Suscríbete

La Provincia - Diario de Las Palmas

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Comunicación Medio siglo de radio

Mara : "El cáncer que peleo hace cuatro años aconseja decir adiós"

Hace dos semanas la conocida comunicadora se despidió de sus oyentes: "Tras 50 años me toca descansar" - González es la memoria sonora de los canarios

Una jovencísima y preciosa Mara González, en sus inicios delante de un micrófono de su querida ´Cadena Ser´. QUIQUE CURBELO

"Yo viviré lo que deseen ustedes.

Cuando olviden mi nombre, me habré muerto;

pero seré inmortal con que un amigo me erija un buen recuerdo.

Para entonces dirán de vez en cuando:

- Aquel amigo Pedro,

después de todo no era mal muchacho?"

De la amistad

(Pedro Lezcano)

Ese fue su adiós, su despedida. Un poema de Pedro Lezcano A la amistad. Apasionada y dulce Mara González. La voz que durante 50 años se ha colado en los hogares de los canarios ha dicho adiós a la radio. La deja muy a su pesar. Un cáncer contra el que batalla hace cuatro años aconseja paz, tranquilidad, orden y descanso. Hace quince días ella, que maneja el micrófono como nadie, vivió uno de los momentos más duros de su vida. A media mañana llamó a su querida Dulce María Facundo, entró en el estudio de Radio Las Palmas se sentó frente el micro, bebió agua, pidió que encendieran el piloto rojo y grabó su adiós. Ella hablaba y Dulce escuchaba emocionada. "No ha sido fácil, no? Ha sido una decisión muy meditada, pero ya no podía ser, yo no podía ir a trabajar un día sí y tres semanas no. No podía. No cabe duda de que mi estado de salud ha sido determinante para tomar una decisión dura, pero aunque no lo creas, cuando llegué a casa después de anunciar mi adiós sentí una especie de liberación. Ya no podía ser, mi niña. Ni por la empresa, ni por las personas implicadas en mis proyectos, ni por los oyentes, ni por mis anunciantes y sobre todo por respeto a mí misma. No podía. Cerrar la puerta a 50 años de radio es cerrar la puerta a una vida, pero había que hacerlo".

En el salón de su casa Mara me espera sentada en un mini despacho en el que tiene todo a mano. Apuntes, familia y amigos. Desde que hizo pública su decisión de jubilarse y dejarlo todo el teléfono no para y las flores, los bombones, los libros, en suma, el cariño se hacen hueco en esa casa tan acogedora como la propia Mara. Una amistad de tantos años ya nos permite entendernos sin palabras. Una de sus hijas, Ada, entra y sale del salón pendiente de nosotras: "Pues Marisol, como te digo, no ha sido fácil pero, ¿sabes?, no quería darle a la despedida un aire de tragedia, quería normalizarla. También es verdad que llevo tiempo sopesándolo hasta que, finalmente, entendí que era lo mejor. Te decía que el viernes que me despedí de los oyentes utilicé una técnica para no romperme, pero sí, me rompí, aunque solo un poco. En ese instante se agolparon en mi mente tantos recuerdos que? Bueno, se acabó". Ahora su vida será leer, escuchar radio, hablar con los amigos y cuidarse.

Si hablamos de su enfermedad es porque Mara ni lo oculta ni lo evita. Ni hoy, ni hace cuatro años. "Esto le toca a cualquiera y me tocó a mí. Lo primero que hice cuando viví ese momento fue asumirlo y pelearlo. Aquí tenemos magníficos especialistas. Y mira; yo lo he llevado hasta con ilusión, porque las primeras intervenciones quirúrgicas dieron unos resultados fantásticos. El doctor Larrea y la doctora Mirta García del Hospital Insular que me han tratado maravillosamente bien; me han regalado cumpleaños, porque, como sabes, en el 2011 pensé que se llegaba el final, el ocaso, pero fíjate, aquí estamos las dos, en casa, hablando como tantas veces. Un cáncer no es una broma, no lo es, pero hay que normalizar las cosas. No se lo oculté a mis oyentes que me consta han rezado mucho por mí, pero reconozco que en la decisión de decir adiós a la radio ha sido determinante mi enfermedad. Toca descansar y alejarse del bullicio".

Que sepan que Mara González tiene en la compañera Dulce María Facundo a su "hija" radiofónica, a la que vio llegar a la radio; es tanta la ilusión que tiene puesta en el programa que prepara Dulce que solo me pide un favor. Uno. "Di que ella recogerá mi testigo, mi sucesora. Dulce ya tiene mis agendas, mis contactos, todo. Es una mujer querida, gran profesional. Yo les pido a los oyentes que la quieran mucho más. Lo merece. Dejo mi espacio en muy buenas manos, Marisol"

Se emociona discretamente. De sus ojos enrojecidos y serenos sale una mirada que, sin hablar, habla. El silencio lo dice todo. Distraemos esos minutos comentando fotos de su vida en la radio.

