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Dos voluntarias todoterreno

Blanca Navarro y Elena Carrillo forman parte del batallón de colaboradores que ayudan a mantener los programas de la Cruz Roja

Elena Carrillo es peluquera, ha traído siete hijos a este mundo y es dueña de una alegría tan contagiosa y una vitalidad tan poderosa que seguramente ha sido la que le ha permitido superar un cáncer y salir adelante tras seis operaciones. Lo contaba ayer tan tranquila, como quien habla de la panza de burro, mientras desplegaba una sonrisa de oreja a oreja con una hucha de la Cruz Roja en la mano. Su misión: captar fondos para el Día de la Banderita, con la que la ONG pretende conseguir este año 23.000 euros para garantizar que unos 4.000 niños canarios de familias sin recursos puedan acceder al material escolar que precisan para poder sacar adelante sus estudios.

Después de muchos años batallando Elena Carrillo y Blanca Navarro consideran que aún tienen mucho que aportar a la sociedad. Ambas han tenido siete hijos y Elena le robó además horas al tiempo y a su cuerpo la energía que hay que desplegar para trabajar en una peluquería durante cuarenta años siendo madre de familia numerosa. "Yo, mientras pueda caminar, quiero seguir participando", aclaraba Carrillo.

A su lado se sentaba en la mesa petitoria del Gabinete Literario, otra veterana del voluntariado de la Cruz Roja, Blanca Navarro, que siempre acude también cuando la organización la necesita para realizar una cuestación. "Para mí la Cruz Roja es lo mejor que hay. Soy fan", repetía una y otra vez Navarro, que ha seis varones y una mujer. "Mi marido, Juan Esteban Arocena, que fue cónsul de Colombia, subía a Teror, cada vez que me quedaba embarazada, para pedirle a la virgen del Pino que tuviera un varón, pero la última fue una niña. Fue mi broche de oro", se sonreía pícara Blanca, mientras resaltaba la labor que hace la Cruz Roja con los mayores dependientes o los que están solos, a través del programa de teleasistencia.

Su compañera Carrillo ha estado retirada hace unos siete años, debido a su enfermedad, pero tras ganarle una vida al cáncer ha vuelto con más fuerza que nunca a participar en las campañas de recaudación de fondos de la Cruz Roja y también acude cada vez que la avisan a las de San Juan de Dios y la Asociación contra el Cáncer. Ella quiere mucho a la Cruz Roja, pero también tiene en un pedestal a San Juan de Dios y la "tremenda labor" que hace con los niños y mayores discapacitados. Blanca y Elena se respetan y se aprecian. Se pasan el tiempo echándose piropos. No en vano, han compartido muchas mesas de cuestación en los últimos años.

"Me puse mala. Me operé de las dos piernas y de la vesícula. He tenido seis operaciones. Ahora estoy bien, aunque me operé hace seis meses del tiroides. Tenía cáncer y el médico es tan bueno, que ni se me nota la cicatriz. El miércoles pasado me vieron y estoy completamente limpia", ¡resaltaba aliviada, mientras relataba el duro momento en que el doctor le dijo que el cáncer se había reproducido: "Me dijo lo que pasaba, que iba a tener que operarme otra vez, sobre la marcha. Y yo le respondí: "Opéreme ahora mismo". Mi hijo se me fue a caer al suelo, pero yo no iba a estar esperando a que avanzara más la enfermedad. A todas las operaciones iba rezando. Me quedaba dormida rezando. Iba contenta y alegre".

Mientras contaba su periplo sanitario, se paraban conocidos a saludarla, entre ellos clientas de su peluquería. Elena siempre las trató como a reinas y ellas se lo agradecieron con una fidelidad a prueba de bomba. Hace años que se jubiló, pero sus hijas Elena y Leo han seguido sus pasos y siguen ahora su estela en el salón de General Bravo, donde continúan atendiendo a muchas clientas de la madre. A su hijo Jose también le contagió el amor por el oficio. Tiene una peluquería de caballeros, al lado del Hiperdino. La mayoría de sus hijos desfilaron ayer por la mesa a colaborar con la Cruz Roja. "Ya los llamé a todos esta mañana a primera hora para que vinieran a contribuir. Sólo dos no han podido venir por su trabajo", los excusaba Carrillo, que ha notado que la gente "colabora un poco menos" que antes de la crisis.

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