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El 'efecto UPC'

La Unión del Pueblo Canario creó en 1979 una expectativa para la izquierda que no resistió dos años

El alcalde Augusto Hidalgo, jurando su cargo el pasado sábado. JOSÉ CARLOS GUERRA

Una multitud rodeó a un emocionado Augusto Hidalgo el pasado sábado, cuando se convirtió en el nuevo alcalde de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. PSOE, LPGC Puede y NC anunciaron días antes que el acuerdo de gobierno suscrito para los próximos cuatro años era "sólido y estable". Con ello querían despejar cualquier sombra de duda sobre la presunta fragilidad de un gobierno que izquierdas que aspira a dar un giro a las políticas conservadoras de Juan José Cardona, el alcalde saliente.

En su toma de posesión, el primer edil de la capital grancanaria rememoró la figura de su padre Augusto Hidalgo Champsaur, el abogado laboralista que, cuando él tenía apenas siete años, quedó a las puertas de entrar como concejal del Partido Comunista en el mismo ayuntamiento capitalino. Aquel niño, hoy alcalde, ya se había referido a su progenitor y al tiempo histórico que le tocó vivir cuando, tras votar, dijo: "Si hay unas elecciones parecidas a aquellas del 79 son éstas. Salvando las distancias, el sentir de los ciudadanos es que las cosas van a ser diferentes". Y, efectivamente, lo que ocurrió en aquellas primeras elecciones democráticas ofrece muchos paralelismos con lo que está ocurriendo este 2015, donde nuevos aires políticos provocaron y están provocando un vuelco electoral. Lo que está por ver es si el nuevo tripartito tendrá, o no, el mismo precipitado final de entonces.

En ambos tiempos se estaba produciendo una nueva transformación del sistema político español. Hoy, el cambio lo lidera la izquierda movilizada en torno a Podemos; mientras en el 79 estaba aún más fragmentada en un conglomerado de siglas que iban desde el PC de Carrillo -hasta hacía nada en la clandestinidad- a partidos locales emergentes como la Unión del Pueblo Canario (UPC). La capital grancanaria fue, como en este período, una de las puntas de lanza de aquel terremoto político que supuso el acceso de fuerzas de izquierda al poder municipal. Y que, desde un punto de vista histórico, se prolongó durante varios años hasta derivar en la victoria socialista del 82, que marcó el fin de un ciclo y el principio del existente hasta ahora.

El sábado 21 de abril de hace 36 años, como hiciera anteayer Augusto Hidalgo, tomó posesión Manuel Bermejo. Su designación como alcalde de Las Palmas de Gran Canario provocó una ola de emoción social sin precedentes. Optó por "un acto popular y no protocolario al uso", según contaron los cronistas de entonces. Cuando salió al balcón del Salón Dorado, que ya entonces se quedaba pequeño para acto tan solemne, lo acogió con júbilo una multitud de ilusionados votantes de la Unión del Pueblo Canario, que abarrotaba la Plaza Santa Ana: "Vamos a convertir el ayuntamiento en la Casa del Pueblo. Este triunfo de la izquierda es el camino hacia la unidad popular", señaló Bermejo.

La Unión del Pueblo Canario era una coalición de comunistas, socialistas, nacionalistas e independentistas. Su base social estaba integrada en buena medida por colectivos marginados de los barrios, pero también por una clase media de profesionales y funcionarios, sobre todo maestros que acabaron creando el influyente STEC.

La UPC fue la gran novedad de los comicios de 1979 y su irrupción produjo un auténtico terremoto político en los albores de la democracia. El Podemos de aquella primera transición, en cuanto a fuerza emergente de la izquierda, logró 10 concejales y alcanzó un pacto de gobierno con los socialistas de Juan Rodríguez Doreste (4) y el concejal de Asamblea de Vecinos. También entonces perdieron los que ganaron: la derecha de UCD que con 14 concejales quedó, como el PP actual, desplazada por la alianza de la izquierda.

Pero las expectativas e ilusiones creadas por esta unión popular no resistieron ni dos años los embates de las tensiones internas y presiones externas. En agosto de 1980, Bermejo dimitió. ¿Qué había ocurrido en esos meses para que aquel acuerdo saltara por los aires tan pronto? "La ruptura del pacto de izquierdas es responsabilidad exclusiva del PSOE", dijo Bermejo. Y el alcalde de UPC destacó dos dinamitadores del pacto: "la confusa política del PSOE y su apoyo a UCD en todas las decisiones importantes" y el "personalismo excesivo" de Rodríguez Doreste.

El semillero del 79

Los partidos emergentes que concurrieron a la primera y última convocatoria municipal electoral surgieron en representación de amplios movimientos sociales. La década de los setenta tuvo también su 15M: la multitudinaria manifestación del 11 de julio de 1976 que, con una asistencia estimada de 15.000 personas, está considera por los historiadores como "uno de los hitos más relevantes de la transición canaria". Esas movilizaciones en la calle fueron, en cada una de las dos épocas, consecuencia de una conjunción de dos crisis: la económica y la política. Y dieron lugar al surgimiento de nuevas siglas que trataban de dotar de representación política a las demandas ciudadanas.

