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Tarde en la terraza

Un grupo de biólogos, arquitectos y ecologistas celebran en el descampado de La Minilla el simposio 'Hablar en el vacío', organizado por el Foro Crítica y Sociedad de Café D'Espacio para reivindicar los valores de este enclave

Juan Palop, Carlos Suárez, Cristina Maya, Eugenio Reyes y Sergio Cabrera, en el descampado de La Minilla, durante el simposio

Juan Palop, Carlos Suárez, Cristina Maya, Eugenio Reyes y Sergio Cabrera, en el descampado de La Minilla, durante el simposio MARIANO DE SANTA ANA

Si hay alguien en Las Palmas que dude que la Tierra sea redonda, debe ir a la terraza de La Minilla un día despejado, situarse junto a la ruina del búnker de los años cuarenta, y observar desde aquí los confines del mar. Entonces, cuando compare la línea del horizonte allende el Puerto de La Luz con su trazado entre la Torre de los Taxistas y el Edificio de Madera y Corcho, su escepticismo geográfico se disipará: comprobará que la línea es curva, que forma parte de la circunferencia del planeta. No es éste el único valor de este descampado de Las Palmas, pero sí uno de los que pusieron de relieve los participantes en el simposio Hablar en el vacío, que organizó aquí una tarde, días atrás, el Foro Crítica y Sociedad, uno de los colectivos que integran Café D'Espacio.

Los escasos transeúntes que pasan por este lugar para acortar camino o pasear al perro, miran sorprendidos el encuentro, que mezcla la escenografía propia de una ceremonia académica -mesa, mantel, micrófono, rótulos con el nombre de los ponentes?-, y la frescura de un gesto insurgente: la reapropiación de un espacio público en desuso, de un vacío urbano. Ante una treintena de ciudadanos que los escuchan con atención desde sus sillas, intervienen Sergio Cabrera García, biólogo, profesor del IES Guanarteme; Cristina Maya León, arquitecta, miembro del Foro Crítica y Sociedad; Juan Palop- Casado, arquitecto y urbanista; Eugenio Reyes Naranjo, miembro de Ben Magec- Ecologistas en Acción, y Carlos Suárez Rodríguez, biólogo, técnico en Planificación Ambiental del Gobierno de Canarias.

Este reducto sin edificar, resto del arenal que en tiempos llegaba hasta La Isleta, es un vacío urbano, un descampado sin uso. Pero es un vacío en el que se han depositado valores poéticos, políticos y científicos que los participantes en el simposio reivindican desde sus saberes y vivencias. Así Sergio Cabrera, que acostumbra a traer aquí a sus alumnos, apunta a las huellas de eras remotas, el Mioceno y el Plioceno, visibles en forma de sedimentos de antiguos barrancos y también de fósiles que indican que el mar llegó hasta aquí. Uno de estos es la Rothpletzia rudista, un molusco marino endémico del Archipiélago al que los estudiosos conceden gran valor. Cabrera habla también de una criatura viva, la Pimelia granulicollis, conocida popularmente como escarabajo bombón, que tiene en este descampado uno de sus últimos hábitats y que está incluida en el Catálogo de Especies Amenazadas de Canarias.

El escarabajo bombón acostumbra a salir de noche de sus reductos, pero, de vez en vez, lo hace a la luz del sol. Quizá, entonces, sea uno de estos bichitos el que se pasea entre los pies del reportero mientras escucha a Carlos Suárez que, como Cabrera, invoca los tiempos de la Historia Natural, aunque, en su caso, referidos también a la historia humana, al siglo XIX y a los naturalistas que estudiaron entonces este área. El biólogo remite concretamente a Charles Lyell, padre de la geología moderna, y a su colaborador canario, Pedro Maffiotte, a los que ha dedicado una monografía. Gracias al primero, por el que se sabe a ciencia cierta que el origen de los fósiles del Himalaya no está en el Diluvio Universal, hay en el Museo de Historia Natural de Londres una nutrida representación de animales petrificados de Las Palmas, entre otros, algunos extraídos de este enclave. El segundo, que enviaba cajas de materiales a Lyell, es uno de los fundadores de El Museo Canario y el descubridor de la Rothpletzia rudista, llamada originariamente en su honor Maffiottea canariensis, por lo que Suárez propone convertir el lugar en el Parque Geológico y Paleontológico Pedro Maffiotte.

Memoria de la arena. Casi todos los asistentes recuerdan la forma que tuvo este paisaje hasta finales de los años ochenta: un campo de dunas desaparecido con la urbanización. Eugenio Reyes señala incluso que el movimiento ecologista del Archipiélago, que a principios de aquella década congregó por primera vez aquí a representantes de todas las Islas, comenzaba así su manifiesto: "Reunidos en este campo de dunas". No obstante, más que en la melancolía por el pasado que pudo ser y no fue, el activista pone el acento en las posibilidades de futuro de esta porción de la terraza de La Minilla y propugna que este encuentro sea el primero de unas Aulas Urbanas Abiertas, en las que la ciudadanía ocupe vacíos urbanos y "pueda soñar en ellos con lo totalmente otro".

En torno al norte magnético de este vacío, las palabras giran en busca del núcleo que condensa su extrañeza. Juan Palop- Casado hace al respecto una reivindicación de todos los vacíos de la ciudad, de su potencial de incertidumbre, de aventura. "Las Palmas", dice, "se ha pensado siempre a través de sus llenos, pero tenemos que aprender a pensarla y diseñarla también a través de sus vacíos, porque son espacios que, fracasada la arquitectura como componente fundamental para hacer ciudad, le darán la identidad que necesita". El arquitecto reivindica declarar espacios protegidos a los vacíos urbanos "como las terrazas del López Socas, el istmo de La Isleta, el Barranquillo de Don Zoilo o este de La Minilla" y, a propósito de éste último, apunta que, "pocos espacios hay en Las Palmas que tengan libres el eje vertical y el horizontal para poder ver a la vez el mar, las estrellas y la curvatura del horizonte.

Vueltas y vueltas en torno al vacío. Más que respuestas, lo que se llevan de éste los asistentes al simposio son más preguntas. Como las que se hace Cristina Maya: "¿Qué son los vacíos urbanos? ¿Son una promesa? ¿Lugares dónde casi todo es posible porque en ellos no hay nada? ¿Por qué los llaman vacíos urbanos? ¿Porque están a la espera de ser integrados en la planificación para pasar a formar parte de los llenos urbanos? ¿Cómo surge un vacío urbano? ¿Es un campo que dejó de ser campo? ¿Es la ciudad que llegó al campo? Como no es ciudad, ni es campo, ¿es vacío? ¿Es una ciudad paralela? ¿Qué debemos hacer con los vacíos urbanos? ¿Necesitan de un rescate?".

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