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El Atlante vigila en el Norte

El Cabildo quiere declarar BIC la escultura, cuando se cumplen veinte años de la muerte de su autor, Tony Gallardo - El coloso supuso el regreso del artista a la Isla

El artista estuvo volcado varios meces en la tarea de levantar su Atlante

El artista estuvo volcado varios meces en la tarea de levantar su Atlante

Treinta años han pasado desde que El Atlante, el coloso de magma ideado por otro gigante, Tony Gallardo, vigila la ciudad desde el norte. Hace apenas dos semanas se cumplieron veinte años de su muerte, pero el espíritu del artista sigue vivo en El Atlante, que permanece al filo del acantilado con sus brazos en alto, desafiando al océano. El Cabildo de Gran Canaria ha iniciado el expediente para declarar la escultura como Bien de Interés Cultural (BIC), con la categoría de monumento.

La escultura se ha mimetizado con el paisaje de la entrada norte. Imposible no ver a ese coloso de casi nueve metros de alto que el Gobierno canario encargó al escultor grancanario Tony Gallardo (Las Palmas de Gran Canaria, 1929-1996), en un intento de "restañar la herida abierta" que provocó la voladura de la montaña para abrir una nueva autovía más segura, sin derrumbes, denominada en su momento variante de El Rincón.

El coloso parece mirar a veces a las montañas de La Isleta, de donde se extrajeron las piedras volcánicas de grandes dimensiones que componen su figura. El Atlante, cuya cabellera de lava recuerda la rebelde melena de Gallardo, una especie de aulaga cuando la movía el viento, devolvió definitivamente al artista a su isla, tras sus dos periplos por Venezuela y Madrid, y lo volcó de lleno en el modelado del magma, que había emprendido años antes con sus piedras rojas y verdes, las volcánicas y sus callaos o teniques. Fue su particular "retorno a los dioses de piedra", con los que intentó ligar la mitología clásica y el mundo aborigen. Considerado como uno de los grandes referentes del arte de vanguardia de Canarias, Gallardo, fue protagonista destacado de la resistencia antifranquista, que llegó a costarle varios años de cárcel.

Con la declaración de BIC, el Cabildo coge el testigo de las iniciativas presentadas en 2001 por los vecinos de Guanarteme Ana María Moreno Mederos, Rosa María Hernández Demetrio, así como Francisco Travieso Guerra, de la asociación de vecinos La Barriada de Guanarteme y Chile. El crítico de arte, exdirector del Museo de Arte Contemporáneo Reina Sofía y del IVAM, se refiere al Atlante como una de la obras "más hermosas " del creador y "la más impresionante de las suyas, de la que destaca su presencia "como un vigía, como un dios tutelar, como un mascarón de proa" que contempla el "legendario Atlántico. A ciertas horas del día, el color oscuro de la piedra se funde con el de la montaña vecina"

"Hay que remodelar el entorno de la carretera y restañar la herida abierta en el paisaje con su trazado....Reseguir amorosamente la textura de antiguos enfoscados, de piedras roídas y morteros profundamente erosionados. Reivindicar, en definitiva, los sucesivos poblamientos y usos que ha conocido esta paraje inhóspito batido por los vientos y la violencia del mar". Estas palabras de Tony Gallardo escritas en sus Notas a pie de obra reflejan que una de los propósitos que tuvo presente el artista al levantar su Atlante fue reparar en lo posible el tremendo destrozo que causó en el acantilado de El Rincón la construcción de la nueva carretera de entrada a la ciudad por el norte, abierta al tráfico en mayo de 1986. De hecho, él mismo se encargó de remodelar y acondicionar todo el entorno que rodea la escultura.

Tony Gallardo Campos, uno de los tres hijos del artista, asegura desconocer qué pasó por la mente de su padre cuando le encargaron el Atlante, pero resalta que el proyecto supuso un desafío para el escultor y significó su regreso a Gran Canaria, desde Madrid, donde se afincó en los primeros 80 del siglo pasado. El escultor, que fue secretario general del Partido Comunista Canario, había sobrevivido a cinco años en las cárceles canarias, tras ser detenido en 1968 en una reunión clandestina del movimiento obrero en la Cala de Martorell, en los conocidos como Sucesos de Sardina del Norte.

Gallardo estaba plenamente integrado en el movimiento escultórico de de vanguardia de Madrid, cuando el entonces presidente del Gobierno canario, Jerónimo Saavedra le encargó la obra. Había descubierto la piedra caliza y estaba empezando a trabajar con grandes volúmenes, como El Gigante del bosque, una escultura de seis metros de altura compuesta por cuatro grandes bloques. Antes había hecho otro Gigante del Bosque, de dos metros, y otra obra, antecedente de El Atlante. "Se lo tomó", explica Gallardo Campos, "como un gran reto. Era un espacio que conocía muy bien porque su abuelo había tenido una fábrica de guano en Guanarteme", cuando el barrio era la periferia del municipio, y porque "estuvo muy involucrado con el movimiento obrero, con los trabajadores de las factorías y las fábricas de la zona. Participó en muchas de las reuniones clandestinas", que se hacían en la costa bajo la tapadera de caldos de pescado o asaderos.

"Entiende el encargo", subraya su hijo, "como una gran oportunidad de reconciliarse con su tierra. Ese fue el primer paso de la vuelta de mi padre a Canarias. Viene a hacer la obra y cada vez se va quedando más tiempo hasta que se afinca definitivamente. El Atlante constituyó un hito en su vida, un punto de inflexión y además le permite trabajar en un sitio que tenía para él grandes connotaciones emocionales. En todo este trabajo subyace ya el reencuentro con la tierra, el magma, del que surge latierra. Trabaja con los elementos primigenios de la isla. Subyace también un gran componente mitológico -el gigante frente al mar- y de la identidad canaria. La piedra es para él también el elemento conductor de la identidad aborigen". Resalta que "El Atlante no es una pieza, es una suma de piezas, un collage, cuya ensamblaje tuvo una dificultad enorme", en una época en la que era imposible realizar proyecciones informáticas. Su viuda, Mela Campos, recordaba en una entrevista que le hizo este periódico, que vivió la creación "piedra a piedra".

Bonet describía así el montaje de la escultura: "Ante él estaban dispuestas una serie de piedras, catalogadas por tamaños y por tipos.... Se trataba de ir encontrando qué trozos podía convenir para la cabeza, y cuales para las piernas y los brazos y cual para el pecho y para la cabellera y cuales para las nalgas.... Y así, a medida que iba cobrando altura y vuelo El Atlante, a medida que iba dibujándose en el espacio su danza, se multiplicaban las sorpresas".

Campos expresa la alegría de la familia del escultor, por la incoación del expediente para la declaración de BIC, pero le gustaría que El Atlante formara parte de un recorrido cultural con otras obras del artista, como la Fuente del Callao, en Belén María; la Fuente Magma, en Telde; la Fuente de la Constitución y el parque Tony Gallardo, en San Bartolomé de Tirajana; el complejo ecocultural de La Palmita, en Agaete, y el Alcorac, del centro de interpretación del Roque Nublo, en la Degollada de Becerra. "Nos gustaría también exponer su obra a través de una fundación. El ofrecimiento está hecho", indica.

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