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El teleférico divide a La Isleta

Entre los vecinos están los que consideran que beneficiará la economía y los que creen que perderán privacidad - "Se van a ver todas las azoteas", afirma Delgado

El teleférico divide a La Isleta

El teleférico divide a La Isleta

Si sirve para crear empleo, todo bien; pero si a su vez invade la privacidad de las azoteas de La Isleta, la idea no parece tan buena. "Esto no es como Barcelona", sentencia el tatuador Ruymán Delgado, en clara referencia a la vida que los isleteros realizan en el último piso de las casas terreras que predominan en este barrio capitalino. Y es que el proyecto de un grupo de empresarios para levantar un teleférico entre el Centro Comercial El Muelle y la montaña de El Vigía divide a los vecinos. Están quienes lo ven positivo para que se genere actividad económica, que además piensan que conllevaría un adecentamiento de las calles de cara al turismo; y quienes consideran que el hecho que los artefactos sobrevuelen sus casas a todas horas es una intromisión a sus vidas privadas.

"A la gente no le gusta el proyecto, porque se van a ver todas las azoteas donde tienen áticos creados, hacen asaderos, toman el sol o alguno incluso tiene plantas de marihuana", comenta en su negocio de la calle Umiaga Delgado, que sin embargo opina que si da trabajo "no me parece mal". En este sentido se pronuncia Carmen García: "Todo lo que sea beneficio y dé vida es bueno", dice esta madre junto a su hijo Álvaro Martínez, de 8 años, que ve con buenos ojos la nueva oferta turística que se está construyendo en la capital con el acuario Poema del Mar o el proyecto del funicular.

Jorge Celis también se muestra partidario del funicular. "Pienso que está bien", comenta. Este isletero de día donde vende billetes de lotería, aunque vecino de Hoya Andrea por las noches, afirma que este tipo de infraestructuras tendrían que proliferar por toda la Isla. "Se debería de poner otro en Tejeda para poder subir al Roque Nublo", afirma. Y pone como ejemplo otras ciudades que cuentan con teleférico como Barcelona y Bogotá.

Entre lo que ven la idea como una intromisión a sus intimidades está Catalina Díaz, residente en la calle Tenesor. "No me parece bien", afirma. "No me hace mucha gracia la verdad", apunta Ariel Pérez, vecino de la calle Angostura. "Me parece mal, no me gusta", dice Juani Hernández. "Es la locura más grande que hay", indica Mercedes Saavedra. "Por mi que no lo pongan", declara Milagro Parrilla, otra de las residentes de la vía Angostura.

La oposición de Parrilla a la atracción, para la que el grupo empresarial pretende invertir 10,5 millones de euros, se debe a que normalmente utiliza su azotea para tomar el sol, por lo que no le agrada ver pasar las góndolas por encima de su cabeza. "Para qué queremos un teleférico, que ponga una escalera mecánica para subir la calle", pide Saavedra.

El proyecto presentado la semana pasada, que cuenta con el apoyo del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y la Autoridad Portuaria de Las Palmas, pero que aún no ha obtenido la aprobación por parte del Cabildo de Gran Canaria y el Ministerio de Defensa; va a sobrevolar gran parte del barrio. Para ello, contará con siete postes de apoyo que se levantarán en la estación de donde partirá el funicular, situado junto al Centro Comercial El Muelle, otro cerca del acuario, el tercero estará en el muelle del Refugio, uno más en un solar de la calle Anzofé, el depósito de Guaguas Municipales y los dos últimos en las inmediaciones de la estación que recibirá a los usuarios en la montaña del Vigía. Estos pilones levantarán las cabinas ocho metros por encima de la vida que emerge de las azoteas isleteras.

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