En Canarias, el mapa político de la transición resultó ser uno de los más plurales de España. Las elecciones municipales fueron, en realidad, un semillero en el que despuntaron los principales partidos y dirigentes que hoy gobiernan. En la España de entonces solo pesaba el nacionalismo de PNV y CiU, pero en las Islas surgieron formaciones nacionalistas y localistas, muchas de las cuales terminaron convergiendo en Coalición Canaria: los alcaldes independientes de Tenerife de Manuel Hermoso; Asamblea Majorera, que luchaba contra la militarización de Fuerteventura; o los movimientos cristianos vinculados a la HOAC, que en Gran Canaria evolucionan desde Asamblea de Vecinos y Roque Aguayro hasta la actual Nueva Canarias. Y que siguen dominando sobre todo en el sur de la isla y acaba de hacerse con el Cabildo de Gran Canaria, disputando el feudo a Podemos en esta isla.

El 15 de mayo de 2011 o 15M es la fecha señalada como el inicio del cambio social que ha acabado por proyectarse al ámbito político con la constitución de los nuevos gobiernos municipales. Las "alcaldías del cambio" tienen en Madrid y Barcelona sus epicentros, pero también se han extendido por otras capitales de provincia como Las Palmas de Gran Canaria. Aunque curiosamente, y pese a los buenos resultados obtenidos por la formación de Pablo Iglesias en el Parlamento de Canarias, las fuerzas vinculadas de una u otra forma a Podemos no han logrado ni una sola de las 88 alcaldías que existen en el Archipiélago.

Las similitudes que comparten los Podemos de ahora y de ayer sobre la representatividad social que ostentan, tiene por el contrario una diferencia acusada que les distancia: el componente canario que caracterizó de forma muy significativa a la UPC y está diluido en el caso de Podemos en Canarias.

En los comicios de los setenta, pesó mucho la sensación de que al abandono del Sáhara le iba a suceder el abandono de Canarias y, en consecuencia, ganaron peso dos corrientes: el regionalismo y el antimilitarismo. Canarias sufría entonces una cierta crisis de identidad, que había llevado a socialistas y comunistas a elaborar el Estatuto del IUDE, pero que no salió adelante. También se respiraba en esos tiempos un pronunciado anti-godismo, provocado por el hecho de que el control de la economía estuviera en manos de peninsulares, que ocupaban tanto los altos cargos de las administraciones estatales como de las principales empresas asentadas en las Islas.

UPC canalizó también esa reacción contra lo de fuera y sumó a un alto grado de reivindicación social, un contenido de autodeterminación. De ahí que, desde un ayuntamiento como Las Palmas de Gran Canaria, su flamante nuevo alcalde Manuel Bermejo llegar a abogar por "una Canarias libre y socialista" y que la bandera tricolor con sus siete estrellas verdes luciera junto a él en el balcón del ayuntamiento.

Pero en Canarias, electoralmente, siempre ha tenido mucha influencia la corriente política que domina en Madrid. Cada nuevo movimiento, se reproduce en las Islas masivamente: UCD, por ejemplo, logró un resultado espectacular, superior al de otras regiones. Pero también el PSOE de Felipe González o el PP de José María Aznar obtuvieron en las Islas muy buenos resultados. Y el fenómeno vuelve a repetirse hoy con Podemos, hasta el punto de que, en plena campaña electoral, sorprendió el hecho de que las principales referencias a los problemas singulares de Canarias las protagonizaran, en la Plaza del Pilar, no los candidatos canarios sino el dirigente estatal Iñigo Errejón.

La amenaza que representa Podemos para la hegemonía del PSOE a la izquierda, y como se resuelva esta contradicción en la gestión municipal en aquellos ayuntamientos en los que ambas fuerzas han pactado, está la incógnita sobre si los cambios municipales producidos tras el 24M son el primer paso para construir, desde lo local, una "unidad popular" que desaloje al PP de Moncloa el próximo noviembre. También la UPC supuso una amenaza para la hegemonía del PSOE y la opción de Rodríguez Doreste de romper el pacto de la izquierda le permitió, en el 83, obtener la mayoría absoluta (pasó de 4 a 15 concejales), mientras UPC quedó con solo dos.

En la actualidad, y ante la cercanía de las elecciones generales, ya Ferraz ha advertido a sus alcaldes socialistas que deben ser diques de contención ante la consolidación de Podemos. Por su parte, el PP municipal no solo no disimula su esperanza de que el tripartito PSOE, LPGC Puede y NC salte por los aires antes del fin de legislatura, sino que mueve fichas en la sombre para enfrentarlos entre sí -desempolvando, por ejemplo, publicaciones sobre la figura de Augusto Hidalgo padre que pudieran herir sensibilidades en el PSOE-.

El efecto mariposa se usó por vez primera en el ámbito de la meteorología, para explicar como una pequeña variación en idénticas condiciones iniciales podía modificar el clima. Un simple aleteo, una decisión distinta a la tomada en el supuesto anterior, ofrece un nuevo resultado y la posibilidad, por tanto, de corregir errores pasados. Las lecciones de aquellas primeras elecciones municipales han puesto en evidencia que no basta ser una fuerza de protesta con un respaldo masivo amplio para lograr el cambio. Y que, además de un proyecto claro, es necesario tener la capacidad de saber ejecutarlo. En aquel momento histórico, Manuel Bermejo recordó en su discurso de investidura la popular frase de Salvador Allende: "Tenemos el gobierno, pero no el poder". Claro que, entonces, el grado de madurez democrática de la sociedad española no era el actual: son ya cuarenta años de ejercicio.

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