Una época dura

Han sido "muchos años en la radio en una época dura, durísima", recuerda. "Para España, para Europa y para Canarias. España estaba saliendo de una dictadura y Canarias casi no existía. Abandonada a su suerte. Pero fíjate, en Madrid la Ser ya echaba andar y Antonio Calderón, por entonces jefe de emisión de la cadena, fue dando los pasos hasta poder contar noticias. A él le debemos el todavía vivísimo Hora 25. Calderón contrató a primeros espadas del periodismo y todo cambió. Es que por entonces la radio privada estaba amordazada y Calderón y la Ser, a la que tantísimo le debemos los españoles, oxigenó la vida de la gente". Mara habla con emoción, con la emoción de quien se siente orgullosa de haber pertenecido a la marca, la Ser, ahora y siempre Radio Las Palmas. "La Ser rompió moldes, ha sido la radio con mayúsculas. Hasta ese momento las noticias que dábamos las privadas eran las que ya contaba RNE. Refritarlas y nada más. Tiempos duros pero apasionantes en todo caso".

Mara recuerda que cuando la Ser le ofreció un programa en Las Palmas de Gran Canaria tuvo claro que quería contar cosas que no se contaban. Cómo vivían las mujeres, lo que pasaba en la calle, qué necesidad tenían nuestras Islas, nuestros campos, en fin, contar la vida. "Te cuento. Cada mañana yo iba a comprar el periódico a San Telmo y me lo llevaba a la radio, que estaba a la entrada de Triana y más tarde ya nos fuimos a Rafael Cabrera. Claro, yo veía que lo que leía en el periódico no era lo que escuchaba en la calle, no, no. No me gustaba, así que, poco a poco, empezamos a caminar, abriendo puertas, formando un equipo en el que estaban los mejores comunicadores". José Martín Ramos, Santiago Betancor Brito, Pascual Calabuig, Luis Zárate, entre otros.

La larga trayectoria de Mara González le ha permitido tener oyentes de todas las edades, de tal manera que, desde que se hizo pública su retirada, las redes sociales la han despedido con mucho cariño. Y la han despedido hombres que hoy tienen 30 o 40 años con frases tan hermosas como la de Juan García Luján: "Mara, la voz que le contaba cuentos al niño que fui". Y es verdad; fue una sección diaria que se llamaba El tiempo de los niños en el que Mara les contaba un cuento a las 7.45 horas de la mañana, mientras las madres les preparaban para el colegio. Nunca he sabido cómo empezó esa sección y se lo digo. "Pues mira nació porque para llegar al corazón de los padres, especialmente de las madres, y motivarlas para que participaran en nuestros programas primero me tenía que ganarme a los niños, luego a ellas. Eso funcionó muy bien. Yo lo que quería era que esas madres despertaran, aprendieran escuchando y que acabaran matriculándose en Radio Ecca, grandiosa labor la que han hecho. En definitiva que supieran que había un mundo fuera en el que ellas tenían un papel importante. Lo cierto es que me escuchaban muchos niños, hombres hoy, que desayunaban con mi voz. Era muy lindo?".

Mara muestra una curiosa carta que recibió en 1987 firmada por una mujer de Antigua (Fuerteventura) que se disculpaba por no poder participar en sus concursos, porque su casa carecía de luz, agua, en fin, la miseria de aquellos años. "Y como esa carta, centenares. Yo de pronto preguntaba en la radio. "¿Alguien sabe lo que es un testamento?" y lo hacía de una forma insistente, con el atractivo de que la persona que lo acertara entraba en un sorteo".

Amenaza de bomba

En tiempos políticamente tan convulsos como lo fue el final de la dictadura y la transición, Mara González hacía lo que nadie siquiera intentaba; abrir los micrófonos a los oyentes, con el riesgo que ello suponía. "Nunca tuve problemas, es decir llamadas inapropiadas, insultos, etc. Aunque ahora que me acuerdo tuvimos una amenaza de bomba. ¡Es verdad! Te lo cuento. Yo estaba haciendo uno de esos programas nocturnos a favor de San Juan de Dios, que ya sabes que es una de mis debilidades. Nada, la noche no iba bien, había pocas llamadas y por tanto poca recaudación. De pronto entró la voz de una mujer que anunciaba la colocación de una bomba en un lugar determinado de la emisora. Debía conocer la casa, porque daba un lugar que solo conocíamos nosotros. Los grises tomaron la emisora, pero yo no dejé el micrófono y mis compañeros tampoco. Allí aguantamos hasta que la situación quedó controlada. Recuerdo que me encerré en el estudio y eché le llave para que no me sacaran. No dejamos de emitir ni un momento de manera que luego, supongo que nerviosa y preocupada, le conté a los oyentes lo mal que iba la recaudación, porque el susto de la amenaza había paralizado a la gente. Ese comentario sensibilizó a los oyentes y no te puedes imaginar lo que fue aquello. Recaudamos lo que no habíamos recaudado nunca. Aquello fue el revulsivo y el programa una bomba", remata entre risas. "Oye, que la gente venía a la emisora en pijama con el donativo para San Juan de Dios, no creas".

