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La capital canaria de las vacas

Las Palmas de Gran Canaria, con 2.252 reses, es el municipio con más cabezas de vacuno de Canarias - San Cristóbal de La Laguna le sigue con 1.688 ejemplares

La capital canaria de las vacas

La capital canaria de las vacas JUAN CARLOS CASTRO

En medio de una ciudad cosmopolita, conocida más allá de sus fronteras por atractivos como la playa de Las Canteras o el Carnaval, se esconden datos curiosos como que Las Palmas de Gran Canaria sobresale entre el resto de municipios del Archipiélago por su ganado bovino. Según los datos de 2015 publicados por la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Aguas del Gobierno autonómico, la capital cuenta con 2.252 reses entre vacas y toros repartidos por su territorio, sobre todo, por los barrios de la periferia. Esta cifra supera la de cualquier otra localidad canaria, siendo San Cristóbal de La Laguna de Tenerife la que le sigue con 1.688 cabezas de vacuno.

De los 2.252 ejemplares que hay en la ciudad, se destinan a la reproducción 1.170 hembras y 70 machos, mientras que 274 son para reposición y 758 para cebo. "Hay que tener en cuenta que dentro de las unidades de ganado mayor (UGM) las vacas son las más grandes y una sola equivale a siete cabras en cuanto a la alimentación, por ejemplo", comenta Rafael Hernández, presidente regional de la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG).

Y que el municipio cuente con un número tan elevado de terneros "es algo que históricamente siempre ha sido así", apunta. Uno de los motivos, según explica Hernández, se debe al hecho de que el matadero se encuentre en la capital. "Hace 40 años estaba en Vegueta y después se trasladó a la Carretera del Norte, a Casa Ayala y, actualmente, se emplaza en Mercalaspalmas", recuerda. La otra razón tiene que ver con la alimentación, ya que "al ser Las Palmas de Gran Canaria un gran núcleo urbano, tener muchas vacas era la única manera de disponer de leche fresca diaria". Y es que de ellas se obtienen hasta 15 veces más leche que de las cabras o las ovejas, pudiendo dar al día entre 25 y 30 litros. "Antes era muy común que ordeñasen a la carta según la cantidad que quisieras", rememora según su propia experiencia. Aunque esto sí que ha cambiado, la tradición vacuna de la ciudad aún se mantiene, especialmente en barrios como San Lorenzo, Tenoya' Tafira, Marzagán, el barranco de Guiniguada, así como "alguna que otra vaca también hay en Almatriche". El Dragonal es otro de los reductos bovinos.

Precisamente en este último se encuentra la ganadería de 70.000 metros cuadrados que desde 2013 dirige Rita Naranjo. La joven de 32 años comenzó a hacerse cargo del negocio tras la muerte de su padre, Luis Naranjo, quien fue propietario de la granja y estuvo al pie del cañón "hasta el último día". Esta tarea, además, la combina con la de sacar adelante la quesería familiar de donde sale el Queso fresco de Naranjo que elabora con la leche de su propio ganado que, actualmente, cuenta con 270 reses entre vacas, toros y terneros del país y de nacionalidad danesa y holandesa. También tiene 350 ovejas y 250 cabras que tres perros: Moreno, Félix y Negrita, custodian con poderío.

La jornada laboral de Naranjo comienza a las 4.00 horas. No ha salido el sol cuando reparte el pienso a los animales, antes de proceder a la ordeñada. El alimento que se les reparte, que está perfectamente medido y controlado en cuanto a su composición y al valor nutricional, ronda los 40 kilos diarios. "Hay que tener mucho cuidado con esto, porque la comida es la salud de la granja", asevera mientras saluda a los más pequeños de la ganadería.

Pero la ingesta no es lo único que hay que vigilar cuando se trata de animales. También hay que llevar un control de otros temas como la cantidad de agua que beben, la higiene, la salud y, por supuesto, la fertilidad, ya que "tienen que tener un parto anual para que den leche". De sus vacas, Rita Naranjo obtiene diariamente unos 3.000 litros que destina, sobre todo, a la elaboración de los quesos que ella misma también distribuye. Los toros, a excepción de los cuatro que tiene para la reproducción, suelen terminar en el matadero para la producción de carne. Este es uno de los puntos más difíciles de la crianza de vacuno en la Isla.

"Las vacas del país son frisonas y, por constitución, suelen dar poca carne. Pero ahora está muy de moda traer ejemplares de otros países que son mejores para esta actividad y eso está afectando a la oferta insular, ya que un carnicero va a preferir un animal del que pueda sacar más kilos", explica la también veterinaria. Ella misma también importa vacuno de Holanda y Dinamarca con el objetivo de regenerar la ganadería y de mejorar la genética de la misma.

"Este es un oficio que hay que querer de verdad porque son los 365 días del año y todos los problemas son para ti", cuenta Naranjo, quien tiene contratada a tres personas más para ayudarle en los trabajos de la granja, ya que ella también dirige la quesería. A pesar del sacrificio que reconoce implica su trabajo, también revela que no dudó en hacerse cargo del lugar en el que también pasó parte de su infancia gracias a Frama, la yegua tenía antaño en la ganadería. Todas esas experiencias le han ayudado a convertirse en la mujer que ahora es, capaz de "hilar fino" para rentabilizar su negocio con algunas subvenciones y ayudas por cada ternero que nace o cada litro de leche que produce y transforma; y, por supuesto, de disfrutar de sus animales. "El mejor momento es cuando, después de ordeñarlas, dejo a las vacas sueltas para que se muevan por el terreno", confiesa.

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