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Vecinos del Astoria piden precintar los puntos de venta de droga

La comunidad presenta esta semana la denuncia contra los dueños de los ocho pisos donde se trapichea

Estado en que se encuentran dos de los tres ascensores. Sólo funciona uno.

Estado en que se encuentran dos de los tres ascensores. Sólo funciona uno.

Dos mundos en uno. En el edificio de apartamentos Astoria, situado en la calle Fernando Guanarteme esquina con Pelayo, conviven a duras penas dos mundos totalmente opuestos. En las tres primeras plantas se retroalimenta desde hace muchísimos años un auténtico mercado de la droga. En las superiores habitan vecinos normales -algunos de los cuales llevan más de treinta años- , hartos de sufrir los problemas de la violencia, los escándalos y el hacinamiento que el trapicheo arrastra consigo.

Hace algo más de dos meses los vecinos han comenzado a organizarse y a plantarle cara al problema. Pusieron porteros y cámaras en la entrada para acabar con el trapicheo y pidieron agua por señas al Ayuntamiento para acabar con una situación que les supera y les amarga la existencia, pero el calvario persiste. Ahora están ultimando una denuncia contra los propietarios de los ocho apartamentos en los que se vende droga. Han depositado su última esperanza en los jueces a los que reclaman que precinten de una vez esos puntos de venta, según aseguran varios miembros de la comunidad de propietarios. Están reuniendo dinero para pagar los 2.500 euros que les ha costado iniciar el proceso judicial, que se añade a la contratación del portero y la instalación de cámaras para controlar el trasiego constante por las escaleras de los drogodependientes. Algunos incluso duermen, se pelean o consumen por los rellanos.

"Durante los últimos años, los vecinos han puesto más de cuarenta denuncias, algunas de ellas en las que se habla de menores implicados en el trapicheo. No sé qué más tiene que pasar en este edificio para que precinten estas casas. Sabemos los nombres de los dueños, qué viviendas son", se pregunta enfadado Manu Medina, uno de los propietarios, durante una reunión de residentes, a la que ha sido convocado el concejal del distrito, Sergio Millares. María Coll, otra vecina, lleva tanto tiempo en el edificio que aún recuerda cuando hace 18 años se pusieron de acuerdo todos los vecinos y lograron echar a los camellos del Astoria. Pero volvieron.

"Reunimos a los vendedores. Bajaron todos y se les dio un ultimátum: o respetaban el edificio y se iban a la calle a vender o los denunciábamos . Y se fueron; conseguimos que se fueran, pero el problema volvió", lamenta María, que no entiende por qué no se puede hacer lo mismo ahora. "Nunca había visto a la policía tan activa como ahora, pero no es suficiente. Vienen para una reyerta, para desocupar la escalera, cuando llamamos para decir que no podemos subir. Vienen y los detienen, pero a los pocos días están otra vez creando problemas. Los vecinos son los que sufren lo que pasa aquí, porque los propietarios no viven". Otro vecino explica que la reacción de un propietario -tras advertirle que uno de sus inquilinos había metido a un montón de gente en el apartamento- fue cobrarle 20 euros más" por cada uno de los que había realquilado. Los residentes reclaman al Ayuntamiento que instale de una vez las cámaras de vigilancia que están previstas en la zona.

Camellos

Willie, el presidente de la junta rectora de la comunidad, responsabiliza a las administraciones del problema y también a los propios vecinos, que han permitido que la situación se pudriera, aunque reconoce que desde que se han empezado a controlar la entrada en el edificio, ha "empeorado la situación en la calle". José lleva 15 meses en el edificio y acusa también a las administraciones, incluido el Ayuntamiento, de lo que ocurre en el edificio, porque miran para otro lado y no hacen nada. "La mayoría de los que me encuentro subiendo o bajando por las escaleras no son inquilinos. Son camellos, clientes o correos. Si no cogemos entre todos, cortamos la calle y bloqueamos la puerta para impedirles la entrada, no vamos a conseguir nada. Nos está costando un dineral lo que estamos haciendo para que se cumpla la ley", se queja, mientras Manu recuerda que le han sacado cuchillos por la escalera y en más de una ocasión ha tenido que llamar a la policía para poder subir a su casa. "Pero lo que más me ha dolido ha sido ver a un vecino, un señor mayor, medio llorando y pidiéndole a los que ocupan la escalera que se fueran de una vez. El hombre lleva más de 22 años en este edificio y dice que ya no puede más. Los más vulnerables son los mayores y los extranjeros. No entiendo cómo los jueces no han cerrado aún estos puntos de venta, ¿por qué no han actuado, con todas las pruebas que hay?", se vuelve a preguntar Medina, mientras se dirige a Sergio Millares y le dice: ¿Qué tiene que ocurrir para que haya una unidad de policía en esta calle día y noche en una zona caliente como ésta?".

Millares asegura que la Policía Local carece de efectivos para tener una unidad las 24 horas del día en la zona y afirma que el Ayuntamiento está realizando gestiones con el Colegio de Abogados para que la comunidad del Astoria se acoja a la justicia gratuita" en el pleito que van a iniciar. Millares se defiende de las acusaciones y asevera que el Gobierno municipal está haciendo "todo" lo que está en su mano, como es el aumento de la presencia de la Policía Local y la coordinación con la Nacional. "Creo que se ha notado una mejoría, pero es un problema estructural y existe desde hace años. El Ayuntamiento puede hacer cosas y creo que las está haciendo, pero tiene que ser la comunidad de propietarios la que denuncie el asunto y vamos a ver cómo podemos reforzar esa denuncia desde el Ayuntamiento. Hay noticias buenas, porque los propietarios han dicho basta y también es positivo que no se trate de un movimiento xenófobo, sino contra los que venden droga".

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