Tiene Mara tal capacidad para comunicar que tres horas de charla, entre café e infusiones, pasan como un rayo. Pocas personas he conocido con una vida personal y profesional tan intensa. Escuchándola observo en ella tantas ganas de relatar lo mucho que ha vivido que me reafirmo en dos cosas, su calidad humana y su brillantez como comunicadora. En 50 años de radio Mara ha desarrollado una capacidad para "conocer" a la persona que le habla a través de las ondas. "Es que la psiquiatría siempre me ha interesado, siempre. De hecho, en Madrid estuve varias veces con Vallejo Nájera que, por cierto, me recomendó su libro Iniciación a la psiquiatría, cuyo contenido me ha sido de gran utilidad en momentos complicados que he vivido".

"Por ejemplo", cuenta, "una noche entró en antena la llamada de una señora de Moya que decía que llamaba para despedirse, que se quitaba la vida. Generalmente las personas que anuncian eso no lo hacen, solo desean, salvo excepciones, llamar la atención. Por un teléfono traté de calmarla, contándole mi vida, mis cosas, en fin, alargando el tiempo y por otro hablaba con el Ayuntamiento de Moya para que acudieran en su ayuda. Como esos casos he vivido algunos más. Recuerdo a otra joven que también llamó con la misma decisión, unas situaciones tan al límite que hay que afrontar con mucho temple y yo diría que amor. Atemperar la voz, dar confianza, eso es fundamental. En fin, son muchísimas las cosas vividas en 50 años, muchas, muchos los amigos, los oyentes cómplices. Muchos".

La radio, bendita radio que tanto informa y acompaña. No creo que haya una casa en Canarias en la que no se haya colado la voz de Mara González. Para que el lector se haga una idea, los programas de Mara llegaron a tener audiencias de más de 200.000 oyentes, que ya es. "Es que antes la radio estaba en el salón y hasta en la azotea, subía y bajaba". Se ríe porque sabe bien que sus oyentes ponían Radio Las Palmas y se la llevaban allá donde iban, a tender, a limpiar, en un bolsillo? "A veces cuando llego a casa y me duelen las piernas le digo a mis niñas, "es que hoy he subido mil veces a la azotea y se ríen". Sus niñas Guacimara y Ada; Guaci trabajó durante diez años en Radio Las Palmas. Estos días sus dos nietos Sophia y Sidney, hijos de Guaci han viajado desde Nueva York para estar con la abuela. Ada es Veterinaria y Guaci, actriz.

Con Mara González comparto el regalo de haber trabajado en lo que más nos gusta, comunicar, contar. Ella en un medio, la radio, yo en la prensa. "Hemos tenido suerte, Marisol. Hemos estado en la primera línea de la España nueva, en la primera línea del progreso de las Islas, de los logros educativos, sociales, políticos, en conocer personajes que te marcan. Personalmente he sido una privilegiada y es verdad, he sido y soy feliz". Mara no entiende la vida sin la amistad de idea y vuelta, sin ese tesoro que tanto enriquece. "¿Cómo manejas el cariño de la gente, la admiración el respeto que te tienen?" ¿Cómo, Mara?: "Con naturalidad, sin creerme otra cosa que no sea ser una buena persona. Eso es lo que queda. Estos días en los que he dicho adiós a la radio, los amigos, los amigos de toda la vida, han venido a verme uno por uno. Todos. Ha sido muy emocionante, mucho".

El mejor periodismo social.

El mejor periodismo social de Canarias lo ha hecho Mara González. Sin duda. El periodismo puerta a puerta. Que nadie lo dude. "Marisol, ahora nos quejamos, pero la Canarias de los sesenta fue terrible. Yo soy una emigrada del Norte; no tenía 15 años cumplidos y ya estaba trabajando en un supermercado de Las Palmas de Gran Canaria como auxiliar de caja. Me tuvieron que firmar un documento el alcalde de Guía y mi padre, porque yo era una niña. Quince años, fíjate tú. En aquella Guía no había nada y yo tuve que ponerme a trabajar para ayudar a mi familia. Mi padre estaba enfermo y éramos cinco hermanos. Yo me di cuenta que tenía que salir de allí, que no había futuro. Así que, poco a poco, todos mis hermanos acabaron trabajando en la ciudad, porque el norte de esos años era de una pobreza aterradora. No quisiera olvidar ni hoy ni nunca a Don Diego Trujillo, un profesor de Gáldar, que tantísimo me ayudó a tomar la decisión que cambió nuestras vidas. Me decía 'Mara tú puedes, Mara tú puedes'. Y con mil esfuerzos, pude. Incluso me advirtió de los peligros de la gran ciudad, imagina. Con el tiempo, por cuestiones políticas, a Diego lo apartaron del Magisterio y hasta que no lo restituyeron y le hicieron un homenaje, no descansé. Fue un padre para mí".

De esos años tan duros Mara, que ha encarado lo peor de la sociedad canaria, tiene una imagen que no la olvidará jamás. "Yo hacía programas en el sureste y allí vi tanta pobreza que aquello me marcó. Mira, ver llorar a una madre porque sus hijos no tienen que comer es duro, es terrible, pero ver llorar como yo he visto a un padre que venía caminando desde Aguimes a Las Palmas para llevarse una bolsa de comida, no lo he olvidado nunca".

Compartir el artículo

stats