haber un salto en la tecnología aplicada a la columna vertebral. Y para manejarla hay que dedicarse de manera exclusiva a ello. En toda España hay cinco o seis centros de referencia nacional que pueden enseñar a médicos a operar columna, y uno de ellos es el Negrín, nuestra unidad.

Gracias a la unidad ha logrado mejorar la vida de mucha gente.

Es que el resultado se traduce en calidad de vida para los pacientes.

¿La considera su mayor logro?

Uno de los mayores, sin duda. Pero me vienen a la cabeza muchos casos dramáticos en los que uno ha contribuido en ayudar a la persona y eso da mucha satisfacción. Pero lo de la unidad es incuestionable.

¿Cuál es el futuro?

Nos hemos reunido con sociedades europeas que se dedican a la columna vertebral y hemos creado un comité para hablar con los políticos en Bruselas, para que reconozcan en el futuro a medio plazo una especialidad de columna vertebral. ¿Por qué? Por la importancia y repercusión socioeconómica de tener una columna sana, porque se usa tecnología muy sofisticada y porque hay mucha demanda, dado que hay muchas patologías. Así se han creado otras especialidades en el pasado y se continúan creando.

Aunque no sea oficialmente una especialidad, a efectos prácticos funciona como tal, ¿no?

Sí. Al fin y al cabo, el paciente lo que quiere es alguien especializado en esto. Porque hay patologías muy complejas que afectan a la columna vertebral.

¿Qué avances hay en relación a las técnicas?

Muchos. Una fractura en la columna condenaba antes al paciente a no levantarse de la cama aún operándolo bien. Hoy en día, a los pocos días, se levantan y muchos caminan. Lo próximo van a ser las técnicas mínimamente invasivas, que son con pocos cortes y utilizando la alta tecnología que tenemos en cuanto a imagen.

¿Qué tipos de pacientes y de patologías son más comunes?

La gente de hoy día vive más que antes. La columna se desgasta según avanza la edad, y esto es lo que puede provocar alguna incapacidad. Por eso el reto es mejorar las vidas de las personas mayores en este sentido. Lo que más se ve son procesos de dolor lumbar con una afectación de los nervios por desgaste. También, por vivir aquí, en una zona de turismo de playa, mucha gente viene a veces por fracturas, tanto cervicales como lumbares, traumatismos... Y también hay muchos casos con tumores y deformidades como escoliosis.

En general, los dolores de espalda son muy comunes. ¿A qué se debe?

Y tan comunes, pues todo el mundo ha tenido, al menos una vez en la vida, dolor lumbar. ¿Por qué? Porque caminamos sobre dos puntos de apoyo; si nuestra espalda tuviese cuatro puntos de apoyo descansaría bien. Pero tampoco hay que quejarse, porque gracias a eso tenemos las manos libres. Hemos inventado los instrumentos y hemos dominado el mundo. Compensa por esa parte.

Entonces es la evolución la que condenó a la columna.

Pero nos premió con que ningún animal nos puede dominar.

En cualquier caso, la prevención es fundamental, ¿no?

Claro, es que a todo esto hay que sumarle el mal uso. Y es fundamental la actividad física, el ejercicio, además de una buena alimentación y evitar las sobrecargas, el sobrepeso, las malas posturas y el sedentarismo. La actividad es buena para que no se seque el disco que separa las vértebras. Por esto se han cambiado algunos tratamientos: antiguamente, con el dolor lumbar se mandaba reposo absoluto en cama, mientras que ahora le decimos al enfermo que tiene que moverse.

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